La falta de relevo generacional y el desgaste físico vuelven a situar a la construcción en el centro del debate sobre el empleo en España. Mientras el sector busca atraer nuevos trabajadores, quienes acumulan décadas de experiencia recuerdan el elevado coste que supone desempeñar este oficio.
Pascual, empresario de la construcción, sostiene en una entrevista que "la espalda y las rodillas son las partes del cuerpo que más sufren" tras largas jornadas de trabajo. En su opinión, el esfuerzo repetido termina pasando factura incluso a quienes han desarrollado una buena condición física.
El motivo, explica, se encuentra en la propia naturaleza del trabajo. Un peón puede llegar a mover alrededor de 50 sacos de 25 kilos durante una única jornada, una carga acumulada que obliga al organismo a soportar un esfuerzo constante durante horas.
Aunque levantar un saco pueda parecer una acción puntual, la repetición convierte ese movimiento en un factor de riesgo. Cada desplazamiento exige fuerza, equilibrio y coordinación, mientras la columna y las articulaciones absorben buena parte del impacto generado por el peso.
Efectos a largo plazo
La espalda concentra gran parte del esfuerzo durante el levantamiento y transporte de materiales. Al mismo tiempo, las rodillas soportan la presión derivada de los desplazamientos continuos, los cambios de postura y las flexiones necesarias para desarrollar numerosas tareas dentro de una obra.
Pascual considera que esta realidad permanece alejada de la percepción de buena parte de la sociedad. Desde fuera se observa el resultado final de una construcción, pero pocas veces se repara en el desgaste físico acumulado que exige completar cada proyecto.
Esa exigencia, asegura, ayuda a explicar por qué muchos profesionales llegan al final de su trayectoria laboral con molestias persistentes o lesiones crónicas. Los efectos no siempre aparecen durante los primeros años, sino que suelen manifestarse tras décadas de esfuerzo continuado.
El empresario enmarca esta situación dentro de un contexto marcado por la dificultad para incorporar nuevos trabajadores. La construcción necesita mano de obra, pero el carácter físico del empleo representa, en su opinión, uno de los principales obstáculos para atraer a los más jóvenes.
A ello se suma que la experiencia continúa siendo un valor especialmente importante en las obras. Sin embargo, quienes la acumulan también soportan un desgaste creciente que limita progresivamente su capacidad para mantener el mismo ritmo de trabajo con el paso del tiempo.
Los especialistas en prevención laboral insisten desde hace años en la importancia de reducir la sobrecarga física mediante mejores técnicas de manipulación, formación específica y el uso de medios mecánicos siempre que las condiciones de la obra lo permitan de forma efectiva.
No obstante, muchas tareas siguen dependiendo directamente del esfuerzo humano. Determinados materiales deben trasladarse manualmente en espacios donde la maquinaria no puede acceder con facilidad, lo que mantiene la exigencia física como una constante del trabajo cotidiano.
Las declaraciones de Pascual ponen el foco en una realidad compartida por numerosos trabajadores del sector. La acumulación de cargas pesadas y movimientos repetitivos termina dejando una huella difícil de evitar, especialmente cuando esas tareas se prolongan durante toda una vida laboral.
