Ángel con sus taxis en Bobadilla del Campo.
Ángel (51), el taxista que nació en un taxi y va de pueblo en pueblo: “Tengo 1.500 € fijos en gastos al mes más la gasolina”
Suma 15 años de pueblo en pueblo y ofreciendo un servicio que resulta vital para los habitantes de los mismos.
Más información: Un taxista de pueblo en pueblo por la provincia de Valladolid
Bobadilla del Campo es un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid que, en la actualidad y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con una población de 279 habitantes.
El color que inunda las calles del lugar pasa por ser el rojo tostado de ladrillo antiguo y adobe que sostiene sus casas. Incluso, este material, se emplea en su monumento más emblemático, una iglesia de estilo mudéjar del siglo XVI de extraordinaria belleza.
Allí vive Ángel. Un vallisoletano de 51 años que hace 25 se instaló en el lugar y que hace 15 cogió la licencia de taxi con la que contaba el lugar. Ahora da un servicio que es indispensable, tanto para el pueblo como para los de alrededor.
EL ESPAÑOL de Castilla y León conoce una historia que no tiene desperdicio de un hombre que ama el mundo rural como el que más.
Nacido en un taxi
“Me defino como una persona normal y corriente ligada al transporte desde que saqué el carné de conducir a los 18 años. Nací dentro de un taxi de camino al hospital en Valladolid. Mi madre se puso de parto y es algo que apareció en los periódicos de la época, hace ya 51 años”, asegura Ángel Velasco Saornil.
Pasó parte de su infancia en Medina del Campo hasta que, hace 25 años, aterrizó en Bobadilla del Campo. Es taxista, lleva ejerciendo un total de 15 años y profesor de formación vial. Le encanta viajar y pasar tiempo con su familia y amigos.
“Recuerdo con cariño mi infancia en Medina del Campo. Rodeado de vecinos y con muchos amigos jugando al fútbol, montado en la bicicleta. Fueron años muy felices y después me mudé a Bobadilla del Campo donde lo sigo siendo”, afirma.
Él no tenía una idea fija, cuando era pequeño, de a qué dedicarse. Ni médico, ni bombero. Le atrajo el volante desde que tenía una corta edad y decidió convertirse en conductor profesional.
15 años como taxista rural
“Hace 15 años vi la oportunidad y cogí la licencia de taxi vacía que había en Bobadilla del Campo. Empecé a dar servicio al pueblo y a las localidades de alrededor. Hago servicio a demanda, transporte escolar en los que recoges por las mañanas a los niños y por las tardes los devuelves a casa y, después, un poco de todo”, explica nuestro entrevistado.
Entre esos desplazamientos que realiza están las visitas al médico por parte de las personas mayores de Bobadilla, las rutas al aeropuerto o, literalmente y como señala Ángel, “lo que salga”.
Nuestro protagonista lleva a cabo una labor que es indispensable en el medio rural. Él es consciente y por ello trabaja en esto. También sabe que es muy complicado que haya más personas que, como él, decidan hacerlo.
Por suerte no ha tenido ningún accidente en todos estos años y defiende, a ultranza, su trabajo por y para los pueblos.
Los dos taxis de Ángel.
Cuenta con dos taxis, uno de ocho plazas y otro de cinco que está habilitado para las personas con movilidad reducida. Hasta en eso se fija un hombre con una conciencia y un corazón enorme.
Difícil vivir de ello e innumerables gastos
“De esta profesión de taxista rural no se puede vivir. Hay que hacer trayectos a demanda, de transporte escolar y, apoyarse en otra actividad. Yo soy profesor de formación vial y con eso voy tirando”, añade el vallisoletano.
Tiene que pagar cuota de autónomos, tiene gastos de gestorías, seguros y mantenimiento de los vehículos con los que presta el servicio. Una bola que suma y suma, a lo que hay que sumarle la gasolina.
“Tengo 1.500 euros fijos en gastos más la gasolina que estará en otros 500. El conflicto en Irán genera incertidumbre, pero si la gasolina sube a 1,80 euros habrá que pagarla para seguir trabajando”, añade.
Más de 2.000 euros en gastos al mes, ni más ni menos.
Petición a las administraciones
“Estaría bien que se apostara por el medio rural y se aplicaran bonificaciones o ayudas para la adaptación de los vehículos para personas de movilidad reducida. Esto supone una gran parte de la inversión”, añade Ángel.
Una cosa curiosa del servicio de taxi rural es que no llevan taxímetro y tampoco cuentan con bajada de bandera. “Nosotros facturamos por kilómetro. Según estipuló la Junta de Castilla y León está en unos 55 céntimos de día y en 66 de noche. Eso es lo que cobramos”, añade.
En nuestra conversación con este taxista rural una cosa nos queda clara. Es optimista por naturaleza y ve el futuro con ese optimismo en busca de nuevos retos y proyectos para continuar dando este servicio tan importante a su pueblo, Bobadilla del Campo.
“Lo más satisfactorio es cuando la gente me da las gracias por llevar a sus chicos a casa y demás. Tengo la ilusión de generar algún proyecto a mayores y de adaptar los vehículos. Afronto lo que viene con ilusión”, finaliza nuestro protagonista.
Un ejemplo de amor por el medio rural y los pueblos con el servicio, indispensable, que ofrece.