Vacas sueltas en el municipio pedaneo de Villalverde (Zamora).
Rebelión vecinal en un pueblo de Zamora por los escándalos de un concejal: sus 150 vacas salvajes campan a sus anchas
Reses descontroladas asfixian la convivencia en esta zona de Zamora entre ataques a la Guardia Civil, montes comunales "okupados" y el cobro de ayudas públicas bajo sospecha
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En la frontera donde la comarca de la Carballeda empieza a desdibujarse, el silencio en la actualidad no parece ser sinónimo de paz. En Villalverde, una pequeña pedanía del municipio de Justel (Zamora), el ambiente se corta con un cuchillo. No es solo el aislamiento propio de la España que se vacía; es la sensación de estar viviendo en un "territorio sin ley".
Aquí, los vecinos no temen al lobo, sino a las vacas. Ciento cincuenta reses de ganado bovino, propiedad de un concejal socialista de Justel se han convertido en las dueñas de los caminos, las carreteras y los montes comunales, sembrando un clima de inseguridad que ha estallado este Puente de Mayo.
La situación ha alcanzado tintes surrealistas. El pasado sábado, una de estas vacas, protegida por el instinto agresivo de tener terneros recién nacidos, embistió un coche patrulla de la Guardia Civil en Villalverde. "Aquello parecía un circo", relatan los testigos. Pero tras el esperpento se esconde un drama vecinal profundo.
Vacas muertas en las inmediaciones de Villalverde por causa de su abandono.
Los residentes han tenido que emitir un comunicado oficial de alerta para advertir a los conductores y visitantes del peligro real de encontrarse con animales bravíos en plena calzada. Las vacas no tienen pastor, no tienen manejo y, según denuncian, parecen no tener dueño a la hora de asumir responsabilidades.
El edil bajo sospecha: "Es un parásito"
El nombre que centra todas las miradas es el de Celestino Trigal Santiago. No es un vecino cualquiera; es concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Justel. Sin embargo, su cargo institucional, lejos de ser un ejemplo de servicio, es visto por el pueblo como un escudo de impunidad.
José Manuel La Fuente Mayo, alcalde de Justel, es tajante en su diagnóstico: "Este hombre es un parásito. Viene a los pueblos pequeños a aprovecharse de todo lo que puede. Tiene un historial de pufos por todos los pueblos donde ha estado".
El relato del alcalde describe una táctica de manual de picaresca rural. Trigal ocupa montes comunales y terrenos públicos sin contrato, sin pagar un euro al municipio y haciendo oídos sordos a los requerimientos oficiales. "No nos recoge ni los escritos".
Vacas sueltas en Villalverde.
El otro día le dije que tenía que firmarme una notificación y me soltó que él no recogía nada, que si queríamos sacarlo de allí, que fuéramos nosotros", explica La Fuente Mayo con una impotencia que traspasa la línea telefónica. El regidor admite que, al ser concejal, la situación es "complicada de tratar", pero asegura que el equipo de gobierno (PP) no piensa pasar por alto lo que consideran una "okupación" del patrimonio de todos.
El motor del conflicto: 30.000 euros de fondos europeos
¿Por qué mantener una ganadería en estas condiciones de semiabandono? La respuesta, según las investigaciones vecinales y del propio consistorio, está en Bruselas. Se ha descubierto que el concejal habría estado percibiendo cerca de 30.000 euros anuales de la Política Agraria Común (PAC) declarando el uso de terrenos comunales para los que no cuenta con autorización.
"Los terrenos son nuestros, no tiene utilidad pública y se embolsa el dinero sin pagar por el pasto", denuncia el alcalde. El Ayuntamiento ha logrado recientemente que la Consejería de Agricultura bloquee estos pagos al certificar que no existe vínculo legal entre el ganadero y las tierras.
Vacas muertas en las inmediaciones de Villalverde por causa de su abandono.
Sin embargo, los afectados denuncian que la trampa es persistente: "El tío es muy cauteloso, sabe manejarse en los plazos legales y busca cumplir los cinco años de arraigo para que luego sea imposible echarlo de los pastos o de las casas que alquila".
Un pueblo sitiado y una advertencia de tragedia
La convivencia física es el otro frente de batalla. Los vecinos denuncian que se cortan caminos públicos con pastores eléctricos de manera caprichosa, se arrancan vallas de instalaciones municipales —como las placas solares— y se ignora cualquier norma de sanidad animal.
"Hay un descontrol absoluto. No hay pastor, no hay manejo. Las vacas están por las carreteras y las zonas comunes. Es lamentable", insisten desde Villalverde.
El miedo a un enfrentamiento personal es real. "Al final estas historias terminan igual: con enfrentamientos y líos entre vecinos porque la gente mayor se siente desprotegida y estos se aprovechan de ello", advierte Fuente Mayo.
Mientras tanto, el "señor de las vacas" sigue ocupando el salón de plenos y los montes de la Carballeda, en un pulso que ya ha sobrepasado los límites de la política local para convertirse en una cuestión de orden público.
Vacas sueltas en mitad del pueblo. Villalverde (Zamora).
En Villalverde la paciencia se ha agotado. El reportaje de este conflicto es el retrato de una Castilla y León que lucha contra la despoblación, pero también contra aquellos que ven en el abandono del mundo rural el escenario perfecto para su propio beneficio a costa del erario público.
La pregunta que se hacen todos en el bar del pueblo es la misma: ¿Tendrá que ocurrir una tragedia mortal en la carretera para que alguien obligue al concejal a recoger a sus vacas?