Javier Grandes, Teo Lázaro y Ramón Rey, en las tertulias del encierro de San Fermín en el Hotel Maisonnave de Pamplona

Javier Grandes, Teo Lázaro y Ramón Rey, en las tertulias del encierro de San Fermín en el Hotel Maisonnave de Pamplona Jaime González

Salamanca

Ramón Rey y Javier Grandes: los salmantinos encargados de organizar las tertulias del encierro de San Fermín

Tras décadas enfrentándose a los toros, el corredor convertido en divulgador impulsa un espacio taurino de referencia donde se analiza la verdad del festejo popular con total franqueza.

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Salamanca y Valladolid tienen su cuartel general en el corazón de los Sanfermines.

Cada mañana, cuando el eco del cohete todavía resuena en las calles de Pamplona y los corredores aún sienten la adrenalina recorriendo sus venas, el Hotel Maisonnave se convierte en el epicentro de la tauromaquia popular.

Allí, mientras otros buscan el descanso tras la tensión del encierro, dos castellanos y leoneses, Ramón Rey Fernández y Javier Grandes Crespo, toman las riendas de una tertulia que se ha consolidado como una cita ineludible para cientos de aficionados y corredores de manera presencial y miles de personas de manera virtual, a través de la Plataforma de Facebook ‘De la Risa a la Tragedia’ en directo cada mañana.

El Hotel Maisonnave se ha consolidado como el epicentro intelectual de la tauromaquia popular, un refugio donde cada mañana, a partir de las nueve, el poso del encierro se analiza con rigor y pasión.

Bajo la batuta de Ramón Rey y Javier Grandes, estas tertulias organizadas por Acarte han logrado reunir a voces fundamentales del mundo taurino, convirtiéndose en una cita ineludible para cientos de corredores.

Por este singular foro han desfilado nombres propios de la historia ganadera, desde la maestría de Eduardo Miura, que protagonizó la jornada de ayer, hasta la profundidad en el análisis de Borja Domecq, de Jandilla, encargado de diseñar la crónica ganadera de hoy.

El prestigio de estos encuentros se ve realzado por la presencia fija cada mañana de Teo Lázaro, locutor de TVE, enciclopedia de los sanfermines y corredor habitual en multitud de plazas, que aporta su visión técnica sobre el asfalto, y por visitas de leyenda como la de Javier Solano; la voz mítica que durante décadas narró la emoción de Pamplona y que ayer volvió a unir a diferentes generaciones de aficionados en torno a la verdad del encierro.

Ramón Rey, salmantino de nacimiento, vallisoletano de adopción y pamplonés de corazón, confiesa que el veneno de estos días le entró en 1996 y desde entonces no ha podido soltarse.

Para él, esta pasión es una forma de vida que exige una disciplina casi espartana.

Los tiempos han cambiado, reconoce al repasar cómo el encierro se ha convertido en una disciplina para atletas de élite.

Ya no es aquel correr de fiesta que recordaba de sus inicios, sino un desafío físico que le obliga a entrenar hora y media cada día, elevando la exigencia a dos horas y media los sábados, para poder pelear un hueco frente a las astas.

La organización de estas tertulias, impulsada por la Asociación de Corredores, Aficionados y Recortadores de Toros de España (Acarte), es un trabajo titánico.

Ramón describe el proceso como un encierro constante: “el nudo gordiano del día es la carrera, que condiciona el estado de ánimo y la energía, pero al terminarla comienza la segunda parte del reto”.

La satisfacción de ver cómo miles de personas siguen el programa a través de las redes sociales y el reconocimiento de figuras del periodismo y familias ilustres de la fiesta compensan el cansancio acumulado.

Es, subraya, su “forma de devolverle al toro las satisfacciones que este le ha reportado”, manteniendo un espacio netamente taurino donde se habla con el corazón de castas, de lidia y de la verdad de la calle.

La jornada de este año, sin embargo, ha traído sus complicaciones.

Ramón confiesa “el sabor agridulce de los primeros días”, donde la frustración por no haber podido lucirse ante los astados se mezcló con un percance reciente.

En el encierro de esta mañana, mientras buscaba ese sitio privilegiado delante de los pitones, un tropiezo con un corredor caído le envió al suelo de forma fulminante.

A pesar de los sustos y de la dificultad creciente por la juventud y preparación de quienes comparten asfalto con él, mantiene la filosofía del corredor experimentado: unos días sale mejor y otros peor, pero lo que realmente importa es estar ahí.

El compromiso de estos dos paisanos con la difusión del festejo popular es total. Para Ramón, no se trata solo de correr, sino de estar, de mantener viva la llama de una tradición que considera innegociable.

Mientras los días de San Fermín avanzan, el Maisonnave sigue siendo el refugio donde se analiza la lidia, se debate sobre la pureza del encierro y donde el acento de Castilla y León se hace protagonista en el corazón de Navarra.

Cuando llegue el 14 de julio y el cansancio sea extremo, Ramón dirá que no lo volverá a hacer, pero su trayectoria demuestra que el compromiso con el toro es un encierro que, para él, nunca termina.