Sociedad Y tras la degustación el cochinillo troceado y servido en dos fuentes que, por cierto, no se rompieron ya que no hubo rito segoviano.

Crónicas gastronómicas para despedir el año

26 diciembre, 2020 21:42

No podíamos despedir este año nefasto sin la consabida crónica gastronómica, a pesar de la pandemia. Nos tapamos como los malos toreros y tratamos de evitar contactos en el Argales 2 de mi cordial César Lomas, junto a otros amigos de tantas y tantas tardes de asueto.

Félix, mi amigo el carnicero de Mojados, fue quien me dio el aviso: César prepara para el sábado un cochinillo. Y allá que nos fuimos porque, tanto Lomas como su hijo Admán, lo preparan de lujo.

Y en la mesa nos sentamos los de siempre: Gerardo, Chuchi, Poveda, los citados Félix y César y un servidor. Se cumplió la normativa sanitaria.

Y mereció la ocasión. Los entrantes deliciosos: Cecina de buey macerada, tarrina de micuit de pato y un crujiente de queso. Y tras la degustación el cochinillo troceado y servido en dos fuentes que, por cierto, no se rompieron ya que no hubo rito segoviano. No están las cosas para romper…

Deliciosamente delicioso el citado cochinillo del que no quedó ni rastro. No era de horno de leña, sino convencional, pero con el ojo de dos expertos atentos a la cocción. Sencillamente, una culinaria de altura.

Rematamos con dos platos de queso de media curación al centro y un flan casero.

[GALERÍA DE IMÁGENES]

Sobre el bebercio, entre ellos cayeron dos magnum ribereños: “Unacepa”, de Valduero, y un “Los Olmos”, ambos crianza. Y uno tomó el consabido “cigales” de mis amigas de Corcos Feli e Inés con su “Viña Picota”, aunque Admán trajo primero un “Perrote” que rechacé de inmediato pensando que no procedía. Admán me sacó del error; “Perrote” es otra marca de la bodega de mis amigas, y además pasado por barrica.

En fin, dos copitas cayeron, una de cada marca…y con gaseosa que, aunque no es la bejarana “Molina”, que de vez en cuando me trae mi admirado Gonzalo Santonja, pude superar la prueba…

No podía faltar el mus, aunque colectivo porque éramos seis. Con el café, chupitos varios y bebidas largas pasamos una tarde muy a gusto celebrando la Navidad y despidiendo el aciago y catastrófico año.

Ahora solo falta que nos toque la lotería de “El Niño” que mi amigo Félix ha cambiado con los 200 euros del Gordo navideño.

Feliz Navidad y que tengáis una buena entrada con el nuevo año.