Luis Antonio González posa con una cítara que compró en Praga junto a su colección de casi 800 instrumentos tradicionales
Luis, coleccionista, tiene casi 800 instrumentos tradicionales en casa: "Yo no fumo, entonces todo ese dinero está ahí"
El vallisoletano ha expuesto recientemente por primera vez alguna de sus piezas en la novena edición del Fonsofolk de La Cistérniga. Lleva más de cuatro décadas construyendo este particular museo privado.
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Al otro lado de la puerta aparece, en una mañana nublada, Luis Antonio González (28-5-1968, Valladolid). El habitual apretón de manos da paso a una invitación para que nos adentremos en su casa. Es sencilla, sin aparentes lujos ni nada fuera de lo normal.
Cierto es que llegamos con la sorpresa desvelada, pero en ninguna de las estancias que hemos visto, o al menos no nos hemos percatado, deja entrever el particular museo privado que este profesional de la industria farmacéutica lleva construyendo desde hace 45 años.
Finalmente, nos topamos con tres puertas formando un triángulo. Todas ellas cerradas, dos a los laterales y una de frente. No hay salida, es una de esas. La situación en un ambiente de cordialidad, evidentemente, no invita a jugar a las probabilidades, era un 33% la posibilidad de acertar, pero es el propio Luis Antonio quien rápidamente desvela la joya.
Parte de la colección de instrumentos tradicionales de Luis Antonio González
La puerta se abre y de un plumazo se disipan las dudas de cómo es posible meter casi 800 instrumentos tradicionales en una única estancia. Parece difícil, pero es posible. Y eso que tampoco la habitación es excesivamente amplia en metros cuadrados.
La tenue luz amarillenta resalta el marrón, en distintas tonalidades, que impera en la gran mayoría de las piezas. Más allá de alguna dulzaina, ukelele, tambor o acordeón es difícil identificar todos los instrumentos si no se tiene un mínimo conocimiento.
"No lo sé porque no estoy en la rueda (oficialista), pero estoy seguro que sí soy de los mayores coleccionistas de instrumentos tradicionales de Castilla y León", reconoce. Para hacernos una idea, el Aula Museo del cantautor Paco Díez en Mucientes cuenta con 400 piezas. Si se le suma las que no están expuestas, la colección ronda las 600, explica Luis Antonio que, por cierto, es muy amigo del folclorista.
Han pasado pocos días desde que el vallisoletano ha expuesto por primera vez su colección al público. Fue en la novena edición del Fonsofolk de La Cistérniga. Precisamente, fue la rueda de presentación de esta cita la que nos hizo descubrir su historia. "Ha sido enormemente positiva. Han pasado muchísimos niños, son como esponjas. Querían que tocara todos los instrumentos", relata.
"Les puedo hacer sonar, otra cosa es tocarles bien", aclara entre risas. Su vida profesional está alejada de la música. Ya se ha contado que se dedica a la industria farmacéutica. Pero ha estado íntimamente ligado al mundo instrumental y de las bandas toda su vida.
Luis Antonio ha visitado 56 países en todo el mundo, en los que ha comprado al menos un instrumento tradicional en la gran mayoría de ellos
Con apenas 13 años ya formaba parte de un grupo de música, con el que participó en un festival. El más duradero fue Adalid, con quienes estuvo en activo entre 1986 y el 2001, con disco incluido en 1992. "El último concierto que di, con Luis Pastor y Pablo Guerrero, creo que fue el mejor, de forma casual", recuerda.
Fue esa "pasión por la música" lo que despertó en Luis Antonio ese afán por el coleccionismo. Aunque él, no obstante, no se considera coleccionista como tal. Y eso que también cuenta con una colección de 30.000 archivos de CD's, vinilos y cintas de caset de música tradicional.
"Coleccionista es el que está buscando siempre y yo me voy dejando guiar por lo que veo, por lo que me gusta. Si hay algo que me gusta y que me encaja no puedo evitar comprarlo, me parece que me está pidiendo a mí", señala
El primer instrumento
Hay que remontarse varias décadas para encontrar el origen de la colección. Luis Antonio tenía entre 12 y 13 años. Él era de La Rondilla y en la Plaza de Federico Wattenberg había un concierto de Gwendall, un grupo de música celta y bretona. Un grupo que, además, sigue en activo y al que el coleccionista estuvo el pasado año viendo en Cantabria.
"Iba a casa con mis amigos y yo no había oído música celta en mi vida. Aluciné con aquel concierto.Tocaban ese arpa de boca y a través de un micrófono eso suena de la de dios", recuerda.
Por primera vez, la colección privada de Luis Antonio ha sido expuesta al público en La Cistérniga
No dudó en preguntar a su profesor de música y este le indicó dónde podía encontrar aquel instrumento, en una pequeña tienda de música que hoy ya no existe. Al día siguiente lo compró. Esta fue la semilla de lo que es hoy toda la colección.
Lo que no se imaginaba Luis Antonio es llegar a las cifras actuales. "Una colección y más de este tipo no tiene límite", apunta. Este hobby también le ha permitido juntarlo con otra de sus pasiones, que es viajar. Ha estado en 56 países diferentes y calcula que en unos 50 ha comprado instrumentos. Y en varios ha repetido.
"No voy a Japón, que es un país que aún no conozco pero conoceré, a comprarme una flauta japonesa. Pero estaré siempre en cualquier calle buscando algún instrumento tradicional", explica.
Los casi 800 instrumentos están en una habitación de la casa de Luis Antonio
Reconoce que alguna vez ha comprado por internet, piezas muy concretas como alguna cítara, pero es algo que no le gusta. Porque pierde la esencia. "La historia del instrumento para mí tiene importancia. Si yo le compro a una persona por internet, la historia la tiene esa persona, no yo", puntualiza.
Cada instrumento que tiene, sin excepción, cuenta con una ficha digitalizada. "Tengo hecho, uno por uno, un archivo, con una fotografía y a cada uno le he dedicado su pequeña historia", desvela.
Historias como la de una cítara que compró en Praga (República Checa). "Vino conmigo mucho tiempo porque luego fui a Budapest y Berlín. Todo ese trayecto en los trenes venía conmigo. Es un instrumento que tiene historia y estéticamente es muy bonito", señala, admitiendo que para él es el más especial de la colección.
En cuanto a raro, cree que es un órgano de boca de Japón. "Tiene muchos tubos, es muy difícil de tocar, yo le he hecho sonar solo, y probablemente es de los más extraños", explica.
La variedad y origen de su colección es tan variopinta, que incluso hay algún instrumento que el propio Luis Antonio no conoce el nombre exacto. "Alguno de los que llevé a la muestra es una rababa, pero el nombre exactamente no me lo dijo ni siquiera el constructor que estaba haciendo instrumentos similares", matiza.
Una cítara que compró en Praga es uno de los instrumentos que con más cariño guarda el vallisoletano
Sobre instrumentos que se le resistan, por un lado está la zanfona. "No tengo ninguna. He tenido en mis manos de comprarla, pero estoy esperando porque la que compre la quiero utilizar", reconoce. Por otro, está un rabel que encontró en Tailandia.
Este es un instrumento de cuerda que es tradicional sobre todo en el norte de Palencia y en Cantabria. Luis Antonio tiene cuatro ya y el que encontró en el país asiático era muy similar a uno de los que tenía. "Con la distancia que hay, evidentemente se lo quise comprar a la señora", recuerda.
Pero no fue capaz de alcanzar un acuerdo. "Me decía un precio como 100 veces de lo que podía valer el rabel aquí y yo tenía muy poco tiempo porque estaba en una excursión. Allí quedó y ahí quedó la espinita. Si vuelvo a Tailandia iré al sitio, lógicamente no va a estar el rabel, pero iré a verlo (la tienda)", asegura.
Primera exposición
Los pasados días 15, 16 y 17 de enero, La Cistérniga (Valladolid) celebró la novena edición del Fonsofolk. Un festival de música tradicional ya consolidado en el calendario cultural de la provincia. Fue Paco Díez quien convenció a Luis Antonio para sacar por primera vez los instrumentos de su casa y enseñárselos a la gente.
"Vino y me dijo, esto lo tienes que mostrar. No era algo que yo buscara ni lo busco, si surge la oportunidad no me niego a ello", puntualiza. Fue allí donde, los más pequeños, con su inocencia, aunque tampoco vamos a ocultar que es una pregunta también hecha por este periódico, le preguntaron cuánto ha tenido que invertir, en dinero, para conformar la colección.
Luis Antonio lleva más de 40 años coleccionando instrumentos musicales
"Yo no he fumado nunca. Entonces todo ese dinero está en los instrumentos", desvela con ironía. De todas formas, admite que tampoco tiene hecho el cálculo del dinero invertido, aunque cree que "tampoco es excesivo". Precisamente, porque muchos de las piezas son vendidas por particulares que "no saben lo que tienen o que quieren desprenderse de las cosas". "El último acordeón me lo he comprado por 70 euros. Si se pone a la venta multiplicaría por mucho ese valor", garantiza.
De La Cistérniga a Luis Antonio le han surgido más oportunidades para exponer su colección. Incluso tiene una propuesta para hacer "exposición fija durante un año en algún sitio". Pero tampoco nos aclara si lo ha aceptado. En cualquier caso, lo que es seguro es que la colección de este vallisoletano seguirá creciendo.
Los límites no existen en los instrumentos tradicionales y, mientras tanto, el particular museo privado de Luis Antonio será una joya que, a buen seguro, se mantendrá durante muchos años. Habrá que esperar a ver si vuelve a surgir la oportunidad para poder descubrirla en alguna muestra.