Antonio, bailando con su profesora Jenny.

Antonio, bailando con su profesora Jenny. Cedida.

Salamanca

Antonio, el 'huracán' de 86 años que baila salsa en Salamanca: "Es un ejemplo de vida, tiene mejor ritmo que los jóvenes"

Fue funcionario de Correos y nació en plena posguerra, pero hoy es una estrella viral en redes sociales. Sus profesores, los cubanos Javier y Jenny, revelan la historia detrás del hombre que ha cambiado el bastón por la bachata y la natación.

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Hay personas que deciden que la vejez es un lugar de descanso, y luego está Antonio Cubero. A sus casi 86 años, este salmantino de pura cepa, nacido en 1940 entre los ecos de la posguerra, ha decidido que la vida se vive mejor a ritmo de clave cubana.

Ni el Covid, ni los problemas de espalda, ni el paso implacable de las décadas han logrado frenar a un hombre que cada miércoles se presenta en la Avenida de Villamayor para darlo todo en la pista.

“Lleva con nosotros casi 20 años. Empezó allá por 2008 y, aunque lo dejó un tiempito, siempre vuelve. Es un fenómeno”, explica Javier Óscar Jiménez, su profesor de baile, quien junto a su pareja Jenny Alvelo, lidera la resistencia salsera en Salamanca. Dando clases ambos en la escuela Élite Fitdance, sita en la calle Cuarta, junto a la Avenida Villamayor.

Antonio con su profesor, Javier Óscar Jiménez.

Antonio con su profesor, Javier Óscar Jiménez. Cedida.

Ambos, llegados desde Cuba, han encontrado en Antonio no solo a un alumno fiel, sino a un símbolo de lo que significa mantenerse en pie.

Dos horas de baile, natación y "mucho oído"

Antonio no es un alumno cualquiera. Mientras muchos a su edad cuentan los minutos para sentarse, él se mete entre pecho y espalda dos horas seguidas de clase cada miércoles, de 19:30 a 21:30.

"Primero bachata y luego salsa, que es lo que más le gusta", cuenta Javier con admiración. "Y cuidado, que tiene mejor oído musical y mejor ritmo que muchos jóvenes. La coordinación que tiene a su edad es increíble".

Pero el secreto de su agilidad no solo está en la pista. Antonio es un deportista total: además de caminar por toda la ciudad, sigue yendo a nadar y hace sus largos en la piscina. Ni siquiera los baches de salud lo retiran.

Antonio Cubero en la Plaza Mayor de Salamanca.

Antonio Cubero en la Plaza Mayor de Salamanca. Cedida.

"Estuvo malito del estómago hace un año y pasó el Covid varias veces, pero ahí sigue, activo hasta el tapate", aseguran sus profesores.

Del despacho de Correos al estrellato en Instagram

La vida de Antonio antes de las luces de la discoteca era la de un funcionario ejemplar. Trabajó muchísimos años en Correos, donde ejercía como administrador o gestor de finanzas. "Se le daban muy bien los números", recuerda Javier.

Soltero de toda la vida y vecino del barrio de la calle Toro, Antonio vive con su hermana y guarda en su memoria las historias de una Salamanca que ya no existe, la de los años 40, cuando su padre vivía cerca de los antiguos cuarteles.

Ahora, esa sobriedad del funcionario ha dado paso a la espontaneidad del bailarín. Gracias a Javier y Jenny, Antonio se ha convertido en un fenómeno en redes sociales.

Antonio Cubero en el Capitolio Nacional de La Habana (Cuba).

Antonio Cubero en el Capitolio Nacional de La Habana (Cuba). Cedida.

"Subí un videíto de él con Jenny y se hizo viral. La gente lo ve y se vuelve loca, le tienen mucho cariño. Decidimos abrirle su propia cuenta de Instagram para llevarle un poquito las redes porque él no sabe subir las cosas, pero le encanta que la gente vea que bailar es vida".

"Si él puede con 86, ¿por qué tú no?"

Para Javier, Antonio es la respuesta definitiva a las excusas. "Cuando me llama alguien de 60 años preguntando si todavía puede aprender, siempre les digo lo mismo: 'Tengo a uno de 80 y pico que lleva 20 años conmigo, así que no me digas que tú no puedes'".

Aunque la espalda y el dolor en un brazo a veces le recuerdan los años y camina con la cabeza algo agachada, cuando la música empieza a sonar, Antonio se transforma. Ya se está preparando para la fiesta de fin de curso en junio, donde promete volver a dejar boquiabiertos a todos.

Porque Antonio no solo baila salsa; baila contra el tiempo, contra los prejuicios y a favor de una alegría que, en su caso, parece no tener fecha de caducidad. Es la belleza de la piedra de Villamayor mezclada con el ritmo de dos profesores de Cuba en pleno centro de Salamanca.