Publicada
Las claves

Ducharme más no equivale necesariamente a limpiar mejor la piel. Durante el verano, especialmente durante las olas de calor o tras realizar ejercicio, puede parecer razonable pasar dos veces o incluso más por la ducha; sin embargo, esta segunda o tercera vez no debería incluir jabón.

Así lo ha explicado en RTVE la dermatóloga Ana Molina, la cual recuerda que, para la mayoría de las personas, una ducha diaria suele ser suficiente; el exceso de lavado, por contra, puede favorecer sequedad, tirantez e irritación.

La explicación está en la barrera fisiológica que forma la propia piel y en la forma que tenemos de lavarnos: el contacto repetido con detergentes, especialmente combinados con agua caliente y duchas prolongadas, pueden eliminar parte de la protección de la piel en lugar de mejorar la situación.

La capa más externa de la piel, el estrato córneo, la capa más externa de la epidermis, está formada por células y lípidos que reducen la pérdida de agua y protegen frente a irritantes y microorganismos.

Cuántas duchas al día

Sin embargo, el mencionado contacto repetitivo con sustancias detergentes en combinación con agua caliente puede eliminar estos lípidos, echando al traste la función protectora fisiológica de esta capa. La clave para reducir estos riesgos es fácil: reducir la duración de las duchas y evitar temperaturas elevadas.

De hecho, en un estudio experimental sobre exposición al agua publicado en el Journal of Clinical Medicine se objetivó que el agua caliente incrementaba la pérdida transepidérmica de agua y el enrojecimiento de la zona, lo cual sugeriría una mayor alteración de la barrera cutánea.

Asimismo, la Academia Americana de Dermatología recomienda duchas de entre cinco y diez minutos, usando agua templada y un secado suave, especialmente si ya se posee piel seca.

Sin embargo, cabe destacar que no existe una recomendación universal. Las necesidades de tomar una o varias duchas dependerán del clima, la edad, la actividad física, niveles de sudoración, exposición a suciedad y presencia de enfermedades dermatológicas.

Una segunda ducha breve tras entrenar o en un día de mucho calor puede ayudar a retirar el sudor y las sales de la superficie, pero no siempre requiere usar de nuevo un limpiador en todo el cuerpo.

Asimismo, también cabe recordar la importancia de los jabones que usemos. Los jabones tradicionales suelen ser más alcalinos y pueden alterar el pH cutáneo y extraer lípidos de la superficie.

Por su parte, los limpiadores tipo syndet, formulados con detergentes sintéticos y generalmente con un pH más similar a la piel, suelen ser mejor tolerados, como explicó una revisión publicada en la revista Molecules sobre jabones en su momento, donde se objetivó que los limpiadores syndet tienden a respetar mejor la barrera cutánea.

Tampoco es imprescindible enjabonar intensamente todo el cuerpo todos los días si no existe suciedad visible; en ocasiones basta con limpiar las áreas con mayor sudoración y olor, como axilas, ingles y pies, enjabonándose con las manos: un estudio publicado en el Journal of Clinical Microbiology nos recuerda que las esponjas de lufa son también un reservorio microbiano excelente dado que acumulan humedad.

Y, respecto al secado de la piel, lo más recomendable es secar mediante pequeños toques, sin frotar, prestando atención a los pliegues y espacios entre los dedos, dado que mantener estas zonas húmedas potencia la maceración y facilita la proliferación de hongos.

Para terminar, recordemos los cinco consejos que nos da la dermatóloga Ana Molina sobre la ducha perfecta:

1. Que la ducha sea corta: unos cinco minutos, "lo que dura una canción".

2. Que el agua esté templada: alrededor de 33ºC sería suficiente, que es la temperatura media natural de la piel. El agua muy caliente "limpia demasiado bien y arrastra toda la grasita natural de tu piel".

3. Con tus manos: No hace falta usar esponja, "la esponja acumula microorganismos y además puede arañar tu piel; ya sabes, el brilli brilli para Nochevieja".

4. Utiliza un gel suave: Tipo Syndet u oleogel, "no hace falta enjabonar todo el cuerpo a diario; con aplicarlo en las zonas que suelen generar mal olor es más que suficiente".

5. Seca bien pero sin frotar: "Al salir, seca bien y no olvides los pliegues que pueden acumular humedad y favorecer el desarrollo de hongos".