Eduardo Gutiérrez, investigador vallisoletano trabajando en Suiza.

Eduardo Gutiérrez, investigador vallisoletano trabajando en Suiza. Foto cedida

Valladolid

Edu, investigador vallisoletano en Suiza: "Cobro el mínimo, pago 1.000 euros de alquiler, tengo coche y puedo ahorrar"

El joven de 29 años vive junto a su pareja, está terminando su doctorado en ingeniería mecánica de estructuras y reconoce que este país es un "paraíso que no tiene sentido": "Tiene una naturaleza absolutamente increíble".

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Durante el ecuador de sus estudios de grado en la Universidad de Valladolid (UVa) se despertó su interés por Suiza. Fue en una estancia veraniega en Portsmouth (Inglaterra) para aprender inglés. Allí conoció a "gente de todo el mundo", entre ellos ciudadanos que procedían del pleno corazón de Europa central.

Eduardo Gutiérrez Prieto (9-1-1996, Valladolid) es uno de los tantos miles de jóvenes que engordan la cifra del talento que migra fuera de España y Castilla y León. Movido por un espíritu aventurero internacional, pero también atraído por las condiciones laborales en el exterior, lleva en Suiza desde 2021.

Es graduado en Ingeniería Mecánica por la UVa y desde bien temprano decidió salir de España para forjarse un futuro. Tiene un máster por la Universidad de Delft (Países Bajos) y actualmente se encuentra en la recta final de su doctorado en ingeniería mecánica de estructuras en la Escuela Politécnica Federal de Lausana.

En Suiza ha encontrado una realidad difícil de igualar, al menos de momento, en nuestro país. Allí cobra el sueldo mínimo, paga alrededor de 1.000 euros de alquiler, ya que va a medias con su pareja, por un piso con tres habitaciones, plaza de aparcamiento, baño y jardín compartido, dispone de coche propio y todo ello le permite no llegar ahogado a final de mes.

"Puedo ahorrar", reconoce a EL ESPAÑOL - Noticias de Castilla y León. Y aunque allí la vida es "muy cara", especialmente si nos referimos a la hostelería, lo cierto es que los sueldos mínimos, que dependen del cantón donde residas, son "tres o cuatro veces superiores a España".

Ahora bien, si nos referimos a la alimentación, la diferencia con nuestro país es alrededor de 1,5 veces más caro. Por lo que compensa la diferencia. Eduardo también reconoce que se puede permitir acceder a actividades de ocio que le gustan como ir a esquiar.

"Con el sueldo mínimo puedes vivir bien y la naturaleza es increíble. Es como un paraíso que no tiene sentido", reconoce este joven investigador vallisoletano. Él "tenía claro" que en algún momento de su vida quería vivir en Suiza. Se lo planteó para cursar su máster, pero en ese momento afrontar los gastos no era una opción que barajase.

Ya con el doctorado, la opción de Suiza se reabrió porque, a diferencia de otros sitios, "te pagan decentemente por hacerlo". "En muchos países te dan un sueldo mínimo, que te da para vivir pero tampoco para ahorrar ni hacer mucho", señala.

"Aquí no soy rico, no estoy haciendo un dineral, pero se vive bien", reitera el investigador doctoral vallisoletano.

Él se define como una persona que, además, le gusta "estar solo, salir por ahí a dar vueltas". Tampoco necesita "estar siempre con mis amigos bebiendo cervezas". "Entonces para mí este sitio es idóneo", insiste.

Y es la oferta de la naturaleza otro de los grandes atractivos que ha encontrado en Suiza. "En 40 minutos te plantas en plenos Alpes o en una hora puedes estar en un glaciar. Eso es increíble", relata.

A nivel laboral, resalta que "hay muchísimo dinero", hasta el punto de que es "absurdo" lo que hay en su universidad. Eso les permite trabajar con recursos inimaginables. "Tenemos máquinas y cosas solo para nosotros. Es para que lo viese más gente porque están la mitad del tiempo paradas", reconoce.

Un país donde también asegura que "hay mucho talento" porque "paga muy bien a los profesores". "Hay una combinación de que hay gente muy lista, un montón de dinero para investigar y una naturaleza increíble. Para mí era perfecto", señala Eduardo.

Hasta llegar a Suiza

Antes de llegar a Suiza, la trayectoria de Eduardo no estuvo exenta de aventuras y, sobre todo, un camino forjado a fuego lento, donde en su propia experiencia personal fue descubriendo poco a poco hacia donde orientar su trayectoria profesional.

En su estancia de verano en Inglaterra se percató de que todos sus compañeros "hacían un montón de cosas". Estaban adheridos a asociaciones y proyectos y todo ello motivó a este vallisoletano a apuntarse tras su vuelta a España a un equipo universitario para desarrollar un coche de fórmula 1.

A la postre, sin embargo, la financiación se acabó y el proyecto se canceló. Pero de ahí surgió la oportunidad de que entrase a formar parte de la asociación BEST. "Fue la mecha que inició todo", aclara. Su participación aquí le llevó a conocer a mucha más gente que le interesaba la ingeniería y empezó a hacer viajes internacionales.

Mientras tanto, en lo académico le seguía yendo bien y consiguió una beca de investigación para su Trabajo de Fin de Grado (TFG) sobre ciencia de materiales. Sin tan siquiera llegar a graduarse, logró trabajo en una pequeña empresa en la que terminó de desarrollarse como investigador, donde le dieron "mucha confianza y responsabilidades".

Con este poso profesional ya bajo el brazo y recién graduado, llegó el máster en los Países Bajos. "Quería ir a un sitio en Europa, una buena universidad, con un poco de renombre y que no fuera muy caro. En la de Delft hubo un par de amigos que no les habían admitido y me picó a mí el que sí que me podían coger", relata.

Así es como terminó siendo admitido en una de las "mejores universidades de Europa" en su rama. Luego llegó el Covid y, al tener mucho tiempo libre, pudo colaborar con uno de sus profesores. "Me motivó a seguir queriendo ser científico. Me dijo que era el prototipo de persona al que le gustaría el arte del mundo académico", recuerda.

Fue este mismo profesor del máster quien le puso en contacto con quien es hoy su jefe. Tras una entrevista vía zoom y conocer al equipo de investigación suizo, a la semana tenía "la oferta y a empezar".

Dedica el 80% de su jornada laboral a investigar y el 20% restante se desempeña como profesor asistente. Ha encontrado no solo mejores condiciones laborales, sino que también se invierte mucho más en este sector que en la gran mayoría de países.

"Suiza es muy especial. Han decidido hace unos cuantos años que necesitamos ser fuertes en investigación y crearon dos instituciones, una en la parte francesa y otra en la alemana. Yo estoy en la primera. El dinero les viene directos del Estado, que les da millones y no necesitan más financiación exterior, quizás por si quieren un dinero extra", cuenta.

Un contexto que les permite "investigar en cosas que a lo mejor la gente considera que no van a ningún sitio o que no están de moda ahora mismo", según añade. En otras palabras, investigación a largo plazo, lo que se traduce en un adelanto al futuro con un recorrido que, llegado al momento, ya estará realizado.

A Eduardo le queda, como mínimo, hasta marzo de 2026 en Suiza. A partir de ese momento, tras cinco años el doctorado lo finalizará y tendrá que emprender una nueva aventura profesional. Reconoce que quiere salirse de la parte académica y centrarse en la investigación industrial.

Aún no sabe si seguirá siendo en Suiza u optará por marcharse a Noruega, otro país "muy similar". "No nos gusta el calor a ninguno de los dos y queremos estar en un país que te permita vivir bien económicamente", apunta.

Mientras tanto, la vida de este investigador español sigue afianzándose con paso firme en el país centroeuropeo. Con unas condiciones que mejoran sustancialmente la realidad de España y que ha apostado por el desarrollo en ciencia como uno de los pilares fundamentales de su sociedad.