Delphine en L'île Aux Moines
Delphine (46), de un pueblo francés a uno vallisoletano por amor: "El día de la boda fue el más especial de mi vida"
La francesa conoció a su marido gracias a un hermanamiento que llevan a cabo dos localidades que llevan unidas más de 35 años después.
Más información: Unas espectaculares luminarias LED para ahorrar en la factura de la luz de un pueblo vallisoletano: “Los vecinos están encantados”
Era el 25 de febrero de 1989 cuando el municipio vallisoletano de Pedrajas de San Esteban solicitaba a la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias) realizar intercambios. Solicitaba para cubrir los mismos, por orden de preferencia, hacerlo con localidades italianas, griegas o francesas.
El 30 de junio de ese mismo año, el pueblo pucelano recibía un comunicado de Saint-Nolff, una pequeña localidad francesa que realizaba una proposición formal para comenzar con dichos intercambios.
Unos días más tarde, en concreto el 17 de julio de 1989, se aprobaba en la Comisión de Bienestar Social, por unidad de todos los componentes, el hermanamiento de Saint-Nolff con Pedrajas. Dos días más tarde, se ponía en conocimiento del ayuntamiento de la localidad francesa el acuerdo.
El primer viaje realizado por los españoles a tierras francesas estuvo formado por una expedición formada por el alcalde, el teniente de alcalde, grupos de baile y tuna. Un total de 40 personas durante las fiestas tradicionales de los carnavales de la localidad.
Mientras que el primer intercambio cultural se realizó en 1990. Entre el 2 y 16 de julio, formado por 27 jóvenes y tres monitores, todos de Pedrajas. Después fueron los franceses los que visitaron el pueblo pucelano por un tiempo similar.
Delphine Gabillet es una mujer francesa de 46 años, nacida en Vannes, en la Bretaña Francesa, pero que vivió durante 20 años en Saint-Nolff. Gracias a este hermanamiento y a causa de estos intercambios conoció el amor y se trasladó a Pedrajas de San Esteban para formar su proyecto de vida.
Conocemos más a fondo una preciosa historia, que no tienen desperdicio. Delphine cuenta todos los detalles de la misma a EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Delphine en L'île de Saint-Cado
De un intercambio a Pedrajas por amor
“Me defino como una persona muy altruista que mira mucho por los demás. No mido, lo doy todo. Muy amiga de mis amigos, Tengo un gran temperamento y soy una persona exigente, alegre y familiar”, explica Delphine Gabillet en declaraciones a este periódico.
Ella nació en Vannes, pero su pueblo es Saint-Nolff, donde vivió hasta que tenía 20 años. Una zona en la que, desde el minuto uno descubrió todos los encantos del mundo rural. De hecho, creció entre animales y cosechas ya que sus abuelos eran ganaderos.
Amante de la música, de un buen paseo y de la jardinería y la cocina, nuestra entrevistada, de pequeña, soñaba con ser guía turística o azafata. Completó con casi 20 años la selectividad y participó en los intercambios del hermanamiento que fructificó entre Pedrajas y Saint-Nolff.
“Tuve la suerte de que, en ese hermanamiento, mi padre era el teniente de alcalde de Saint-Nolff. De 1991 hasta 1999 participo en todos estos intercambios. Además, voy a Pedrajas, fundamentalmente a las Fiestas de San Agustín, con mis padres y mi hermana. El que es mi actual marido se fijó en mí desde que vino, por primera vez, en el 91. Por aquel entonces él tenía 11 años y yo 12”, nos explica nuestra entrevistada.
No sería hasta 1996 cuando ambos formalizaron la relación. A distancia primero y antes de que Delphine decida mudarse a trabajar a Valladolid viviendo en Pedrajas cerca del año 2000.
La boda en Pedrajas
“En 1999 salgo de mi pueblo francés para estudiar un Grado Superior en Comercio Internacional. Encontré trabajo finalmente y me fui a vivir con Jorge, el que era mi pareja y que ahora es mi marido, en 1999. En el 2000 alquilamos un piso en Pedrajas y ahí cerramos la relación a distancia para comenzar a convivir”, añade nuestra entrevistada.
Entre el año 2000 y el 2007, trabajó para una firma textil, después para una cosmética y sería en el año 2016 cuando comenzó a trabajar junto al que es ahora su marido y lo decimos porque ambos se casaron en 2005.
“Ese año nos casamos. Lo hicimos en Pedrajas porque se tenía que desplazar menos gente desde Francia que al revés. Ahora tengo dos hijos, Pablo, el mayor, con 18 años y Alba, con 15. El día de la boda fue el más especial de mi vida”, confiesa.
Imagen de Delphine en Valladolid junto al teatro Calderón
Delphine es, además, concejala de Cultura en el Ayuntamiento de Pedrajas de San Esteban y busca “dar solución a los problemas de los vecinos cada día”.
Amante del mundo rural
“Siempre hablo de mi pueblo. Me encanta el mundo rural. Mis abuelos eran ganaderos, mis padres plantaban árboles en el bosque. Siempre he estado muy ligada a los pueblos y a las cosas sencillas”, añade Delphine.
Se acuerda mucho de Saint-Nolff, pero está muy feliz en Pedrajas de San Esteban porque, allí, todo el mundo se conoce. Hay calidad de vida y se puede disfrutar de la naturaleza y del aire más puro que proporciona el medio rural.
Imagen de Delphine en L'île de Saint-Cado
“En los pueblos se vive muy bien. Pedrajas es un pueblo con mucha vida social, cultura y que programa muchas actividades a lo largo del año. Es el mejor lugar para vivir”, apunta Delphine.
Mirando al futuro tiene claro que su deseo pasa por ver cómo sus hijos “pueden quedarse viviendo” en el lugar. Tanto ella como su marido no se plantean marcharse a ningún otro sitio.