Primera jornada de la matanza 2026 en Guijuelo

Primera jornada de la matanza 2026 en Guijuelo

Salamanca

De matanza por Guijuelo: donde la tradición no necesita alzar la voz

Primera jornada matancera donde se vive la tradición y la amistad de las gentes de Guijuelo, a pesar de la lluvia.

Más noticiasGuijuelo inaugura la Matanza Típica 2026, una cita imprescindible con la tradición y el turismo gastronómico

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Llegamos a Guijuelo, Juan Pedro, Andrés, Rubén, Tita, María, Sergio y quien escribe, cuando la mañana aún olía a lluvia y a promesa. El pueblo nos recibió con ese silencio espeso que solo tienen los lugares donde la tradición no necesita alzar la voz para hacerse notar. Íbamos un grupo de amigos, con la risa fácil y el paso lento, como si supiéramos —sin decirlo— que aquel día merecía ser vivido sin prisas.

La matanza típica, que comenzaba con Jesús como maestro de ceremonias tras 40 años, no era un espectáculo: era un ritual. En la plaza de la matanza, donde aguardan el alcalde Roberto y los matanceros del día, el humo subía despacio, enredándose con el frío, y el aire se llenaba de aromas rotundos, antiguos, casi solemnes. Olía a pimentón, a ajo, a carne recién trabajada y a memoria. Cada gesto tenía algo de heredado, de aprendido mirando, de repetido con respeto. Allí no había improvisación, solo el pulso tranquilo de quien sabe lo que hace desde hace generaciones.

Entre nosotros estaba él, Sergio el tamborilero. No necesitó anuncio ni escenario. Bastó que sacara el tamboril y la flauta para que el día cambiara de ritmo. Las notas, agudas y vivas, se colaron entre las conversaciones y los cuchillos, marcando un compás invisible que parecía ordenar el movimiento de todos. El sonido no competía con la tradición: la acompañaba. Era como si la música siempre hubiera estado allí y solo hubiera estado esperando a que alguien la despertara.

Primera jornada de la matanza 2026 en Guijuelo

Primera jornada de la matanza 2026 en Guijuelo

Mientras probábamos el primer bocado —pan aún tibio, chichas recién hechas, vino que calentaba la garganta— entendí que la matanza no era solo comida. Era encuentro. Era excusa y abrazo. Las manos se manchaban, las caras se encendían, y las historias empezaban a circular con la misma naturalidad que las jarras. Reíamos con la boca llena y hablábamos de todo y de nada, como se hace cuando uno se siente parte de algo más grande que el momento.

Sergio el tamborilero volvió a tocar, y esta vez algunos vecinos se animaron a seguir el ritmo con palmas tímidas. No había turistas ni espectadores: solo gente compartiendo un día que no se repite igual dos veces. El sol, ya más alto, se ocultaba en los cuchillos limpios y en las sonrisas cansadas, satisfechas.

Primera jornada de la matanza 2026 en Guijuelo

Primera jornada de la matanza 2026 en Guijuelo

Cuando nos fuimos a comer al Pernil de José Ramos y Josete, Guijuelo seguía allí, firme y silencioso. Nosotros no éramos los mismos. Nos llevábamos en la ropa el olor de la matanza, en los oídos el eco del tamboril y, en algún lugar difícil de nombrar, la certeza de haber participado en algo auténtico. No fue solo una visita. Fue una forma de recordar que hay tradiciones que no se explican: se viven, se comen y se escuchan. Fue, en el buen sentido de la palabra, la imaginación de lo que puede ser un día de matanza típica en Guijuelo, ¡ay!