Ana Blanco Torres en la terraza del Bar Gallo.

Ana Blanco Torres en la terraza del Bar Gallo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Ana (63) y un bar en un pequeño pueblo de Valladolid: “Lo que más gusta a los clientes es mi guiso casero”

En su establecimiento hostelero se puede disfrutar de raciones de adobo andaluz, rabas, gambas a la gabardina y otras delicias a unos buenos precios.

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Villanueva de los Infantes es un municipio de la provincia de Valladolid que cuenta, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) con una población que llega a los 116 habitantes.

Allí vive en la actualidad Ana Blanco Torres, vallisoletana de nacimiento y que estuvo 30 años viviendo en Málaga, concretamente en Rincón de la Victoria, antes de llegar al pueblo pucelano.

Tras el coronavirus y asentarse en el lugar se puso al frente del Bar Gallo de Villanueva de los Infantes hace cuatro años.

Lo que más gusta a mis clientes es mi guiso casero. Varía sin ningún orden”, afirma la hostelera a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

La vida de Ana

“Me defino como una persona feliz. Soy una vallisoletana retornada. Nací en Valladolid, pero la relación con Villanueva de los Infantes me viene desde la infancia. Mi padre nació aquí y me transmitió la esencia del pueblo y me regaló a su gente”, asegura, en declaraciones a este periódico, Ana Blanco Torres.

A sus 63 años, nuestra entrevistada recuerda su infancia “con cariño y movida” dentro de una “familia numerosa”. De pequeña, afirma, “cada día quería ser una cosa de mayor” pero estuvo muy influenciada por “la cocina de su madre” y la hostelería le llegó por “la necesidad de trabajar”.

“Me casé. Formé una familia y me fui a vivir al Rincón de la Victoria en Málaga durante 30 años. Cuando llegó el coronavirus estaba trabajando en una residencia de la tercera edad. Cuando la situación se estabilizó, las secuelas físicas, anímicas y personales me empujaron a reconsiderar todo”, añade Ana.

Fue entonces cuando decidió marcharse a Villanueva de los Infantes para dedicarse al mundo de la hostelería y ponerse al frente del Bar Gallo, hace ya cuatro años.

Imagen de la terraza del Bar El Gallo en Villanueva de los Infantes.

Imagen de la terraza del Bar El Gallo en Villanueva de los Infantes. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El bar

“El Bar Gallo llegó a mi vida hace cuatro años. Se encontraba cerrado y uno de mis hermanos me animó a concursar. Cuando volví al municipio, estaba cerrado. Tiene muchos años de vida, pero yo llevo un total de cuatro al frente”, apunta nuestra protagonista.

Amante de la cocina, por supuesto, y de la tranquilidad de la vida cotidiana de un pueblo pequeño, como en el que vive, asegura que el cambio de vida “fue drástico, casi temerario pero muy oportuno.

“El bar tiene un pasado muy rico de personas y familias que han puesto mucha ilusión y trabajo y que han dejado el sello de su buen hacer. En mi caso lo he vivido, inicialmente, como un proceso de adaptación mutua y he sentido el calor, la bienvenida y el ánimo de todos los vecinos. Me siento muy feliz”, afirma la hostelera.

El Bar Gallo se ubica en la calle Rollo número 4 de la localidad vallisoletana. “Es un espacio compartido con la tienda que también va incluida en el contrato”, afirma nuestra entrevistada.

Allí trabaja ella sola en el que es un centro de reunión para que los vecinos puedan disfrutar de una buena charla tomándose un refresco y degustando las sabrosas tapas y raciones que ofrece la vallisoletana.

Un bar en un pequeño pueblo da para ganar un buen sueldo si lo trabajas, pero no da para dos personas, al menos de momento. Somos el único bar del municipio e intentamos dar lo mejor a nuestros clientes”, añade.

Ana Blanco Torres en su Bar Gallo.

Ana Blanco Torres en su Bar Gallo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Lo que ofrece

Pongo cada día tapas con la consumición. Mi madre es una gran cocinera y nos enseñó a apreciar la buena mesa desde el plato más humilde y hasta el más elaborado. Siempre compartido de algarabía y sobremesas. Me enseñó la base de todo”, ha añadido nuestra entrevistada.

El bar cuenta con raciones de calamares, embutidos buenos, adobo andaluz y rabas. Además de gambas a la gabardina, lacón con pimientos, croquetas variadas, torreznos o huevos rotos con un precio de “entre seis y ocho euros”.

Lo que más gusta a mis clientes es mi guiso casero. Varía sin ningún orden. Podemos encontrarnos con arroz a banda zamorano, una cazuela de patatas guisadas, fabada, olla podrida, patatas movidas y lentejas. Mis clientes son, generalmente, de la zona. Vienen de trabajar y les gusta reunirse cada día para disfrutar de lo que preparo”, añade la hostelera.

Allí el café cuesta 1,40 euros, la caña 1,70, el clarete 1,80 y el tinto un total de 2 euros. “Tengo mucho margen de improvisación y estoy muy satisfecha por los clientes que tengo”, afirma orgullosa nuestra entrevistada.

Todo hablando de lo que ofrece su establecimiento hostelero.

Vivir de su negocio y el futuro

Con mi bar puedo ganar un sueldo mejor del que he tenido cuando trabajaba en el mundo hostelero por cuenta ajena. Puedo vivir de mi negocio, pero no hay que pretender hacer el agosto porque no se puede”, afirma.

Ana Blanco Torres apunta que el pueblo “apoya mucho y quiere tener su bar” pero “los impuestos generales son como los de cualquier autónomo” así que “se va mucho dinero en gastos”.

“Ya tengo unos años, pero estoy muy contenta y con ganas de seguir aquí. Desde que inauguré me he sentido apoyada. Cada año ha ido a mejor, así que estoy feliz en este pequeño y acogedor pueblo del Valle de Esgueva”, asegura.

Ana mira al futuro con optimismo y quiere seguir aportando un servicio indispensable a Villanueva de los Infantes.