José Luis Alonso Coomonte descansa ya entre los grandes de Zamora en el Panteón de Ilustres
Coomonte descansa ya en el Panteón de Ilustres de Zamora: "Quienes dejan una marca tan profunda no se van"
Familiares, amigos, artistas e intelectuales de la ciudad y la provincia arroparon este sábado el depósito de las cenizas del escultor en el Cementerio Municipal de San Atilano.
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José Luis Alonso Coomonte descansa ya entre los grandes nombres de Zamora. Las cenizas del escultor fueron depositadas este sábado en el Panteón de Ilustres del Cementerio Municipal de San Atilano, en un acto sencillo, abierto a la ciudadanía y cargado de emoción.
Familiares, amigos, artistas e intelectuales de la ciudad y la provincia se dieron cita en el camposanto zamorano para acompañar a la familia en un gesto que no se vivió como una despedida, sino como una forma de permanencia.
Coomonte comparte ya ese espacio de memoria con figuras como el también escultor Eduardo Barrón y el poeta Jesús Hilario Tundidor.
La familia tuvo un papel central en la ceremonia. Su hija recordó unos versos en los que el propio Coomonte reconocía lo que le había dado su tierra. Su hijo, por su parte, pidió que la figura de su padre no caiga en el olvido y ofreció, junto a su hermana y su madre Marianela, el apoyo de la familia a cualquier iniciativa que permita seguir manteniendo viva su esencia.
Junto a la urna cineraria, la familia depositó una placa con unas flores de hierro forjadas por el propio Coomonte y una reproducción del emblema de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída.
La cofradía, a la que el artista dio una impronta propia, estuvo representada en el acto y quiso volver a expresar su cariño hacia quien fue Hermano de Honor y dejó una huella profunda en su patrimonio artístico y devocional.
Esa relación con la Tercera Caída forma parte ya de la memoria visual de la Semana Santa zamorana.
Coomonte marcó la identidad de la Hermandad con sus cruces, con la emblemática pieza realizada con yugos de uncir bueyes y con la corona de espinas elaborada a partir de rejas de arado.
Una mirada artística muy personal, en la que la naturaleza, el trabajo del campo, Dios y la Cruz dialogan desde el hierro y la materia.
"Quienes dejan una marca tan profunda no se van"
Desde la Hermandad se subrayó durante el homenaje que este depósito de cenizas no debía entenderse como una despedida. “Quienes dejan una marca tan profunda no se van”, expresaron en recuerdo de un creador excepcional, pero también de un hombre cercano, generoso y sensible, comprometido con su tierra, su cultura y las tradiciones que dan sentido a la identidad zamorana. "Que Jesús en su Tercera Caída, al que José Luis le hizo un trono para salir por Zamora, le tenga ya a su lado en su trono celestial".
Al acto acudieron también artistas y amigos de Coomonte, entre ellos el pintor y escultor Antonio Pedrero, el arquitecto Paco Somoza, el historiador José Andrés Casquero o representantes de la Asociación de Amigos de Baltasar Lobo, Antonio Gallego y Concha González Díaz de Garayo.
En representación municipal asistió la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Zamora, María Eugenia Cabezas, a quien la familia agradeció la idea de hacer público el acto de depósito de las cenizas.
También estuvieron presentes representantes del Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, de la ciudad natal del artista.
José Luis Alonso Coomonte nació en Benavente en 1932 y falleció en Zamora el 4 de diciembre de 2025, a los 93 años, después de una vida dedicada al arte y a una obra extensa, diversa y reconocible.
Legado en templos, calles y la Semana Santa
Durante más de siete décadas, Coomonte dejó su firma en numerosos espacios públicos y religiosos de Zamora, Benavente y otras localidades de Castilla y León y España.
Fue un artista muy prolífico cuya obra abarcó sobre todo la escultura pública, el arte sacro, la rejería y el diseño.
Entre sus piezas más conocidas figuran La Farola en Zamora, las celosías, puertas y el rótulo monumental del Banco de España en la plaza de Cristo Rey, el Monumento con rebeco en Picos de Europa, Estructura para el viento en León, varias obras urbanas en Benavente como el Mosaico a la Virgen de La Vega y El Lazo, y trabajos más recientes como Equilibrio Horizontal en Zamora.
En su trayectoria pasó de una etapa más figurativa y religiosa, con tallas como Nuestro Señor Flagelado o La Flagelación del Señor, a una creación más abstracta y experimental con hierro, cristal y materiales industriales.
Su legado permanece en la calle, en los templos, en la Semana Santa y en la memoria colectiva de Zamora.
Por eso, acoger sus restos en el Panteón de Ilustres supone rendir homenaje a su vida y a su obra, pero también asumir el compromiso de preservar y difundir la huella de un artista que supo convertir el hierro en lenguaje propio.
Como recordó su familia, los materiales pueden ceder y sofocarse, pero la esencia permanece. Y la de José Luis Alonso Coomonte seguirá viva en la ciudad que lo acompañó este sábado hasta el lugar reservado a quienes ya forman parte de su historia.