Alberto Rodríguez, 'Bertoni', en lo alto de la grada junto al equipo de Panteras Rosas, un proyecto deportivo de inclusión con niñas gitanas y árabes

Alberto Rodríguez, 'Bertoni', en lo alto de la grada junto al equipo de Panteras Rosas, un proyecto deportivo de inclusión con niñas gitanas y árabes

Valladolid

Bertoni, el director del colegio con 10 nacionalidades a favor del 'modelo EGB' de Ayuso: "El Ingreso Mínimo hace daño"

Alberto Rodríguez, exjugador de rugby, ha logrado acabar prácticamente con el absentismo en el centro Cristóbal Colón de Valladolid donde el 99% de los alumnos es de minorías étnicas. "Ahora quieren ir al colegio. El problema es que no se quieren ir”, por eso defiende implantar Centros de Educación Obligatoria (CEO) como en la Comunidad de Madrid.

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“Alberto, contigo quería yo hablar. Hay que hacer algo con mi hijo que quiere seguir en el colegio”. Así comienza la visita de EL ESPAÑOL Castilla y León al barrio de Los Pajarillos.

A Alberto Rodríguez, ‘Bertoni’, le conoce todo el mundo. Se ha convertido en el jefe del barrio. Más de una década pateando de verdad por sus calles dan para mucho. La frase la dice una madre gitana que intenta que su hijo no vaya al instituto de mayores, siga en el colegio y así buscar una salida profesional desde allí.

Y así muchas. A Bertoni todo el mundo le pide consejo y ayuda. Y él siempre responde. “Que venga el lunes a hablar conmigo”. Arreglado.

En el popular barrio vallisoletano de Los Pajarillos hay una frontera invisible que todos conocen. Es la línea que separa la vida corriente de la exclusión más profunda. Allí, en la zona del 29 de Octubre, durante años se concentraron el absentismo escolar, el fracaso educativo, la pobreza y la sensación de que el sistema había renunciado a muchos niños antes siquiera de que aprendieran a leer.

Por eso, el director del CEIP Cristóbal Colón, Alberto Rodríguez, decidió que esa frontera había que romperla, quizás por su pasado como jugador de rugby se puso el reto de empujar y ensayar. Tiene voz grave, trato directo y una mezcla de disciplina, pero también de afecto.

Bertoni lleva más de una década al frente del centro escolar que ya es conocido en toda la ciudad. Cuando llegó, los datos eran demoledores: el absentismo rozaba el 46%. El alumnado era, y sigue siendo, mayoritariamente de minorías étnicas y familias en situación de exclusión social. “100% minorías y exclusión”, resume sin dramatismo.

Pero hoy la cifra de absentismo ha bajado hasta el 17%. Y lo más importante, dice, no es el número, sino el cambio de mentalidad. Hay hasta diez nacionalidades en el colegio.

“Por fin hemos creado una estructura y una inercia dentro de la exclusión más profunda para que estén buscando otros horizontes. Hemos despertado otros intereses y otras esperanzas”.

Nada de lo conseguido ha sido rápido y menos aún sencillo. “Ha habido momentos de saturación. Procesos muy lentos. A veces piensas que esto es agotador”, reconoce. Pero por encima de todo, y casi como lema de vida y del colegio, “pico y pala”.

Es decir, trabajo constante, insistencia y presencia.

El primer reto fue ganarse la confianza de las familias. Demostrar que había expectativas reales para sus hijos. Que no eran cifras en una estadística ni un problema administrativo. “La educación afectiva, el contacto emocional… eso es clave”, explica.

Reconoce que el problema no era solo académico, también lo “era cultural, social y emocional”. Pues muchos niños crecían en entornos donde la educación no era percibida como una herramienta útil. Donde el instituto representaba ruptura, desarraigo y, en demasiados casos, expulsión temprana del sistema.

“Les estamos cambiando el anclaje cultural de que la educación no sirve para nada. Ahora quieren ir al colegio. El problema es que no se quieren ir”.

El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, y el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, participan en la visita los centros educativos del proyecto de inclusión ‘Pajarillos Educa’

El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, y el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, participan en la visita los centros educativos del proyecto de inclusión ‘Pajarillos Educa’

El vínculo con el Cristóbal Colón es tan fuerte que muchos alumnos y familias piden quedarse más allá de Primaria. Quieren seguir con “su director”. Con ese hombre que los recibe cada mañana en la puerta y que conoce a los niños por su nombre desde que tienen tres años.

En el colegio conviven alrededor de diez nacionalidades. Aquí hay españoles, de etnia gitana, marroquíes, argelinos, venezolanos, pakistaníes, colombianos, senegaleses, búlgaros, rumanos y dominicanos. Todo un crisol. … “Ayer estaban juntas en el mismo equipo niñas de cinco nacionalidades diferentes. Y conviven con una naturalidad que ya querrían muchos adultos”, afirma al hablar del proyecto de Las Panteras Rosas, un equipo de patinaje para intentar que las chicas “no caigan”.

La convivencia no es casualidad ya que es un trabajo estructurado. Bertoni habla del modelo “Pajarillos Educa” como un sistema integral que conecta educación, servicios sociales, empleo y sanidad. No es solo un proyecto escolar; es una intervención de barrio.

En Los Pajarillos viven más de 21.000 personas. No todo es gueto. Pero existe una zona muy castigada donde se concentran problemas graves, incluido el narcotráfico. “Si quería cambiar el barrio, tenía que meterme ahí dentro y trabajar con los gitanos y con el 29 de Octubre. Mi colegio absorbe el 70% de ese alumnado. Ahí estoy”.

Las madres dentro del colegio

Uno de los giros más potentes del proyecto fue abrir el centro a las familias, especialmente a las madres. Si los padres no creen en la escuela, la escuela no funciona.

Así nació el proyecto “Sibarte”, vinculado a Pajarillos Educa. Un taller de costura donde las madres confeccionan disfraces de carnaval, preparan materiales para fiestas y, sobre todo, entran en el colegio como parte activa de la comunidad educativa.

Los jueves hay almuerzo saludable. Las madres acuden al centro, comparten la comida con los niños de Infantil y primeros cursos, y después les ayudan a lavarse los dientes. Puede parecer un gesto pequeño, pero no lo es.

“En el diagnóstico vimos niveles de hábitos de salud durísimos: problemas de alimentación, de higiene, familias que no acudían a pediatras ni a ginecólogos, casos de diabetes…”. El gran hito, insiste Bertoni, no es que los niños no falten. Es que los padres quieran que vayan.

Bertoni no rehúye temas espinosos. Habla de la necesidad de revisar ciertos incentivos sociales por ejemplo el Ingreso Mínimo Vital. Su pensamiento es que se debería vincular estas ayudas a objetivos educativos, de crear estímulos reales para que las familias apuesten por terminar la Secundaria.

También plantea cambios estructurales, por ejemplo el de implantar Centros de Educación Obligatoria (CEO) en zonas vulnerables para evitar que el salto al instituto rompa lo construido en Primaria. Algo que en Castilla y León no existe, pero que la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso, sí lo ha hecho.

“Se trata de adaptar los equipos docentes, permitir que los profesores se incorporen voluntariamente a estos centros con proyectos claros, como ocurre en otras comunidades. No se puede trabajar un proyecto así sin un equipo preparado y convencido”.

El equipo de Las Panteras de chicos

El equipo de Las Panteras de chicos

Esto está ocurriendo en Madrid, un estilo de vuelta al modelo de EGB.

Este modelo se diseñó específicamente para zonas rurales donde la falta de infraestructuras y la dispersión poblacional hacen que la continuidad educativa en un solo centro sea una solución eficiente y así ocurre en casos de Castilla y León. Sin embargo, no se hace de forma generalizada en zonas urbanas, como ahora pretende Ayuso.

Las autoridades madrileñas consideran que los preadolescentes de 11 y 12 años estarán menos expuestos a caer en bandas juveniles o en las drogas si se quedan en el colegio hasta los 14.

Es decir, plantea que los jóvenes hagan en el colegio 1º y 2º de la ESO. En este caso, Bertoni lo extrapola a la situación que se vive en el Cristóbal Colón. "Están mejor aquí en el cole que en el instituto", explica.

En Castilla y León, reconoce, la batalla es institucional. Pero el modelo Pajarillos Educa ya se está replicando en otras provincias como Palencia y Salamanca. “Somos laboratorio”, dice orgulloso.

Del patio al empleo

El modelo no termina en las aulas. Continúa en el deporte, en el arte y en la formación laboral. El Laboratorio Artístico (LATE) incluye cine, teatro, circo y actividades creativas que complementan lo académico. Los cortometrajes realizados por los propios alumnos circulan por redes sociales y festivales escolares. Los niños se ven en pantalla. Se reconocen capaces.

En paralelo, el Laboratorio de Deporte ha generado algo más profundo: una escuela de fútbol sala de la que ya están saliendo entrenadores. Chicos de 12 a 16 años, que fueron “panterillas” —como llaman a los más pequeños—, reciben formación para entrenar a los equipos del barrio. Ahora lo está haciendo también con las chicas y un equipo de patinaje.

Bertoni recibiendo un premio

Bertoni recibiendo un premio

“Ahí se crea un círculo de referentes. Los que fueron niños del proyecto ahora entrenan a los pequeños. Se ven por la calle, se saludan, compadrean. Rumanos, gitanos, árabes… cada uno con su cultura, su mezquita o su iglesia, pero conviviendo”.

Semilla para el futuro del barrio

Además, el proyecto incorpora formación para el empleo con una condición clara: quien accede a esa formación debe acudir a competencias básicas. “Te formo, te busco empleo, pero tienes que seguir vinculado a la educación”.

No se trata de fabricar casos de éxito extraordinarios —“el gitano que llega a abogado, uno entre un millón y esa no es su realidad aunque nos la vendan”—, sino de dignificar trayectorias normales con empleos modestos, pero que hacen vidas estables e ingresos regulados.

Hay algo en Bertoni que remite al rugby y es el sentido de equipo, la idea de avanzar metros aunque haya contacto. En el campo de Pepe Rojo aprendió que nadie gana solo en las aulas del colegio lo pone en marcha.

Cuando se le pregunta por los premios y reconocimientos recibidos por este proyecto, el último del Ayuntamiento de Valladolid a través de la Asociación de la Prensa Deportiva, se quita importancia. “Hace ilusión, claro. Pero lo importante es que esto funcione”.

Los alumnos quieren ir a “su director”. Las familias le piden empleo. El barrio lo reconoce. Después de catorce años, la mentalidad de este barrio está cambiando, pero todo a base de “pico y pala”.