El pastel penitente fue creado por Rafael Mesonero, de la Confitería Vitín, en 2012

El pastel penitente fue creado por Rafael Mesonero, de la Confitería Vitín, en 2012

Valladolid

Ni torrijas ni hojuelas: el dulce con forma de penitente típico de Valladolid que triunfa en Semana Santa

Su creador es el confitero Rafael Mesonero, a quien en 2012 se le ocurrió esta ingeniosa idea para conmemorar estas fechas tan señaladas en la ciudad del Pisuerga.

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Mientras que en Navidad abunda el lechazo o el marisco, en Semana Santa el protagonista es el dulce. Torrijas, hojuelas, huesos de santo, la leche frita o los pestiños siempre han estado sobre la mesa en estas fechas.

Todos estos dulces son de sobra conocidos, pues forman parte del 'menú' para estas fechas en la gran mayoría de las casas españolas. Pero en Valladolid hay que sumarle una elaboración confitera que se ha convertido en referente desde 2012.

Hablamos del pastel del penitente. Se trata de un petisú coronado con un cucurucho, habitualmente de chocolate, relleno de una crema chantilly y decorado con un fondant de azúcar. Todo ello hace la forma de un cofrade durante las procesiones de Semana Santa.

Rafael Mesonero junto a varios pasteles penitentes, el dulce que triunfa en la Semana Santa de Valladolid

Rafael Mesonero junto a varios pasteles penitentes, el dulce que triunfa en la Semana Santa de Valladolid

Fue creado por la Asociación Provincial de Empresarios de Confitería y Pastelería de Valladolid y más concretamente obra de Rafael Mesonero, que precisamente preside la organización desde ese mismo año.

"Tenemos un postre específico prácticamente para cada fecha. Para la Feria del Libro, para las fiestas de la Virgen de San Lorenzo o para el patrón de San Pedro Regalado. Y la Semana Santa de Valladolid es internacionalmente conocida y queríamos hacer un guiño a estas fechas", relata el confitero a este periódico.

El también propietario de la Confitería Vitín, un negocio familiar ubicado en el Paseo Hospital Militar que tiene 54 años de historia y del que Mesonero forma parte como segunda generación, explica que a partir de esta idea el grupo de trabajo de la asociación inició la elaboración de una serie de postres "para ver qué podía encajar".

"Después de la reunión vine al obrador y el postre más típico, diría de todas las confiterías de España y parte de Europa, es el petisú. Lo vimos y dijimos, 'si esto lo pones de pie ya parece una persona y como tenemos cucuruchos de chocolate se lo pusimos encima y es un capirote'", recuerda.

En base a eso, para "darle un poco más la vuelta a todo", le añadió un fondant de azúcar neutro que puede ser coloreado con colorantes alimentarios, ilustrando así las cofradías de Valladolid y sus hábitos.

Al relleno quisieron incorporarle el chantilly "para salirnos del pastel normal que ya hay de crema, nata o chocolate". "Dijimos de hacer uno nuevo para que el público no dijera que era el petisú de toda la vida", apunta.

Aunque existe cierta libertad para la capa exterior, el postre tiene que cumplir tres requisitos básicos. Estos son el pastel petisú, el relleno de chantilly y el cucurucho.

Actualmente, el dulce se vende en torno a una decena de confiterías asociadas a la organización. Aunque "cada año se van apuntando más a crearlo".

Los precios rondan entre los 2 y 3 o 3,5 euros la unidad, aunque siempre depende de "cómo esté decorado o dónde se ubique la confitería". El pastel del penitente se vende entre el Viernes de Dolores y el Miércoles de Pascua.

Aunque, al menos en el caso de Rafael Mesonero, en su confitería lo pueden adquirir bajo encargo durante una semana más.

"No pensábamos que fuese a tener una repercusión tan elevada como estos últimos años. Es algo llamativo, nos llaman de otras ciudades que lo están copiando o haciendo parecido. Estamos encantados porque creemos que funciona y es un aliciente para seguir trabajando en este sector", celebra.

En su caso, son cerca de 800 los pasteles de penitentes que vende durante el tiempo que dura la Semana Santa, lo que da muestra de que este dulce es ya un postre arraigado en la gastronomía pucelana.