Sociedad

Un día por el campo bravo de Valladolid

3 mayo, 2021 09:08

Entre la nieve de este invierno y las aguas mil de marzo y abril las tierras están empapadas. El agua es una bendición para las tierras y los animales, pero en el aspecto ganadero la pandemia se ha llevado los ahorros de estos años al no celebrarse festejos populares y por ende no vender animales bravos.

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Manolín, como se le conoce en el mundo del toro, reconoce que lo está pasando mal y ha recurrido a los tentaderos para escuelas taurinas, aficionados prácticos y cortadores, además de organizar clases de manejo de ganado y paseos de bueyes a caballo. En los albores de la primavera, la placita de tientas se llenó de colorido y torería para recibir a los numerosos jóvenes que se dan cita en Cantoblanco para pasar la jornada toreando o cortando.

En estos momentos hay unas cien vacas con sus reatas, varios sementales y los cabestros, además de unos cuarenta o cincuenta novillos. -nos comentaba el ganadero de Villanubla- Toros no hay ninguno porque les hemos toreado y sacrificado hasta que pase todo esto. A ver si para agosto podemos dar algún festejo popular.





Recientemente se anunció el “I Encuentro de Escuelas Taurinas Villa de Ampudia”, donde los bravos de Cantoblanco tendrán protagonismo el próximo sábado día 8 en el festejo clasificatorio y el día 30 de mayo en la final, que se celebrará en la plaza de toros de Ampudia.

El origen de la ganadería es de Vellosino (Juan Pedro Domecq) y algún semental de José Luis Marca. El hierro fue adquirido a los hermanos Luguillano con el ganado que tenían entonces en El Refugio de Alcazarén.

Con Juanito Montoro, el mayoral de la ganadería, recorrimos el cercado de las vacas con su paridera, acompañados de su esposa y de las hijas del matrimonio ganadero; dos jovencitas, Alejandra y Rocío, llenas de afición desde muy niñas.

Fue un placer recorrer el campo lleno de vida, donde las vacas -con sus becerritos recién nacidos- venían detrás del tractor en busca de la comida diaria. El mayoral, arrojado mayoral, daba de comer de la mano a una de las vacas más atrevidas, o con más hambre. 

El herradero se hizo una parte a la antigua usanza -herrando en el suelo-. Y otra tradicional en el mueco. Los días de tentadero son una fiesta en la ganadería, donde acuden familiares y amigos del ganadero que suelen ayudar en esta tarea tan importante. Entre unos y otros llevaron hasta los hierros y al mueco a los animales -unos 25 machos y 23 hembras- para ser marcados de por vida.

Luego, tras los tentaderos de rigor, habrá descartes y las vacas pasarán a los cercados de los sementales, si son aprobadas, y los machos serán destinados a los encierros y otros festejos populares. El resto al matadero. Es la ley del ganadero.

Tuvimos ocasión de conocer al embajador de Ecuador en España, Cristóbal Roldán Cobo. Amigo de Manolín y visitante asiduo a Cantoblanco porque el canciller es ganadero de bravo en su país. Explotación que lleva su hijo bajo el nombre de ganadería de “Peñas Blancas”, de origen Santa Coloma, vía Buendía. Roldán Cobo, además, es aficionado práctico y crítico taurino.

Jornada muy interesante la vivida en la ganadería Cantoblanco, donde la familia Ferrero-Casquero disfruta intensamente el mundo del toro. Volveremos el próximo sábado para el citado tentadero del “I Encuentro de Escuelas Taurinas Villa de Ampudia” que se presume interesante. Agradecemos a esta familia ganadera sus atenciones para con nosotros.