Lucía Soto Arranz a la derecha y uno de los famosos pinchos de lechazo de El Lagar de Traspinedo

Lucía Soto Arranz a la derecha y uno de los famosos pinchos de lechazo de El Lagar de Traspinedo Fotografías cedidas a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Lucía (23) y un restaurante que cambia de ubicación en Valladolid: “Triunfa nuestro pincho de lechazo a 27 €”

“Quiero cumplir el sueño de mi padre y abrir El Lagar de Traspinedo en Cádiz”, afirma la joven hostelera que está completando también sus estudios como sumiller.

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Valladolid es una ciudad famosa tanto por su historia como por su patrimonio. Son miles los turistas que cada año pasan por el lugar para disfrutar de todo su encanto y pasar unos días agradables.

También es un lugar muy famoso por su gastronomía. No en vano, es la capital del mundo del pincho y aquí se celebran, en el mes de noviembre, el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas y el Campeonato Mundial de Tapas Ciudad de Valladolid.

De esta fama gastronómica tiene buena parte de culpa la labor que llevan a cabo, en el día a día, restaurantes como El Lagar de Traspinedo.

“Tenemos conejo, pincho de pollo, panceta, chorizo, morcilla y triunfa nuestro pincho de lechazo a 27 euros. Queríamos llevar el pueblo a Valladolid”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Lucía Soto Arranz.

Ella, junto a su madre, se ocupa de la gestión de un establecimiento hostelero que cambiará de ubicación muy pronto.

Lucía y la hostelería

“Soy una joven un poco tímida que cuando coge confianza se vuelve en alguien mucho más extrovertido. Soy auxiliar de enfermería, estudio para sumiller y soy jefa de sala en el restaurante El Lagar de Traspinedo que se sitúa en la calle Prado número 5 de Valladolid”, explica Lucía Soto Arranz.

Tiene 23 años, nació en Traspinedo y es una amante del Rocío y de la cultura e historia que se respira al sur de España. Le gusta empaparse de toda ella y tiene en mente cumplir el sueño de su padre, del que hablaremos más adelante.

“Cuando era pequeña quería ser médico forense. En la actualidad estoy estudiando para conseguir el título de sumiller y soy jefa de sala y propietaria del restaurante, junto a mi madre”, nos explica nuestra entrevistada.

Recuerda su infancia como “muy feliz” y con la figura de sus padres “muy presente”. Le recordaban que todo lo que había en casa “había que lucharlo y ganarlo porque nadie regala nada”.

“Comencé echando una mano a mis padres en la empresa que tienen para catering y organización de eventos que también lleva el nombre de El Lagar de Traspinedo. Después, cuando abrimos el restaurante, me puse al frente junto a mi madre”, añade la joven.

Una mujer comprometida con el negocio familiar.

El restaurante y otro negocio

“Hace nueve años abrió, en la calle Asunción 1, el Lagar de Traspinedo. Una empresa tipo asador para llevar lechazo, enfocada al catering y a la organización de eventos. A raíz de eso, se nos planteó la opción de abrir un restaurante y lo hicimos en septiembre del año 2025”, afirma nuestra protagonista.

Un negocio que abrieron sus padres Luis Miguel y su madre Arancha, junto a su tío José Antonio. Ellos empezaron siendo los tres socios del negocio. Lucía, más adelante, se convertirá en la cuarta.

“Yo comencé a echar una mano cuando se abrió el restaurante en la calle Prado número 5 hace algo más de un año. Del local dedicado al catering y al takeaway se ocupan mi padre y mi tío y las dueñas del restaurante somos mi madre y yo”, explica Lucía.

En el restaurante de calle Prado trabajan un total de seis personas, contando a nuestra entrevistada y a su madre y en el dedicado al catering un total de tres, con su padre, su tío y otra chica los fines de semana. El restaurante cuenta con un espacio para 30 comensales.

“Trabajamos con los dos negocios y vivimos de ello. Se va mucho dinero en gastos, pero para generar dinero hay que gastar. Es ley de vida”, añade la joven.

Sabias palabras las suyas.

Pincho de lechazo y cambio de ubicación

“En ambos negocios contamos con una carta parecida. Tenemos conejo, pincho de pollo, panceta, chorizo, morcilla y triunfa nuestro pincho de lechazo a 27 euros. Queríamos llevar al pueblo a Valladolid”, nos cuenta la hostelera. Ese pincho de lechazo churro al sarmiento que quita el sentido.

Imagen del pincho de lechazo de El Lagar de Traspinedo.

Imagen del pincho de lechazo de El Lagar de Traspinedo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El restaurante El Lagar de Traspinedo va a cambiar de ubicación. Se marcha de la calle Prado para aterrizar en la calle León, más cerca de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad como es San Pablo.

“La idea del cambio de ubicación llegó cuando veíamos que había más demanda que espacio. La lista de espera para comer o cenar con nosotros era grande. Nos trasladaremos, en dos semanas, a un espacio que va a contar con 200 metros cuadrados, dos comedores y con cabida para 90 comensales. Es el triple”, señala nuestra protagonista.

Su madre y ella seguirán al frente del mismo.

Ilusión por el cambio y un sueño

Estamos muy ilusionados con el cambio de la calle Prado a la calle León. Vamos a ofrecer prácticamente lo mismo. A lo mejor incorporamos algo más, pero sin salirnos de nuestra línea”, explica Lucía.

Serán en el lugar seis personas trabajando, aunque se están planteando la opción de llevar a cabo alguna nueva contratación. Apuestan por “hacer las cosas bien ofreciendo un trato familiar y cercano”.

“Mirando al futuro, a corto plazo, creo que nos va a ir muy bien en la nueva ubicación. Mirando a largo plazo, el objetivo pasa por cumplir el sueño de mi padre que es abrir El Lagar de Traspinedo en Cádiz. Me haría muy feliz”, finaliza la protagonista.

Ojalá que lo consiga.