Durante siglos, el gato negro ha cargado con una fama que no le correspondía, siendo símbolo de mal augurio e incluso asociándose a misterios, brujería y mala suerte.
Se trata de una mochila cultural demasiado pesada para un animal que, en realidad, necesita lo mismo que cualquier otro gato: seguridad, alimento, cuidado, juego y una familia capaz de observarle y quererlo como a cualquier otra mascota, sin supersticiones de por medio.
Ahora, un reciente trabajo publicado en la revista Animals habría aportado un dato especialmente interesante para desmontar estos prejuicios: cuando se analiza cómo las personas perciben a los gatos en fotografías de adopción, los gatos negros no salen peor parados.
De hecho, son valorados como más amigables y juguetones que los gatos de otros colores.
El color no define al gato
El nuevo estudio, llevado a cabo por investigadores de La Trobe University y PetRescue en Australia, no fue tan simple como preguntar a los participantes si preferían un gato negro, blanco, atigrado o anaranjado, sino con un diseño más fino.
En este caso, los investigadores partieron de una única imagen de un gato doméstico de pelo corto y la modificaron digitalmente para crear hasta 36 versiones diferentes, jugando con la modificación de solo tres elementos: el color del pelaje, la forma de los ojos y el tamaño de las pupilas.
Así pudieron estudiar si estos rasgos físicos alteraban la percepción de adoptabilidad, ternura y personalidad. En total, estas imágenes fueron mostradas a 624 participantes.
Cada uno vio una de esas imágenes y tuvo que valorar hasta qué punto adoptaría a ese gato, además de atribuirle rasgos como si parecía un gato adorable, amigable, tímido, activo, difícil, juguetón o devoto. En realidad no se buscaba medir la personalidad real de los animales, sino la primera impresión humana.
Paradójicamente, los gatos negros fueron percibidos de forma muy positiva. Específicamente, los gatos de pelaje negro recibieron puntuaciones superiores en rasgos deseables como la simpatía y el juego, además de ser considerados más "monos" que los gatos blancos.
De hecho, los mismos autores señalan que los gatos negros, especialmente cuando poseían ojos de forma almendrada-redondeada tipo "nuez", obtuvieron las puntuaciones más altas de adoptabilidad.
Este hallazgo destaca especialmente porque contradice la idea extendida de que el pelaje negro juega siempre en contra de los gatos. Ya en investigaciones previas se había descrito el llamado "sesgo contra el gato negro", es decir, la tendencia a considerar a estos gatos menos amistosos, más agresivos o menos adoptables.
Incluso algunos trabajos han relacionado este sesgo con la dificultad para interpretar sus expresiones faciales en fotografías, dado que el pelaje oscuro puede hacer menos visibles los rasgos de la cara y los ojos.
Sin embargo, el nuevo estudio sugeriría que, si la fotografía está cuidada y el fondo permite ver bien al animal siendo su mirada clara, el pelaje negro no tiene por qué ser una desventaja. Por contra, precisamente estos gatos serían percibidos como más tiernos, sociables y atractivos para la adopción.
La clave realmente está en nuestra percepción. Muchas veces no reaccionamos ante el animal real, sino ante lo que creemos ver en él: un gato negro mal iluminado, en una foto borrosa o con los ojos poco visibles puede parecernos distante, triste e incluso amenazante.
Sin embargo, ese prejuicio dice más sobre nuestra percepción que sobre la conducta real del gato. El mismo felino fotografiado de forma clara, con los ojos bien visibles y en una postura relajada puede transmitirnos exactamente lo contrario.
Asimismo, el estudio también sugiere que la "ternura" sería el factor que más influye en la adoptabilidad. En otras palabras, los participantes estaban más dispuestos a adoptar a los gatos que les parecían más adorables, siendo rasgos más secundarios la simpatía, la timidez, la actividad o el carácter juguetón.
Pero, en conjunto, todas estas características serían las más importantes a la hora de decidir una adopción.
Como conclusión, los investigadores explican que, en el caso de protectoras, refugios y plataformas de adopción en particular, las fotografías son realmente importantes, especialmente en el caso de los gatos negros.
Una buena imagen puede ser decisiva, pero es necesario cuidar la iluminación, evitar fondos oscuros, mostrar bien su mirada y acompañar la fotografía de información concreta sobre el animal, evitando descripciones genéricas o cargadas de tópicos habituales.
No todos los gatos poseen la misma personalidad, y el color del pelaje tampoco es signo inequívoco de un tipo de personalidad u otra.
