La creencia popular de que los gatos son animales distantes y fríos ha sido desmentida en repetidas ocasiones por los expertos, pero aún existen personas que piensan que estos animales no son en absoluto cariñosos, cuando es todo lo contrario.
Diferentes estudios recientes en etología felina coinciden en que los gatos más cariñosos son, paradójicamente, aquellos que se sienten más relajados y con un control absoluto sobre su entorno.
Los expertos señalan que, a diferencia de los perros, la demostración de afecto en los gatos está directamente vinculada a su percepción de seguridad y predictibilidad dentro de sus hogares.
La clave para detectar este comportamiento está en la naturaleza dual del gato, que actúa como cazador pero también como presa en el mundo salvaje. Esta condición genética obliga a los gatos domésticos a mantener un estado constante de alerta.
Cuando un gato logra relajarse por completo en presencia de su dueño, su cerebro libera altos niveles de oxitocina, la hormona del bienestar, lo que reduce el estrés y activa de manera inmediata su deseo de buscar contacto físico y mostrar afecto.
El secreto de los gatos
Para fomentar este vínculo, los veterinarios recomiendan aplicar la regla científica conocida como CAT, que viene a ser Elección, Atención y Toque. Este particular método establece que se debe permitir al animal elegir cuándo inicia y termina la interacción, prestar atención a sus señales corporales y limitar las caricias a las zonas seguras como la cabeza y las mejillas.
Forzar el contacto o retener al gato en contra de su voluntad genera el efecto opuesto y desde luego no es una opción, puesto que dispara sus niveles de cortisol y hace que, lógicamente, se vuelvan más hostiles, porque están realizando un contacto y una acción a la fuerza.
El afecto de un gato no es un acto de sumisión, sino una prueba máxima de confianza y control territorial. Los especialistas insisten en que los tutores que respeten la autonomía de sus mascotas y les proporcionan un ambiente predecible logran desarrollar una convivencia mucho más estrecha y afectuosa.
La ciencia demuestra así que el respeto a la independencia gatuna es el único camino real para ganarse su confianza y por supuesto su corazón. Hay que tener claro cuándo debemos acercarnos a nuestro gato y cuándo dejarle espacio para así garantizar su bienestar en casa. Y no solo el suyo, también el del resto de miembros de la familia.
