Ana Montañés Blay, la estudiante que se llevó la beca CTS de la Fundación Tecnovitae Ical
Ana (23), la joven investigadora que ha creado un 'simulador' del corazón pediátrico: "Emulará un montón de patologías"
La estudiante en prácticas del Ci2B ganó la Beca CTS de la Fundación Tecnovitae, con sede en Valladolid, por su modelo computacional para el bloqueo de rama derecha, con una prevalencia del 4% en menores de entre 5 y 12 años.
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Apenas tiene 23 años y es una estudiante en prácticas. Pero Ana Montañés Blay (17-6-2002, Valencia) es la autora de una investigación que ha creado un modelo computacional del corazón pediátrico, de 0 a 16 años, que permitirá en un futuro "simular un montón de patologías cardiacas en niños", centrado actualmente en el bloqueo de rama derecha y, por ende, llegar a unos mejores pronósticos y diagnósticos clínicos, mejorando la calidad de vida de los más pequeños afectados.
Este proyecto ha sido el ganador de la Beca CTS (Ciencia, Tecnología y Salud) de la Fundación Tecnovitae, con sede en Valladolid, que recogió la semana pasada en la ciudad del Pisuerga como representante del grupo de investigación que ha desarrollado el modelo en el Centro de Investigación e Innovación (Ci2B) de Valencia.
"El criterio diagnóstico que emplean prácticamente todos los médicos para esto es mirar el electrocardiograma y este tipo de síntomas (del bloqueo de rama derecha) pueden ser propios de un crecimiento fisiológico de un niño y con el paso del tiempo desaparecen", explica Ana.
El presidente de la Fundación TecnoVitae, Rafael Álvarez, y el director, Javier Escribano, entregan la Beca CTS 2025 a Ana Montañés Blay la pasada semana en Valladolid Ical
Es ahí, en una posible confusión relacionada con el crecimiento del menor, donde radica el principal problema a la hora de detectar esta patología, que afecta al 4% de niños y niñas de entre 5 y 12 años. "Hay veces que los médicos no consiguen distinguir si es un caso patológico o fisiológico", precisa.
El modelo computacional, que en términos más sencillos es una especie de 'gemelo digital' del corazón del niño, aunque Ana aclara que no es exactamente igual, permite ver cómo cambia el electrocardiograma "dependiendo de la casuística que estemos simulando, con el fin de poder ayudar a los médicos a ver cómo se puede distinguir mejor".
En la actualidad, están trabajando con los datos de un corazón de un niño de 9 años, pero el objetivo, aún en una "fase temprana", es "generar una población de modelos" que sirva a posteriori como "una guía, una ayuda" para el diagnóstico clínico de los médicos.
Además, el modelo computacional de Ana también permite indagar "mucho más" en si se trata de un bloqueo incompleto o completo. También evalúa la electromecánica, el cómo se contrae el corazón y el cambio de presiones y volúmenes que tiene el corazón pediátrico.
"Se puede distinguir también ya no solo lo que es el electrocardiograma, sino muchas otras cosas como las propagaciones eléctricas y otras cuestiones mecánicas que ayudan a distinguir", explica la joven investigadora valenciana.
Aunque señala que la mortalidad de esta patología es algo "muy a largo plazo y en casos muy graves", es una circunstancia que puede afectar a la calidad de vida del menor.
"Tenemos imágenes y registros de muchas edades entre los 0 y 16 años, tanto masculinos como femeninos. A partir de ahí es ir simulando. Aparte de los bloqueos, podemos hacerlo con muchas más patologías, pero esto ya es trabajo de doctorado. Es el plan y ya se está empezando a construir", avanza Ana.
El modelo computacional lo que hace concretamente es "estudiar el cómo se muestra la patología en los casos concretos". Con esa información, será el criterio del médico con ayuda del electrocardiograma del modelo de un niño afectado lo que podrá compararse con otro en estudio para determinar si existe esa patología.
Estudiar e investigar
Ella prefiere restarle importancia a su edad, pero este hito en la ingeniería biomédica ya la coloca como una prometedora investigadora en el panorama español. El proyecto nació de su Trabajo de Fin de Máster (TFM) y apunta a ser una continuación en su corta pero ya prolífica carrera profesional.
A sus 23 años, ahora busca dar una continuación a su modelo computacional. Hasta ahora, ha tenido que estar compaginando la investigación con los estudios. Será a partir de iniciar su doctorado cuando tendrá la oportunidad de "dedicarse plenamente a investigar".
En cualquier caso, no considera que su edad sea un "factor limitante" ya que, además, en el ámbito de la ingeniería "no resulta raro llegar a este nivel porque somos personas que desde muy pronto hemos estado a tope estudiando y es lo que nos pide el cuerpo".
Lo que sí que ha notado es que para desarrollar su proyecto se necesitan más recursos. Todo partió de una ayuda de la Generalitat Valenciana que permitió contratarla a ella, a su tutor de las prácticas y a una compañera.
Precisamente, la Beca CTS de la Fundación Tecnovitae, dotada con 5.000 euros, permitirá que el proyecto se prolongue en el tiempo. "Yo al final estoy muy poquitas horas porque no pueden pagar más. No le dedico todo mi tiempo entre otras cosas porque también estoy yendo a clase", reconoce.
Ana reivindica la necesidad de contar con recursos, tanto materiales como personales, que apoyen la investigación. "La financiación que necesitamos es para poder contratar más gente que consiga trabajar en ello", apunta.
Las simulaciones de su proyecto del corazón pediátrico "tienen un coste muy alto y los recursos son limitados". Actualmente, colaboran con el supercomputador de Barcelona porque en el centro del Ci2B "hay muchas de estas simulaciones que no podemos lanzar porque no nos da para el cálculo de todo esto".
Graduada en Ingeniería Electrónica Industrial y Automática por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), está a punto de terminar el Máster en Ingeniería Biomédica. "Necesitamos contratar más gente que se dedique a ello y conseguir mejores materiales para poder ser nosotros autosuficientes", subraya.
El afán investigador de Ana nace durante sus estudios de grado en la UPV, cuando afrontó el cuarto curso en el que "no sabía qué hacer" y optó por una optativa de bioelectrónica. "Probé eso porque la carrera está muy enfocada a todo lo industrial y esto se acercaba más a la investigación", recuerda.
En ese momento, se dio cuenta en esta asignatura que "era realmente lo que me gustaba". Luego llegó el máster y después la oportunidad de realizar las prácticas en el Ci2B, cuya directora era, precisamente, su profesora de bioelectrónica y hoy tutora.