Sociedad

Mi amiga la tablet: los mayores aprenden a manejar las nuevas tecnologías para comunicarse con hijos y nietos

27 diciembre, 2020 19:49

Juan López 

Con la ayuda de sus gafas y una lupa, la abulense Serapia de la Parra enciende la tablet con una agilidad que ya desearían otros 40 años menores que ella. Maneja la pantalla táctil, completa sopas de letras o lee la prensa, “algo que siempre” le ha gustado y que sigue haciendo a pesar de que “la vista va fallando”. Camina hasta la mesa camilla de la cocina, donde tiene mejor cobertura, se acomoda y llama a Goyo, uno de sus hijos, y su nieta Marilia, que contesta al otro lado. “Sin estos aparatos no podríamos haber visto a la familia en todos estos meses”, señala esta residente de Solosancho, a quien se le asoma alguna lágrima entre el ojo y el cristal cuando recuerda a sus nietos. A su hija, incluso, no la ve desde marzo. “Esta enfermedad...”, murmulla.

La practicidad con la que usa el aparato la permite poder estar más cerca de sus familiares en estos días tan especiales de Navidad. Es su principal uso. Pero hay más. “¡Diles cuál es tu canción favorita Serapia!”, le insta Sonia Jiménez, una de las 57 asistentes personales de Faema Salud Mental. La anciana abre Youtube y hace su petición al micro. De repente empieza a escucharse la inconfundible voz de Concha Piquer: “Voy a contarles a ustedes lo que a mi me ha sucedido / que es la pasión más profunda que en mi vida yo he sentido / Fue en Nueva York, una Nochebuena / Yo preparé una cena pa' invitar a mis paisanos / En la reunión, toda de españoles / entre vivas y entre olés por España se brindó”… Y el resto casi todos lo onocen. Es uno de los pasodobles más cantados, bailados y aplaudidos, 'En Tierra extraña', que habla, precisamente, de aquellos que una Navidad cualquiera la pasaron lejos de sus seres queridos, en otra época y sin los medios de hoy en día. “Es un tema que me trae nostalgia”, traslada, emocionada, Serapia, oriunda del cercano pueblo de Baterna pero que reside en Solosancho desde hace 51 años.

Ahora, gracias a la iniciativa de Faema Salud Mental, como Serapia, más de 80 mayores abulenses aprenden a manejar dispositivos para comunicarse con hijos y nietos, aspecto que cobra más importancia en unos días atípicos de Navidad que muchos pasarán en soledad para evitar la propagación del COVID. El director del Servicio de Asistencia Personal de la organización, Miguel Herráez, señala que gracias a un docena de tablets, adquiridas con el apoyo económico de la Diputación de Ávila, se ha podido llegar a 23 municipios y desarrollar los programas 'Terapia tecnológica' y 'Mi amiga la tablet'.

“Si algo hemos aprendido con la pandemia es que las nuevas tecnologías pueden acercar mucho a las personas. Y por ello hay que facilitárselo a los más mayores”, sostiene, mientras llama al timbre del domicilio de Serapia, una casa molinera en una plaza esquinada de Solosancho. Abre la puerta y se alegra de ver gente nueva, siempre manteniendo la distancia y el uso de mascarilla. Vive con su marido, quien la ayuda bastante, y es un hijo suyo el que acude al pueblo los fines de semana para visitarles y cubrir sus necesidades. Pero tiene otra nieta que reside en Zaragoza, a la que no ve desde marzo. “Ahora con la tablet pues puedo hacerlo”, explica emocionada.

Los últimos diez meses han sido duros para Serapia, quien se contagió de COVID-19, lo que la obligó a estar ingresada en planta en el Hospital Nuestra Señora de Sonsoles de Ávila, cuyo teléfono se lo pide directamente a OK Google mediante voz cuando quiere pedir cita para consulta. “Ahora que conozco esto, ¡qué bien me hubiera venido allí tantos días!”, recuerda. Sin embargo, su hijo le llevó una tablet en las últimas jornadas con la que se comunicaba con el exterior gracias a la ayuda de los sanitarios. Ahora sufre episodios de fatiga y relata que, aunque ella no se enteró, una enfermera la dijo que “había vuelto a la vida”...

Cerca de los suyos gracias la electrónica

También de Baterna, pero viviendo en el cercano Robledillo desde que se casó, es Felisa Parra. “De allí éramos las más guapas”, se presenta entre risas. Ofrece un café y algo de almorzar y agarra la tablet, junto a Begoña, su asistente personal. Tras varios tonos, responde al otro lado Marlene, su nieta, estudiante de Magisterio en la USAL, en Ávila. “Hola abuela”, inicia la joven, a lo que la anciana contesta: “Sólo me ves la mascarilla. Bueno, y las gafas, que me las pongo para verte mejor”. Y ambas se ríen. “¿Vas a venir a verme?” / “Claro, abuela, ahora en Navidad algún día, pero con cuidado”. Marlene le pregunta si ha escrito la carta a los Reyes Magos. Se intuye que el regalo de Felisa podría ser una tablet ahora que se maneja con cierta agilidad.

Viuda desde algunos años, cumplirá 79 el día 29 de diciembre. Hasta entonces, y mientras los magos de Oriente hacen su trabajo, practica con un ordenador personal que le han traído sus hijos, con el que realiza juegos de números y letras para mantener activa la memoria. Vista las ganas de estas dos mujeres, Miguel Herráez subraya que los mayores “no han tenido ningún miedo al uso de las nuevas tecnologías”, al contrario que las personas con discapacidad, “que lo temen más”.

Felisa, además de hacer sopas de letras y entrar cada poco en la página web del Ayuntamiento, busca también canciones de su época, como le ocurre a Serapia. La música, que tendrá la música… Ella elige Manolo Escobar y su carro. “A ver si me acuerdo cómo se hace”, acierta a decir. Baja el desplegable y busca la app de Youtube. Y ahí, utilizando el buscador de voz, le pide el tema al sistema, que se arranca con otra de las canciones más clásicas del panorama musical español. “La bailaba y la cantaba mucho cuando era joven. Lo pasábamos muy bien entonces. Está muy gracioso”, se ríe, mientras observa el video de Escobar. “Tengo muy buenos recuerdos. Ahora pues estoy sola”, achaca cabizbaja.

De hecho, recuerda que durante los primeros meses de pandemia no ha podido ver a ninguno de sus cuatro hijos y ocho nietos, que “viven en Ávila, Madrid, Valencia y otra que estudia Medicina en Valladolid”. Los meses de soledad han sido “duros”, solo con la presencia de Begoña, que ya es más que una asistente personal. “No salía ni a dar un paseo”, sostiene Felisa, quien lamenta, por ejemplo, que se suspendieran unos cursos que el Ayuntamiento organizó para los más mayores, de forma presencial, y que servían para poder relacionarse.