La microbióloga cubana Neysi Soria Barreda junto a su esposo Julio César Tamames Pantoja en su carnicería del mercado del Campillo en Valladolid

La microbióloga cubana Neysi Soria Barreda junto a su esposo Julio César Tamames Pantoja en su carnicería del mercado del Campillo en Valladolid

Valladolid

La nueva vida en España de Neysi, la microbióloga cubana que vino por su hijo ajedrecista y se reinventa como carnicera

Junto a su marido, Julio César, accedió al programa 'Valladolid Traspasa', de la CEOE y el Ayuntamiento, dando un futuro a la charcutería La Granja Luisa, en el mercado del Campillo, tras jubilarse sus propietarios, Tere y Tino.

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Tras dos décadas en el mundo del diagnóstico, la investigación y la docencia en microbiología, la vida de Neysi Soria Barreda dio un giro de 180 grados hace año y medio cuando decidió dejar atrás su país, Cuba, en busca de un futuro más prometedor para su hijo ajedrecista.

Hasta Valladolid llegó con su marido, Julio César Tamames Pantoja, y su hijo, quien estuvo compitiendo aquí una temporada hasta dar el salto a Madrid, aunque el matrimonio sigue desarrollando su vida en la ciudad del Pisuerga.

"Es maestro internacional de ajedrez y campeón de Cuba e Iberoamérica. Vinimos para acá por él, para que se desarrollase. El nivel en España es más alto", explica en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Neysi y Julio César en el interior del mostrador de su charqutería y carnicería en el mercado del Campillo de Valladolid

Neysi y Julio César en el interior del mostrador de su charqutería y carnicería en el mercado del Campillo de Valladolid

Neysi tuvo que reinventarse profesionalmente dado que aún no tiene la homologación de sus títulos. Mientras tanto, su marido, charcutero y carnicero en Cuba, además de empresario que proveía al por mayor, realizaba los cursos necesarios para obtener los certificados españoles.

En esos primeros meses ella estuvo trabajando como camarera de piso, recepcionista de hotel, auxiliar administrativa o cuidando a personas mayores y niños. En este proceso de adaptación al país colaboraron con Cruz Roja e YMCA, quienes "atienden a inmigrantes y hacen un trabajo espectacular con quien quiere integrarse".

Fue, precisamente, a través de Cruz Roja como se toparon con el programa 'Valladolid Traspasa', impulsado por la CEOE y el Ayuntamiento, que trata de conectar a los potenciales emprendedores con aquellos empresarios o autónomos que están en la recta final de su vida laboral y no disponen de relevo generacional.

"Nuestra idea siempre fue hacer un negocio propio porque es lo que estaba acostumbrado a hacer mi marido", relata la microbióloga cubana.

Así surgió la oportunidad de coger las riendas de la charcutería La Granja Luisa, en el puesto nº32 del mercado del Campillo de Valladolid. Tras un periodo de dos semanas junto a los antiguos propietarios, Tere y Tino, vuelan en solitario desde el pasado mes de noviembre de 2025.

Aunque Neysi, después de 20 años de matrimonio, ha estado, de una forma u otra, ligada al sector cárnico por su marido, a quien ayudaba en Cuba especialmente con las cuentas de la empresa, reconoce que ha sido un proceso "difícil".

"Me gustaba trabajar con la carne de verlo tantos años que llevamos casados, pero el cambio ha sido duro. Pero venimos a eso y hay que aprender", señala.

La adaptación a España

A pesar de que en Cuba y España son varias las semejanzas, como el idioma o la cultura, "hay muchísimos sitios que se parecen, el casco histórico de allí es como aquí", dice Neysi, a su vez también existen otras tantas cuestiones que son "muy diferentes en todo".

Principalmente en los horarios, las formas o la tecnología. De esto último precisa la microbióloga que hay "mucho atraso" en su país. "Tienes que empezar en todo esto de los pagos online, con tarjeta, los seguros o el IVA. Lo hemos tenido que aprender porque nada de eso se utiliza en Cuba", explica.

También la variedad de los productos. "Aquí es muchísimo mayor, diferente a allá. En Cuba tenemos tres tipos de queso, aquí muchos más y luego que si añejo, curado, tierno. Los embutidos igual. Los ibéricos por ejemplo no tenemos", señala.

Pero todo ello se ha visto favorecido por la fácil adaptación a un sitio como la ciudad pucelana. "Hemos recorrido ya media España porque mi hijo ha tenido que ir a jugar a muchas ciudades como Barcelona, Benidorm, Asturias o Santander. Y Valladolid me encantó", señala rotundamente.

De aquí asegura que se queda con que "es muy bonito, muy llanito y te puedes mover muy fácil, hasta caminando". "Decidimos quedarnos aquí, no nos gustan tanto las ciudades grandes", apunta.

Además, rápidamente recibieron el cariño de los vecinos por continuar el legado de La Granja Luisa en el Campillo. "Las personas se pusieron muy contentas de que el negocio no se cerrara porque veían que se iban a jubilar (Tere y Tino) y no aparecía nadie", precisa.

No oculta que al principio hubo quien se mostraba "un poquito reacio al cambio", pues "hay personas que todavía discriminan bastante", pero la balanza se decantó rápidamente por la "muchísima gente buena".

"Aprendemos sobre la marcha y los mismos clientes nos han ayudado muchísimo. Conversamos, ellos nos conocen, nosotros a ellos, sabemos lo que vienen a buscar y te preguntan por la familia. Ya es todo más fácil", añade.

Ha sido, eso sí, su hijo quien "mejor se ha adaptado". "Le gusta muchísimo España. No ha tenido problemas gracias a Dios. Le costó un poquito el cambio de la escuela, tuvo que repetir un año acá, pero luego lo sacó muy bien. El miedo mío era él y he llorado yo más que él", desvela, pero entre risas.

Neysi no oculta su deseo de poder homologar su titulación y trabajar como microbióloga en Valladolid, pero es consciente de que no será sencillo.

"Amo mi carrera, no veo el futuro cerca porque además te va contando el reloj y aquí mientras más mayor, más difícil. Pero de todas las empresas en las que he estado acá, esta es la que más me está gustando. Además trabajamos juntos (su marido y ella), tenemos un buen horario y como me encanta conversar con la gente y tratar, aquí tenemos muchísimo de eso", sentencia.

Neysi llegó a España para ofrecer un futuro a su hijo en el ajedrez, pero en Valladolid ha encontrado también una nueva oportunidad para desarrollar su vida junto a Julio César.

Se ha reinventado, en algo que poco tiene que ver con su profesión, pero lo hace feliz también sabiendo que está dando una segunda vida a un negocio histórico que es de importancia capital para el día a día de una sociedad que, cada año, lamenta más verjas cerradas en el comercio local.

Todo ello ayudados por Tere y Tino, unos "maravillosos" jubilados que desde el primer momento se volcaron con este matrimonio cubano para que el traspaso saliera lo mejor posible. "Todavía están con nosotros, todas las semanas vienen, nos ayudan, nos supervisan. Han sido geniales", zanja Neysi.