Rosario Sánchez Lobo, a la izquierda, junto a Silvia Rodríguez Prieto, en el mostrador de Casa Sánchez.
La familia Sánchez, referente de la moda íntima en Valladolid, dice adiós y deja su tienda a Silvia: "Le va a ir bien"
Rosario, hija de los fundadores de Casa Sánchez hace 70 años, se jubila el 1 de septiembre y del negocio se hará cargo la dependienta que lleva con ellos desde hace casi cuatro décadas.
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La familia Sánchez Lobo, referentes en Valladolid durante 70 años de la moda íntima, se despide. El último eslabón, Rosario, hija de los fundadores de Casa Sánchez, se jubila, pero su tienda de la calle Panaderos no cierra. Será Silvia Rodríguez Prieto, quien lleva trabajando con ellos como dependienta desde hace 37 años, quien se hará cargo del negocio a partir del 1 de septiembre de 2026.
Precisamente, una clienta que por allí pasaba se preocupa por la marcha de Rosario, pensando que el cierre era definitivo. Pero acoge con alegría la noticia. "Lo va a coger Silvia", apunta la propietaria, señalando a su trabajadora. "Eso es lo importante, que se mantenga abierto el comercio", señala aliviada la compradora.
Casa Sánchez es uno de los pocos, pero aún existentes, pequeños comercios locales que resisten el envite de los nuevos modelos de consumo, más centrados en las compras por internet. Con 70 años de historia, la tienda ha ido transformándose para adaptarse a lo que demandaban los clientes, hasta convertirse en un referente de la moda íntima en la ciudad del Pisuerga. Llegaron a tener un segundo local en la calle Torrecilla, entre 2007 y 2023, pero acabaron cerrándolo.
Fue fundada entre 1956 y 1957 por Ángel Sánchez y Julia Lobo, padres de Rosario. Esta última lleva trabajando en el negocio desde hace más de 40 años, aunque sus recuerdos en la tienda se remontan desde que era apenas una niña. "Cuando salía del cole venía aquí a hacer los deberes y a jugar, hasta que mis padres subían a casa a acostarnos. No son solo las 8 horas durante cuatro décadas, es toda la vida", señala.
Ángel Sánchez, natural de Serradilla del Arroyo (Salamanca), se trasladó a Valladolid desde su pueblo, donde tenía una tienda que "vendía de todo". "Vendía telas, jabones, arroz...", apunta su hija. Se mudó junto a su hermana y decidió montar Casa Sánchez, aunque bajo el concepto de su anterior negocio.
Similar fue la historia de Julia, pero ella de Villalobos (Zamora). En su caso, se trasladó a Valladolid junto a dos hermanas y cogieron las riendas de El Gato Negro, una pequeña mercería de la calle Labradores. En ese impás, la madre de Rosario conoció a su padre, para acabar finalmente trabajando en el histórico negocio de Panaderos junto a él.
"Mi madre empezó a trabajar aquí cuando se casaron y como ella lo que sabía era de mercería, de ropa, fueron quitando lo que no fuera eso y ya se quedó con eso. Ahora por ejemplo no vendemos ropa de exterior, solo interior, pero antes se vendían pantalones y demás", recuerda la hija de Ángel y Julia
Rosario llegó de "pura chiripa" al negocio de sus padres, ya que ella había estudiado Magisterio. Finalizó sus estudios en 1981 y llegó a preparar la oposición para ser maestra, incluso aprobando uno de los exámenes, pero Chari, dependienta por aquellos años y, casualmente, hermana de Silvia, se casó y decidió dejarlo.
A partir de ahí, una cosa llevó a la otra y Rosario se acabó quedando en la tienda. De estas más de cuatro décadas en Casa Sánchez, la vallisoletana se va a llevar muchos recuerdos. "Yo me lo he pasado bien", reconoce. Aunque estos últimos años sí apunta que han sido un poco "asquerosos".
"Pero imagino que para todo el mundo. No sabes qué hacer ni cómo hacer para que la gente deje de comprar por internet o deje de ir a las grandes superficies ya también en los viernes, porque se notaba en los sábados, pero ahora también en los viernes", explica.
Sin embargo, añade que todo se trata de "amoldarte a lo que hay" y en Casa Sánchez han podido "defenderse más o menos bien". Precisamente, contar con siete décadas a sus espaldas bien avala su trabajo. "Supongo que es por esa cercanía. La gente que viene la gran mayoría no son clientes nuevos, son de toda la vida", precisa.
Si bien es cierto que antes se acercaban hasta allí vecinos de otros puntos de la provincia como de Zaratán, para hacer la compra del invierno, pero todavía resisten con los clientes de la zona que aún confían en sus productos.
Sobre el relevo, para Rosario es importante que sea Silvia quien siga con el negocio de su familia. "Sabe lo que coge porque lleva ya muchos años y la gente la conoce. Va a ser casi como que no hay un relevo porque lleva aquí toda la vida. Le va a ir bien por eso", avanza.
Pero, además, lejos de desapegarse del negocio, Rosario continuará visitando Casa Sánchez durante su jubilación. "Vivo en Caño Argales, aunque sea solo para entrar y decir que tal, claro que sí que voy a venir", asegura.
"Vértigo"
Aunque nada nuevo para Silvia, bien es cierto que es una etapa que le da "vértigo". Pero a pesar de ello no se quiere "quedar con la duda". Ha ayudado en la decisión el empuje que le ha dado el apoyo tanto de su familia como de la propia Rosario, a quien considera parte de ella también.
"Surgió un poco de las dos. A mí me da vértigo, pero bueno, he tenido mucho apoyo de mi familia y de ella (Rosario)", relata sobre cómo surgió la posibilidad del relevo en el negocio.
Silvia llegó hace casi cuatro décadas a Casa Sánchez después de que la llamaran directamente porque necesitaban una dependienta. Unos años que para ella han sido "muy buenos" en los que "todo me ha pasado aquí".
El negocio, según avanza Silvia, seguirá con la esencia de Casa Sánchez, manteniendo el nombre y el mismo concepto de ropa interior, pero reconoce que quitará la de niño porque es un sector que "ha bajado muchísimo".
Para ella será una responsabilidad seguir el legado de la familia Sánchez Lobo, pero no oculta su ilusión por una nueva etapa que se hará realidad a partir de septiembre de este año. "Es un peso que voy a llevar ahí, pero espero hacerlo bien", zanja.