La forma de caminar de un perro mayor puede contar más de lo que parece. Una zancada más corta, especialmente en las patas delanteras, podría ser una señal temprana de deterioro cognitivo y no solo edad.
La conclusión procede de un estudio de North Carolina State University publicado en Frontiers in Veterinary Science. El trabajo analizó a 88 perros sénior y geriátricos dentro de un proyecto sobre envejecimiento cerebral canino.
Natasha Olby, profesora de neurología y neurocirugía veterinaria, resume el hallazgo con un matiz importante: la longitud de la zancada delantera disminuye con la edad, pero parece hacerlo aún más con el deterioro cognitivo.
Eso no significa que un perro tenga demencia solo porque camine con pasos más cortos. El estudio muestra una asociación medible entre peor puntuación cognitiva y menor longitud de zancada en las extremidades delanteras.
Los perros fueron evaluados aproximadamente cada seis meses. En cada revisión pasaban exploraciones físicas, neurológicas y ortopédicas, pruebas de movilidad, controles de audición, analíticas y cuestionarios completados por sus propios dueños.
La cognición se midió con la escala CADES, utilizada para valorar signos de demencia canina. El dolor se evaluó con el Canine Brief Pain Inventory, para separar mejor artrosis, molestias físicas y deterioro cerebral.
La prueba de marcha era sencilla, pero controlada. Los perros caminaban con correa floja por una pasarela interior de cinco metros, mientras observadores entrenados registraban su velocidad y la longitud de sus zancadas.
El resultado fue llamativo. Una subida de 10 puntos en la escala CADES se asoció con una reducción aproximada del 1,2% en la longitud de zancada de las patas delanteras.
En cambio, las patas traseras no mostraron la misma relación con los cambios cognitivos. Esa diferencia es clave porque las extremidades posteriores funcionan sobre todo como motor de propulsión, mientras las delanteras ayudan a frenar y estabilizar.
Olby apunta que el movimiento de las patas delanteras podría depender más de la corteza cerebral y de la conciencia visual o espacial. Por eso sería más sensible a los primeros fallos de orientación o control.
La idea conecta con lo observado en humanos. En personas mayores, caminar más despacio, acortar el paso o perder estabilidad se ha relacionado con deterioro cognitivo, demencia y mayor riesgo de caídas.
En perros, la disfunción cognitiva puede manifestarse con desorientación, cambios de sueño, ansiedad, menor interacción, actividad alterada o pérdida de hábitos aprendidos. El animal puede quedarse atrapado, caminar de noche o parecer confundido en casa.
El problema es que muchos cambios avanzan poco a poco. Un dueño puede notar que su perro se frena más, calcula peor los espacios o camina distinto, pero atribuirlo únicamente a artrosis, cansancio o vejez.
La zancada no sustituye una exploración veterinaria. Un perro mayor puede caminar peor por dolor, pérdida muscular, problemas neurológicos, columna, articulaciones o deterioro cognitivo. Lo interesante es que aporta una pista objetiva más.
Para las familias, la recomendación es sencilla: grabar vídeos, observar cambios y consultar si aparecen pasos más cortos, tropiezos, desorientación, sueño alterado, ansiedad o accidentes en casa. Caminar también depende del cerebro.
