El sociólogo Iván Parro en la fuente del Castañar de Béjar (Salamanca).
"El trabajador quemado es una enfermedad real": el sociólogo Iván Parro analiza las sombras del mercado laboral actual
El escritor bejarano presenta 'Objetivo trabajar', una guía que combina el análisis sociológico con consejos prácticos para sobrevivir a la discriminación por edad y al estrés crónico en las empresas.
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Hay perfiles que reconcilian la lírica con la estadística, y el de Iván Parro es uno de ellos. Licenciado en Sociología por la Complutense y Premio Mundial de Poesía Golden Aster Book 2020, Parro es un bejarano de adopción —lleva más de 15 años en la ciudad textil— que ha sabido leer las cicatrices de su entorno para convertirlas en conocimiento.
Miembro de sociedades tan ilustres como la Hispánica Jules Verne o la Tolkien Española, su lema «Mi pasión es tu conocimiento» no es una frase vacía, se traduce en años de docencia orientada a desempleados y en una prolífica obra literaria.
En su último libro, Objetivo trabajar, Parro huye de los libros de autoayuda vacíos para ofrecer una radiografía cruda y útil de la realidad laboral.
Desde el análisis del 'trabajador quemado' hasta el uso del cómic clásico como espejo social, el autor conversa con nosotros sobre la identidad de Béjar, la crisis de valores en Occidente y la urgencia de moverse con inteligencia en un mundo donde el edadismo y la digitalización marcan las reglas del juego.
"Quedarse quieto esperando un empleo no es una opción"
Pregunta:- Lleva más de 15 años en Béjar. Como sociólogo, ¿cómo analiza la transformación de una ciudad que ha pasado de ser un motor textil a buscar una nueva identidad?
Respuesta:- Béjar está en un proceso de búsqueda de identidad. Desde que dejó de pasar el tren en 1985 y las fábricas textiles cerraron por la deslocalización, hemos sufrido mucho.
Pero hoy, gracias al turismo de entorno, la estación de esquí y el potencial de pueblos mágicos como Candelario, empezamos a visibilizar nuestro potencial. Béjar está despertando y yo me siento totalmente implicado en su vida social y cultural.
P.- En su último libro, Objetivo trabajar, aborda conceptos como el "síndrome del trabajador quemado". ¿Es hoy una epidemia en nuestras empresas?
R.- Está reconocido como enfermedad desde 2019. Es el resultado de un estrés crónico no gestionado con éxito. Afecta al trabajador implicado, al que le preocupa hacer las cosas bien pero no consigue un resultado adecuado por acoso, exceso de presión o mal ambiente.
Es una realidad que está afectando a muchísimos sectores y que deriva en cuadros de ansiedad y falta de motivación graves.
P.- También menciona el edadismo, un problema que en Salamanca parece ser especialmente acuciante.
R.- Los datos son alarmantes. Según informes recientes de Cruz Roja en Salamanca, el 44% de las personas en itinerarios laborales han sufrido discriminación por edad. En mayores de 45 años, la cifra sube al 58%.
El sociólogo Iván Parro
Es tremendo que a una persona mayor de 45 años solo se le dé la oportunidad de demostrar sus habilidades en el 23% de las ofertas. El edadismo sigue siendo una barrera invisible pero muy real en nuestra sociedad.
P.- ¿Qué le diría a alguien que está en el paro y siente que ha perdido el rumbo?
R.- Como dice Antolín Romero en el prólogo de mi libro: "no existen fórmulas mágicas". Pero lo que está claro es que no puedes quedarte parado ante el paro. Hay que moverse con inteligencia y energía. Hay que adentrarse en la formación, potenciar la imagen en redes sociales y contactar con profesionales.
Quedarse quietos esperando no es una opción; el camino al éxito profesional requiere explorar vías que a veces solo a ti se te ocurren.
P.- Usted es poeta galardonado y experto en ciberseguridad o sociología. ¿Qué le inspira más al escribir: el bien o el mal?
R.- Las dos cosas. Hay una eterna lucha entre las dos caras de la moneda que se refleja en mi obra. Pero, sobre todo, me mueve la esperanza de que otro mundo es posible. Creo firmemente en los Derechos Humanos y en que, al final, el ser humano se da cuenta de sus errores.
Ojalá que, más pronto que tarde, quienes trasladan el mal al mundo empiecen a trabajar en el sentido contrario.