La primera Plaza Mayor de España se concibe tal y como la conocemos desde el siglo XVI, aunque su construcción empezó en el XIII Ical
La primera Plaza Mayor de España es una joya renacentista, inspiró a la de Madrid y fue reconstruida tras un incendio
Está ubicada en su emplazamiento actual desde el siglo XIII, aunque no fue hasta el XVI cuando se concibió tal y como la conocemos hoy.
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La vida social, administrativa y económica gira en torno a ellas. Cuando hablamos de una plaza mayor, lo hacemos sabiendo que son el punto de encuentro o de referencia en cualquier localidad o ciudad. En ellas se suelen celebrar (casi) siempre los principales eventos del calendario anual. Son el lugar del que parte todo y desde ahí se han ido construyendo las poblaciones a lo largo de los siglos.
Pero no son algo que siempre hayan existido, sino que todas tienen un origen. La primera Plaza Mayor que se construyó en España es la de Valladolid. Funciona en su emplazamiento actual como plaza principal y mercado desde al menos el siglo XIII, pero fue en el XVI cuando se concibió como la primera plaza mayor regular, es decir, cerrada y con soportales con forma cuadrada o rectangular, de nuestro país.
El 21 de septiembre de 1561 el corazón de la Valladolid medieval se vio sorprendido por un gran incendio que destrozó la hasta entonces plaza del mercado. A raíz de aquel episodio, la ciudad inició un periodo de reconstrucción y Felipe II mandó a Francisco de Salamanca ordenar todo el centro de la localidad en torno a una plaza regular, que fuera porticada y cerrada.
Aquel mandato establecía que los edificios tenían que tener una altura uniforme y las calles debían de estar ordenadas por oficios. Además, fruto de la fatídica experiencia, se incluyeron en las nuevas construcciones muros cortafuegos cada ciertas casas para evitar repetir la tragedia.
De esta manera, el fuego propició lo que posteriormente se convertiría en la anatomía propia de cualquier plaza mayor moderna en España, siendo la de Valladolid la que sirvió de inspiración para otras plazas mayores de relumbrón como las de Madrid o Salamanca.
La Plaza Mayor de Valladolid se considera una joya del Renacimiento pensada bajo los parámetros de lo racional. Es de planta rectangular y está completamente porticada, con soportales que unifican todo el perímetro y crean una especie de circulación protegida alrededor de todo el emplazamiento.
Los soportales están constituidos con columnas de granito. Una curiosidad es que uno de estos pilares es falso, el que se ubica en el número 19. Al demolerse en los años 80 el número 20, el edificio vecino necesitó de una columna auxiliar de acero para poder sostenerse y se optó por esta solución, ya que además también necesitó soportar una carga mayor.
Uno de los elementos característicos de la Plaza Mayor también es su peculiar color rojizo. Edificios, suelo y entorno cumplen este parámetro estético. Fue a finales de los 90 cuando se decidió armonizar todo el entorno bajo el proyecto 'Valladolid Renace'.
El color escogido respondía a varias razones. La primera, es el que luce la bandera de la ciudad. Y luego, porque se quiso recuperar el aspecto original del ladrillo del siglo XVI. A lo largo de su historia, la Plaza Mayor ha ido sufriendo distintas transformaciones, perdiendo identidad visual.
Por eso se decidió impulsar esta 'reestructuración' a nivel de imagen. El color elegido fue el rojo almagre y al pavimento cerámico se llevó ese tono rojizo tan característico. De esta manera, se consiguió una homogeneidad cromática que ha dotado de identidad propia a la ciudad pucelana.
Principales cambios
A lo largo de sus más de cinco siglos de vida ha experimentado cambios, eso es innegable. El más destacado es su transformación de plaza del mercado a Plaza Mayor. Antes su aspecto era de espacio irregular, con casas de madera, calles estrechas y edificios que no respetaban un orden de alturas.
Tras el incendio, Felipe II marcó las reglas y estipuló la necesidad de levantar casas de igual altura y calles rectas. Entre los siglos XVIII y XIX, se fueron construyendo y reformando edificios privados, que añadieron nuevas plantas, balcones o detalles que terminaron por romper la uniformidad inicial.
Muchas de las fachadas de ladrillo fueron revocadas en el siglo XIX y cubiertas por cemento, lo que cambió la imagen original del ladrillo visto y cuyo recuerdo fue recuperado a finales del siglo siguiente por Javier León de la Riva.
A nivel arquitectónico, quizás, el cambio más importante fue la demolición de la antigua Casa Consistorial y construcción de la que hoy preside toda la Plaza Mayor, de corte francés. Esto ocurrió entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Otra importante actuación en la Plaza Mayor de Valladolid fue la construcción del aparcamiento subterráneo que, aunque sobre el pavimento no transformó la fisonomía del lugar, bajo este se modificó por completo el subsuelo para dar cabida a centenares de vehículos a partir de la década de los 70.
En los últimos años se ha convertido en un lugar plenamente peatonal, reacondicionando los accesos al parking hace menos de 10 años para que los vehículos privados no necesiten de entrar a la Plaza Mayor de Valladolid.