La Hermandad Universitaria ultima los detalles para un nuevo Martes Santo.

La Hermandad Universitaria ultima los detalles para un nuevo Martes Santo.

Salamanca

Promesa de silencio y fe: la Hermandad Universitaria de Salamanca ultima los detalles para un nuevo Martes Santo

A lo largo de las décadas, la Hermandad ha sabido capear los cambios sociales manteniendo actos tan solemnes como la Promesa de Silencio en el Patio de Escuelas, un momento en el que la Universidad y la fe se funden en un solo compromiso ante el Crucificado.

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Detrás de la sobriedad que caracteriza al Martes Santo salmantino hay horas de trabajo callado, manos marcadas por el esfuerzo y nombres propios que, año tras año, cumplen con el ritual del montaje del paso, justo dos semanas antes del gran día para la Hermandad Universitaria.

En las entrañas de la Semana Santa de Salamanca, entre la Iglesia del Arrabal y La Clerecía, rostros conocidos como José Manuel Guarido 'Guari', el jefe de paso; Rubén Zazo, el hermano mayor; o colaboradores como Francisco e Iván, ultiman los detalles para que el Santísimo Cristo de la Luz y Nuestra Madre de la Sabiduría luzcan con el rigor que la ciudad espera.

Esta identidad de austeridad y conocimiento no es fruto del azar, sino de una historia que hunde sus raíces en la posguerra española.

La Hermandad nació en 1948 por iniciativa de un grupo de catedráticos y alumnos, con el apoyo del entonces rector de la USAL, Antonio Tovar, y de la Universidad Pontificia, con el objetivo de dotar a la Semana Santa charra de una impronta académica y penitencial.

Desde su primera salida procesional en 1950, la cofradía ha mantenido intacta su esencia: la túnica de estameña negra con el escudo de la Universidad, el cordón de esparto y el capirote romo, símbolos de una humildad que contrasta con la fastuosidad de otras tallas.

La historia de la Hermandad es rica, pero no tanto como la de sus sagrados titulares. El Santísimo Cristo de la Luz es una obra anónima del siglo XVII que desprende una unción sagrada única, mientras que Nuestra Madre de la Sabiduría, también barroca, completa un conjunto que procesiona sobre unas andas que son auténticas joyas de la sobriedad castellana.

A lo largo de las décadas, la Hermandad ha sabido capear los cambios sociales manteniendo actos tan solemnes como la Promesa de Silencio en el Patio de Escuelas, un momento en el que la Universidad y la fe se funden en un solo compromiso ante el Crucificado.

Entre el ajetreo del montaje se encuentra Iván, un veterano cuya historia resume el sentir de muchos cofrades. Aunque su vinculación con la música en la Pontificia venía de lejos, fue en 2008 cuando decidió dar el paso definitivo para convertirse en hermano.

"Tuve una experiencia de vida de esas que llaman, un suceso personal en la familia, y dije que si se resolvía bien, me hacía de la cofradía", relata con la sinceridad de quien no necesita artificios.

La cofradía de la "naturalidad"

Para Iván, lo que hace especial a la Universitaria es su esencia alejada de las "parafernalias". "Es la cofradía más normal de todas las que hay. No busca aparentar ni sobresalir, y precisamente sobresale por cómo es", explica.

Esa autenticidad llega al punto de que, según confiesa, apenas ensayan el paso: "Es algo natural, un espíritu de pensamiento y conocimiento que me parece crucial".

Esa naturalidad se transforma en sacrificio físico cuando llega el momento de cargar. Iván, que lleva más de diez años bajo el paso, reconoce que la procesión es "dura" y que el peso de los kilos se nota especialmente a mitad del recorrido.

"Cuando te queda media procesión y ya pesa... ahí se nota. Pero una vez pasas el ecuador, sacas fuerzas de flaqueza", comenta.

El tramo más largo y el momento más íntimo

En el mapa emocional de la procesión, la Rúa Mayor aparece como el gran desafío: "La Rúa es muy larga, larguísima. Cuando ves el final y empiezas a torcer, ya sabes que vas a terminar y se lleva mejor".

Para este hermano de carga, el momento que justifica todo el esfuerzo es el paso por la calle 24 de Octubre. "Esa bajada es maravillosa porque yo vivo ahí. El momento en que pasa por mi casa es especial", confiesa con emoción.

La Hermandad Universitaria mantiene su fidelidad a una estética austera, alejada del bullicio de la Plaza Mayor, por la que la Hermandad ha sido una de las primeras en dejar de pasar —cuando ahora todas pasan— priorizando el respeto y el silencio.

Para Iván, al final, lo que queda es el colectivo: "Lo que enseña esto es que, aunque somos individualidades, somos un colectivo. El que puede ayudar, ayuda".

Con el montaje ya casi listo, los hermanos esperan ya el momento de llegada de un nuevo Martes Santo, con el deseo de que no llueva y poder volver a demostrar que la verdadera personalidad de una cofradía no está en lo que muestra, sino en lo que siente.