Valladolid

Recordando la brillante etapa en el toreo de Santiago Castro 'Luguillano'

23 marzo, 2018 20:19

Siempre es un placer charlar con el Maestro Santiago “Luguillano”; su entusiasmo contagia y cuando te va explicando su toreo y su gran historia, aunque corta en el tiempo, te va embriagando de emoción. Sobre todo cuando se pone a explicar, servilleta o un trozo de papel en mano, como se coloca la muleta para que embistan los toros…

Todo un primor escuchar a este gran Maestro del toreo que, en pleno esplendor, una fuerte cornada en la parte posterior de la pierna lo apartó de los ruedos. Triste. Luego dicen de la suerte en el toreo. En el caso del Maestro la mala suerte se cebó con él, a pesar de llevar siempre consigo a la Virgen de Luguillas, patrona de su Mojados natal.

Mi encuentro con el Maestro - tercera o cuarta vez que visito su casa- fue para hacerme con unas fotografías que mi amigo Paco Cañamero le había encargado. Cañamero prepara otro libro que se titulará “Tauromaquias de Castilla” y en él recogerá las semblanzas de los 40 grandes toreros de Castilla y León en el siglo XX. La obra, enésima de este prolífico escritor salmantino, será presentada en el coliseo venteño el próximo 18 de mayo.

Volviendo al Maestro, recordemos que tomó la alternativa en Castellón un 2 de agosto de 1964 con Antonio Bienvenida de padrino y el venezolano César Girón como testigo. La corrida fue de Antonio Pérez Tabernero y el diestro de Mojados cortó una oreja Serán, pues, 54 años de esta efemérides.

Antes había triunfado de novillero dando la vuelta a España y toreando en cosos de categoría bajo la dirección de su hermano mayor y fundador de la saga de los Luguillano. Hablamos de Clemente Castro “Luguillano el Grande” como se anunciaba en los carteles; novillero, empresario, ganadero y apoderado. Incansable y batallador el bueno de Clemente, al que desde estas líneas deseamos su pronta mejoría.

Santiago, de novillero, salió cinco veces por la Puerta Grande del coso venteño y otras tres consecutivas de matador, algo que nunca había ocurrido en Las Ventas del Espíritu Santo hasta veintitrés años después, que lo haría el colombiano César Rincón.

Estos triunfos en Madrid se desarrollaron en tres mano a mano con “El Puri” y de ahí salieron catapultados ambos diestros. Sobre todo Santiago, al que don Livinio Stuick (empresario que creara la feria de San Isidro) le firmó una exclusiva de 25 corridas de toros. El diestro de Mojados estaba de boca en boca de los aficionados; había un runrun en torno a él por su forma de expresar el toreo, por su valentía y por sus triunfos.

En 1965 sufre la primera cogida y no reaparece hasta dos años y medio más tarde. Antes lo hace de forma precipitada y recibe otra cornada en Figueras, por lo que los galenos le prohíben tajantemente volver a torear.

Una de las fechas que no olvidará jamás fue un 6 de agosto de 1967 cuando le cortó tres orejas a una corrida muy seria de Infante de la Cámara. “Santos- me dice el Maestro- fueron 150.000 pesetas las que cobré aquella tarde, jamás pude pensar que llegaría ese momento”.

Destacamos un párrafo de Díaz-Cañabate, en ABC: “Luguillano” y “El Puri” cortaron seis orejas entre los dos. A tres por barba, ya está bien. Ni seré yo el que en esta ocasión se las regatee. Son muchachos que torean poco. El domingo en Madrid torearon mucho”.

Se retiró definitivamente de los ruedos en la plaza de Barcelona, en 1969, como consecuencia de las secuelas que le quedaron de aquella cornada que le infirió un toro de Guardiola en Las Ventas. El Maestro me contó infinidad de cosas, algunas impublicables por respeto hacia él. Pero no he de callar la calidad humana de este gran diestro que apenas ganó dinero con el toro. Lo tuvo en la mano por los ofrecimientos de apoderamiento de la Casa Chopera, pero la grave cornada….

Hablamos de mil cosas y salieron los hijos y los nietos…. Y de pronto me enseña una foto: “Es mi hija Teresa. Y mira como torea”. El Maestro fue detallando la postura de Tere con la becerra de Trifino; “los pies juntitos- me dijo- y la muleta adelantada para llevarla hasta la cadera”….Tere es bibliotecaria y reside en Alcañiz. De los seis que tiene el Maestro, Tere es la única que aficionada al toro, al menos practicante.

A la hora de hacer las fotos de rigor eligió, por encima de todas, una con el fondo de sus padres (salmantino su padre y de Iscar su madre); luego posó con los trofeos de la Real Federación Taurina donde fue homenajeado junto a “El Puri” hace unos años. Y otra que luce elegante vestido de luces presidiendo su salón del piso de Huerta del Rey; es un retrato que le hizo el pintor e ilustrador vallisoletano Miguel Angel Soria, de arraigada familia taurina.

Estuvimos contemplando las distintas fotos que iban para el libro de Cañamero y, según las iba pasando, se acordaba perfectamente de cada fecha, de cada corrida, de los compañeros, de las ganaderías. Memoria privilegiada que tienen los toreros; además como lo cuenta Santiago es un deleite escucharle. Es como un master en Tauromaquia aprendido en dos horas….

De todas los hierros que lidió en sus seis años de carrera- tres postrado en el lecho del dolor- recordó uno por encima de todos: “La mejor corrida de toros que he matado y con la que me sentí más a gusto- me dice entusiasmado el Maestro- fue en Guijuelo con Orteguita y Serranito con un encierro de “El Raboso” un 8 de septiembre de 1964. Salió extraordinaria y, además, -recalca- era su debut con corridas de toros; todos en hombros”.

El Maestro me acompañó hasta mi casa en el Paseo de Zorrilla y luego se volvió andando hasta Huerta del Rey. “Legrá, el boxeador, que tuvo una clínica de rehabilitación- me decía un Santiago exultante- me recomendó andar muy deprisa, porque, Santos, los médicos auguraron que debido a la atrofia podría perder la pierna; y, por una serie de circunstancias, me dejaron cojo... Pero aquí estoy con más fuerza que nunca. Ahora hago caso a Legrá y ando mucho”.

Y se le nota al Maestro su fortaleza, porque, a sus 76 años, aún sigue al pie del negocio de las carnicerías que montó tras el percance del toro, ayudando a sus hijos y repartiendo los pedidos como un quinceañero. Su afición es tal - y su fortaleza física- que hace un año se puso delante de una becerra de César Mata (Toros de Tierz) causando una auténtica sensación ante los aficionados prácticos que comandaba Felipe Romero. Hasta hace poco tiempo ha sido el director de la escuela taurina de Rioseco, ilustrando con su tauromaquia a los incipientes becerristas.

La saga de los “Luguillano” sigue viva con el último dinástico: David Castro, “Luguillano”, torero barroco y pinturero que sigue anunciándose en multitud de festivales y con éxito tras 28 años de alternativa. Su hermano Jorge -se iniciaron juntos en el toro- tuvo que dejarlo por un problema de salud, aunque ha seguido manteniendo contactos con el mundo taurino.

Atrás quedan los recuerdos del otro hermano del Maestro: Eduardo; anunciado en los carteles como Juan Carlos Castro “Luguillano Chico”- tristemente desaparecido a temprana edad- que tomó una alternativa de lujo un septiembre de 1971, en Valladolid, con Diego Puerta y Manuel Benítez “El Cordobés”, con astados de Salvador Guardiola.

Con todos los sinsabores que la vida le ha ido dando, el Maestro Santiago Castro “Luguillano” sigue con su sonrisa a flor de piel y dando, siempre, lo mejor de sí mismo, además de darle a su vida, un sabor menos amargo, quizás hasta dulce.

Y al parecer ha seguido al pie de la letra lo que decía el poeta y dramaturgo norteamericano T.S. Eliot: Si no tienes fuerza para imponer tus propias condiciones a la vida, debes aceptar las que ella te ofrece.

Un abrazo, Maestro.