Jesús junto al resto de su familia en el día de la despedida.
Adiós a un símbolo de Olmedo, Pastelería Frías se despide tras 127 años y seis generaciones: "Fue el esfuerzo de una familia"
Una historia que comenzó con Paulino y su esposa, continuó con Demetrio y Paquita, siguió con José y culmina ahora con Jesús Fernández, el último responsable de mantener viva una tradición centenaria.
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Olmedo deja de oler a pastelería tradicional. Visitar la ciudad del Caballero va a resultar un poco menos sabrosa.
La Pastelería Frías, un negocio siempre asociado al pueblo apaga el horno y cierra sus puertas, y deja un poco huérfanos de sabor a todos sus vecinos y visitantes.
Después de 127 años de historia y seis generaciones al frente del mostrador y el obrador, este emblemático establecimiento ha cerrado definitivamente sus puertas con la jubilación de Jesús Fernández Esteban, poniendo fin a una de las sagas pasteleras más longevas de la provincia de Valladolid.
Estamos ante el final de una historia familiar que comenzó en 1899 y que, durante más de un siglo, ha acompañado a miles de olmedanos en algunos de los momentos más felices de sus vidas.
"Y llega la merecida jubilación de tío Jesús. También el final de Frías, la pastelería que fundó mi tatarabuelo hace 127 años, y en la que hemos convivido seis generaciones. Es un antes y un después en nuestras vidas", escribía uno de los miembros de la familia en redes sociales.
No hay mejor resumen en tan pocos caracteres.
Porque hablar de Frías, y los muchos que han pasado por la tienda lo saben, es hablar de cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones o Navidades.
De cajas de pastas que presidían las sobremesas familiares y de dulces que, con el paso de los años, se convirtieron en parte de la identidad gastronómica de Olmedo. No había cumpleaños sin sus pasteles. ¿Has ido a Frías? Era la pregunta que siempre se hacía.
Sus cazuelitas de crema tostada, los mudéjaritos, las tostadillas, los turrones artesanos, los mazapanes, los buñuelos, las famosas tejas de almendra o las pastas de té hicieron de este pequeño establecimiento de la calle Marcos Salgueiro una parada obligatoria para vecinos y visitantes.
Pero detrás del escaparate siempre hubo mucho más que azúcar y mantequilla.
"La Pastelería Frías ha sido el reflejo del esfuerzo de una familia", recuerdan desde su entorno. Una historia que comenzó con Paulino y su esposa, continuó con Demetrio y Paquita, siguió con José, cuyo trabajo durante décadas en el obrador "sigue formando parte de la esencia de esta casa", y culmina ahora con Jesús Fernández Esteban, el último responsable de mantener viva una tradición centenaria.
Él mismo ha querido despedirse con un mensaje cargado de agradecimiento.
"Hoy comienza una nueva etapa, atrás dejamos muchos años de trabajo, de hacer felices a los demás, a veces con mucho sacrificio y esfuerzo porque nuestro trabajo es muy dulce, sí, pero muy sacrificado".
En sus palabras también hay espacio para quienes hicieron posible el día a día del negocio.
"He tenido la suerte de tener una gran ayuda. María del Mar, Mariana y Estibaliz han sido las últimas, pero antes estuvieron Concha, Miriam, Esther, Sheila, Vero y, sobre todo, José. José fue mi maestro y mi apoyo fundamental cuando Demetrio, pieza clave de esta historia, decidió dejarme a mí al frente".
El homenaje continúa mirando hacia atrás, hacia quienes iniciaron esta aventura hace más de un siglo. Y es que Frías no se entiende sin su legado.
"Hoy solo tengo palabras de agradecimiento a todos: a los que lo empezaron, mis bisabuelos, abuelos, mis tíos, pero sobre todo a Demetrio y a mi madre, Paquita. Siempre fueron un ejemplo".
Hasta el último momento, Jesús ha mantenido vivas las costumbres que marcaron la historia de la casa.
Apenas unos días antes del cierre compartía una imagen elaborando los tradicionales marusos el 23 de junio, una fecha especial para la familia.
"Como todos los años, el día 23 haciendo marusos. Hace 65 años era Demetrio quien estaba haciéndolos cuando a mí se me ocurrió salir al mundo y ahora sigo la tradición".
El cierre también ha provocado numerosas muestras de cariño desde el sector. La Asociación Provincial de Empresarios de Confitería de Valladolid ha querido despedir a uno de sus asociados.
"Tras 127 años de historia, Pastelería Frías cierra sus puertas por jubilación, poniendo fin a una trayectoria marcada por el esfuerzo y el cariño hacia un oficio que ha pasado de generación en generación".
Además de agradecer su contribución para que "la confitería de Valladolid y provincia siga siendo un referente de calidad".
Con la persiana ya bajada, Olmedo pierde uno de esos comercios que iban mucho más allá de vender pasteles. Desaparece un negocio histórico, pero permanece el legado de una familia que durante seis generaciones convirtió el trabajo artesanal en una forma de vida.
Despedida agridulce
Como es lógico, las despedidas no se han hecho esperar. Se hacen con una sensación agridulce, la de reconocer el trabajo de toda una vida y de la nostalgia por lo que se pierde.
Aitor Arranz asegura que: “Muchos entre los cuales me incluyo vamos a echar de menos el sabor único de vuestros pasteles (y también de vuestras tartas y por supuesto, los mudejaritos), pero llega un momento en el que uno también quiere descansar y disfrutar un poco de la vida y es totalmente respetable”.
Álvaro Antolín, paisano de Olmedo: “Desgraciadamente va a haber un antes y un después de la pastelería de mi pueblo...Sabores únicos e inigualables”.
En la misma línea se muestra Marijose Pérez: “Echaremos de menos todos tus ricos y deliciosos manjares los Domingos, festivos, fiestas especiales, cumpleaños y alguna que otra festividad.
Gracias por habernos endulzado la vida durante años y por el buen trato recibido de todas tus empleadas”.