La alcaldesa Nerea Manrique subida al tractor en su pueblo

La alcaldesa Nerea Manrique subida al tractor en su pueblo Cedida

Valladolid

Nerea Manrique, la estudiante y agricultora de 26 años en las listas de Mañueco: “Hay mucho licenciado y poco fontanero”

Es alcaldesa de Castromembibre, un pequeño pueblo de Valladolid, por el Partido Popular desde mayo de 2023. Estudia Administración y Dirección de Empresas y conduce tractores. "Los jóvenes están hartos de la política y por eso hay que escucharlos más". 

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En Castromembibre (Valladolid), la carretera no es un lugar de paso, simplemente termina. Por lo tanto, para ir, hay que querer ir y desviarse.

Es un pueblo de 46 habitantes donde los camiones del campo levantan más polvo que los coches de los particulares, gobierna una joven de 26 años que nunca soñó con la política, pero que entendió que, si no daba un paso al frente, su pueblo podía darlo hacia atrás.

Se llama Nerea Manrique. Es alcaldesa por el Partido Popular desde mayo de 2023. Estudia Administración y Dirección de Empresas. Conduce tractores con GPS. Ha sido repartidora en moto, encargada de Telepizza, camarera y ahora combina apuntes, subvenciones y hectáreas de cereal.

Y, cuando le preguntas quién es realmente, responde sin problemas: “Una chica sencilla”. Quizás sea una de las alcaldesas más jóvenes de España

Va en las listas del Partido Popular en la provincia de Valladolid para las elecciones autonómicas del 15 de marzo en Castilla y Leon, en las que entró casi por sorpresa.

“Me enteré cuando ya estaba dentro”. Le llamaron y pensó que le había tocado mesa electoral. Y es que esta JASP, no tenía aspiración política. “Si toca, daré el 100%”. Pero no se ve en despachos doce horas.

“No mido lo que digo y eso en política no está bien visto”, admite, con una franqueza llamativa. Quizá por eso conecta, y demuestra que este tipo de políticos son los que gustan.

“Creo que hay que escuchar a los jóvenes de verdad, en temas como la vivienda, la educación, pero también en los oficios. No hacen falta tantas carreras. Hacen falta fontaneros, albañiles, electricistas”.

Lo dice como alcaldesa que sufre para encontrar profesionales y como chica que aprendió a conducir una moto en un garaje para repartir pizzas y fue la primera repartidora de Telepizza en su entorno.

Lo dice también como quien ha tenido un bar en verano en San Pedro de Latarce y ha creado pandilla jugando la partida con señores mayores.

Le preguntas si ve a Alfonso Fernández Manueco de presidente. “Creo que sí. Lo ha hecho muy bien estos cuatro años”. Reconoce que se pondrá la camiseta que haga falta en campaña.

 “Creo que sí ganará Mañueco. Lo ha hecho muy bien estos cuatro años”

En los pueblos pequeños, y esto bien lo saben los alcaldes y concejales, la política no se vive en un despacho, se hace en la puerta de tu casa.

“Aquí al alcalde le ven por la calle. Le llaman. Le van a vocear si hace falta”. Nerea lo sabe, lo vive y en ocasiones, lo padece. No tiene dedicación exclusiva. No cobra sueldo. Tampoco tiene asesores, lo que tiene son vecinos, en este caso pocos, pero que necesitan lo mismo que en las grandes ciudades.

La anterior alcaldesa, “que era como mi hermana”, apunta, llevaba 12 años y quería dejarlo. No había relevo, y ya se sabe o se presentaba ella o el ayuntamiento podía acabar en manos del municipio vecino.

Nerea Manrique posa en la sede del PPCYL

Nerea Manrique posa en la sede del PPCYL JIF

“Antes de dejar el pueblo en manos de otro, nos presentamos”. El equipo fue el mismo; solo cambió la alcaldesa. Aunque pueda parecer lo contrario, gobernar 46 habitantes no es más fácil.

“La gente se piensa que estás 24 horas. Y yo lo hago por voluntad”. A veces molesta que no se entienda que una subvención para el molino no puede gastarse en el camino, porque ese dinero es para ello, pero también llegan las pequeñas alegrías.

Por ejemplo, la rampa nueva, el camino adoquinado hacia el molino, la compra de un local para un futuro centro cultural, una vivienda para atraer trabajadores, placas solares para el bombeo y el alumbrado, un parque nuevo con una farola de cinco brazos “muy bonita”, dice con ilusión, o el proyecto de asfaltar un camino lleno de baches, la remodelación del bar municipal.

Y una espinita, o casi un capricho de Nerea, las letras gigantes con el nombre del pueblo, como en tantos municipios. “Es largo y complicado”, sonríe. “Pero me tengo que ir con las letras”.

“No me veo en una oficina doce horas, seguiré en el campo”

En un lugar donde la tendencia es irse, porque los hijos crecen, estudian en Valladolid y compran piso allí, Manrique piensa en cómo sostener lo que queda. “Quizá los pueblos más grandes tengan que absorber a los pequeños, pero manteniéndolos vivos”.

Mientras tanto, pelea por vivienda social para quien quiera gestionar el bar, por atraer mano de obra que ya no aparece ni en la provincia de al lado, por aprovechar cada ayuda de Diputación y Junta.

La estudiante que no dejó de trabajar

Nerea empezó Administración y Dirección de Empresas, pero la pandemia cambió el ritmo. Estudiar en casa, trabajar a la vez y pagar facturas no es nada fácil. “Cuando trabajas, ya no puedes dejar de trabajar”. Ahora incluso se ha apuntado a una oposición.

Habla de los jóvenes con una mezcla de realismo y preocupación. “A los jóvenes no les interesa la política”. Cree que el hartazgo nacional, “cuando no te roban unos, te roban otros”, ha empujado a muchos a votar por castigo.

Asegura que Vox seduce con “promesas simples” a problemas complejos, también en el campo, con menos burocracia y soluciones inmediatas que, en su opinión, no siempre son posibles. Y defiende que la política municipal y autonómica es otra cosa: “más cercana, más de escuchar que de eslogan”.

La agricultora que se subió al tractor

La tercera vertiente empezó quitando tubos. Un vecino necesitaba ayuda. “La mano de obra escasea en todos los sitios”. Un día le dijo: súbete al tractor. Pensó que era para hacer compañía. Dio dos vueltas con él. Y la dejó cuatro horas sola, en 20 hectáreas. “Y así empecé”.

Ahora ara, siembra, prepara tierras de cereal, cebollas o espinacas. Aunque por encima de todo en Castromembibre la remolacha es la que manda. No tiene explotación propia, pero tiene pasión. “No me veo en una oficina ocho o doce horas. En el campo, siempre”, insiste

En un pueblo agrícola donde entran más camiones que visitantes, la tranquilidad es relativa. Hay ruido de trabajo. Hay polvo de cosecha. Y hay veranos llenos: su peña son 32 entre parejas; detrás vienen grupos más jóvenes que quieren seguir veraneando.

Nerea en su tractor

Nerea en su tractor

Algunas familias han comprado casa porque sus hijas quieren venir. La vida rural no es postal: es comunidad.

Nerea nació en Laguna de Duero (Valladolid). Sus padres compraron casa en Castromembibre cuando ella tenía tres años. No había raíces; ahora las hay. “Hay quien dice que no soy del pueblo por no tener sangre. Me considero más del pueblo que mucha gente cuya abuela fue de aquí”.

Por la mañana juega a las cartas con “los hombricos”. Por la tarde comparte café con las señoras. Pasea con una vecina y su hijo al salir del colegio. Sale de fiesta con sus amigas cuando puede, y aunque se ha sentido criticada en su propio bar alguna vez, también ha sido arropada.

Aunque no cobre sueldo, sabe que va en ello. Nerea ha aprendido que gobernar es convivir y ahora se prepara con todo para las elecciones autonómicas.