Imagen de dos policías.
Ajuste de cuentas a palazos y fuego en Valladolid: sufre una brutal agresión y regresa para calcinar los cobertizos
Un guardia civil fuera de servicio presenció la agresión con una pala a un hombre que, poco después, regresó para prender fuego a los cobertizos del complejo como venganza.
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La antigua residencia militar del Paseo Arco de Ladrillo de Valladolid, que hoy sirve de refugio improvisado para personas sin hogar, se transformó la pasada madrugada en el escenario de una auténtica noche de furia.
Una violenta pelea a palazos terminó con un incendio provocado por venganza y tres hombres arrestados.
La rápida intervención de la Policía y los Bomberos evitó una tragedia mayor en el complejo, aunque los implicados —viejos conocidos de las fuerzas de seguridad— ya se encuentran de nuevo en la calle por orden judicial.
Todo comenzó en el jardín de las instalaciones. Un guardia civil que estaba fuera de servicio y pasaba por la zona presenció una escena brutal: dos hombres estaban apaleando sin piedad a un tercero, que se protegía en el suelo en posición fetal.
Mientras uno le propinaba patadas, el otro le golpeaba una y otra vez con una pala de grandes dimensiones.
Un cuarto testigo se metió en medio para frenar la paliza y ayudar al agredido a levantarse, momento en el que este aprovechó para huir cojeando antes de que llegaran las patrullas.
El agente libre de servicio llamó de inmediato al 091.
Sin embargo, la historia dio un giro de tuerca inesperado en cuestión de minutos. Mientras los coches patrulla de la Policía Nacional iban de camino, la Sala del 091 recibió un segundo aviso urgente: la antigua residencia estaba ardiendo.
Al parecer, la víctima de la agresión no había ido muy lejos; cegado por el rencor, regresó al recinto y plantó fuego a la zona de cobertizos donde suelen pernoctar sus agresores antes de quedarse a contemplar el espectáculo.
Dos dotaciones de los Bomberos de Valladolid tuvieron que desplazarse a contrarreloj para sofocar las llamas. Por suerte, el incendio pudo controlarse antes de que se cobrara víctimas o intoxicados por humo.
Al recabar los testimonios, los policías descubrieron que el presunto pirómano era el mismo hombre que acababa de recibir la paliza, por lo que fue detenido allí mismo por un delito de incendio provocado. Junto a él cayó uno de sus agresores, acusado de un delito de amenazas.
Este último ya había sido arrestado hacía apenas cinco días por robar una cartera en la Plaza Mayor e intentar usar las tarjetas de crédito en un estanco.
El tercer implicado, que había logrado escapar tras la paliza inicial, fue localizado por otra patrulla de madrugada en la calle Boston tras levantar las sospechas de los agentes que vigilaban la zona.
Al comprobar su identidad, descubrieron que era el agresor de la pala que faltaba por atrapar. Ninguno de los tres quiso dar detalles a la Policía sobre qué originó semejante disputa.
Entre todos acumulan la friolera de 26 antecedentes policiales, una larga lista de delitos que no ha impedido que el juez decretara su puesta en libertad pocas horas después.