Pedro Lee posa en el restaurante junto a xxxx.
Pedro Lee, el "peregrino católico coreano" que dejó Madrid por un pueblo de 50 vecinos para montar un restaurante asiático
Tiene 65 años y ha pasado por Argentina, Las Palmas y la capital. Era guía turístico hasta que la pandemia le arruinó y tuvo que comenzar de nuevo: "Aquí soy muy feliz. me gusta el campo abierto".
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Coreano de nacimiento, argentino durante doce años y después español de adopción, Pedro Incheol Lee ha pasado por Las Palmas y Madrid antes de terminar echando raíces en un pueblo de menos de 50 habitantes. ¿Curioso, verdad? Pues la historia de este hombre da para un buen reportaje.
Hace unos años compró una casa en el pequeño Hornillos del Camino (Burgos) pensando en el futuro, pero la pandemia cambió sus planes.
El restaurante que abrió en Madrid terminó llevándole al límite y, cuando decidió cerrarlo, volvió la mirada hacia aquel pequeño pueblo que había conocido haciendo el Camino de Santiago. Suena a destino.
Allí, en plena ruta jacobea, ha levantado un sueño que tiene nombre propio: Nanumi.
Se trata de un restaurante de comida coreana instalado en lo que antiguamente fue una escuela y que hoy recibe, sobre todo, a peregrinos llegados de medio mundo.
Pedro tiene 65 años y habla con EL ESPAÑOL Castilla y León de su nueva vida con mucha tranquilidad, con un castellano casi perfecto. “A mí me gusta campo abierto”, explica y se define de una manera perfecta para comprender esta historia “soy un peregrino católico coreano”.
Y, claro, en Hornillos ha encontrado precisamente lo que buscaba, porque aquí tiene campos de trigo, girasoles, caminos y un paisaje que cambia con las estaciones.
Ahora bien, la vida de Pedro Lee no ha sido fácil.
De Corea a Argentina
Pedro salió de Corea del Sur en 1977 y su padre se lo llevó a Argentina, donde vivió durante doce años.
Después llegó España. Primero Las Palmas de Gran Canaria, donde pasó otra década, y posteriormente la Península. “En el siglo XXI me vine aquí. Bueno, ahí empecé una vida nueva”, recuerda.
Su trayectoria profesional siempre ha estado vinculada al turismo y la gastronomía, que tiene claro que son sus “dos pasiones”.
Es gastrónomo, coordinador de viajes, guía y también profesor de cocina japonesa, coreana y española. Además durante años trabajó alrededor de una actividad que conoce bien, el Camino de Santiago.
Y fue precisamente el Camino el que terminó llevándole hasta Hornillos, este pequeño pueblo burgalés que merece la pena conocer.
Antes de la pandemia, Pedro recorría con frecuencia el tramo entre Burgos y León. Hacía etapas de dos o tres días, a veces de una semana. Un día pasó por Hornillos y vio una placa en la que se anunciaba una casa en venta.
El destino hizo el resto. Como el precio le pareció muy bajo no dudó en ir a por ello, aunque la vivienda necesitaba una reforma completa. “Me lo compré hace ocho años, creo que 2018, 2017, por ahí”, cuenta.
En aquel momento no tenía previsto convertirla en su proyecto de vida. La idea era tener una segunda residencia, quizá una casa para la jubilación.
Nanumi, el restaurante ubicado en Hornillos del Camino.
Y así, después de haber vivido en grandes ciudades como Seúl y Buenos Aires o Madrid, apostaba por un pueblo de los que no aparece casi ni en los mapas.
Entonces llegó la pandemia y el golpe fue especialmente duro para Pedro que tenía su restaurante en la capital.
Todos recordamos como el sector turístico se paralizó y su situación económica quedó muy tocada. Él mismo lo resume sin demasiadas vueltas: “Me quedé arruinado total”. Pero en lugar de quedarse quieto decidió empezar de nuevo.
Y comenzó otra etapa. Pedro abrió un restaurante coreano en Madrid.
El problema radicaba en todo lo que rodea a un restaurante. Es decir, los alquileres, los impuestos, los salarios y, especialmente, encontrar trabajadores. Pedro recuerda aquellos meses como una época de enorme desgaste.
El negocio funcionaba con almuerzos y cenas, pero los gastos se acumulaban. Y él acabó pagando un precio muy alto hasta el punto de que se puso enfermo.
Llegó incluso a dormir en el propio local durante algunos fines de semana para evitar desplazamientos y ahorrar tiempo. “Fíjate”, apunta.
Así pasó alrededor de un año y medio, acercándose ya a los dos años. Hasta que dijo basta y traspasó el restaurante. Y entonces es cuando volvió a aparecer Hornillos.
El restaurante nació en un edificio con historia. Primero había sido una escuela, cuando todavía había niños en el pueblo.
Después se convirtió en teleclub y, con el paso del tiempo, acabó teniendo distintos usos hasta transformarse en el establecimiento que hoy regenta Pedro.
Pero como en su vida nada es fácil, la apertura costó. Las obras se complicaron y lo que inicialmente parecía una reforma que podía resolverse en un mes se alargó mucho más de lo esperado.
La inauguración que Pedro tenía prevista para el verano del año pasado tuvo que esperar hasta que finalmente llegó 2026 y Nanumi comenzó a funcionar.
El primer año, reconoce Pedro, ha sido también un periodo de aprendizaje. Ha tenido que observar y escuchar a sus clientes para poder entender qué busca la gente que llega a Hornillos después de caminar durante horas.
Su plato estrella
“Este año fue como observación”, explica. Al principio había una oferta más amplia y variada, pero poco a poco se ha ido ajustando la propuesta. “Después de dos meses, reduciendo, ahora ya tengo ritmo como voy a hacer año que viene”.
Y hay un plato que se ha convertido en su particular bandera: el bibimbap.
Para explicar qué significa para los coreanos, Pedro recurre a una comparación muy española. “Es una cosa como España, paella, ¿no?”, dice.
El bibimbap es uno de los platos más populares de la gastronomía coreana y consiste en una base de arroz acompañada de verduras, carne u otros ingredientes, además de una salsa que permite mezclarlo todo.
Pedro ha creado su propia versión: el “bibimbap de Hornillos”.
Y parece que la idea funciona, ya que tiene cuatro variedades: ternera, cerdo, salmón y vegetal. “Es un gran éxito ahora”, asegura. “Todo el mundo come, a todo el mundo le encanta”.
La clientela tiene un perfil muy marcado. Entre el 90 y el 95% son peregrinos. Llegan después de caminar, descubren el restaurante y se sientan a probar una gastronomía muy distinta a la que esperaban encontrar en un pequeño pueblo burgalés.
Al final, lo que hace es una cocina coreana elaborada con ingredientes frescos, técnicas tradicionales y un fuerte espíritu de compartir. Solo hay que echar un vistazo a la carta para comprobarlo. Eso sí, también tiene ibéricos.
Nuevos usuarios
También han empezado a llegar vecinos de localidades próximas y personas procedentes de Burgos. Y este verano, cuenta Pedro, recibió viajeros de diferentes provincias españolas que habían descubierto el restaurante a través de Google Maps.
En un pueblo tan pequeño, internet puede convertirse en un escaparate gigantesco.
Pedro asegura que Nanumi ronda actualmente una valoración de 4,7 puntos en Google y lo dice bien orgulloso. Y eso, en un establecimiento situado en un municipio de apenas unas decenas de habitantes, supone una carta de presentación importante.
Aunque también hay choques culturales y el horario es uno de ellos.
Un español puede imaginar una cena a las nueve o nueve y media de la noche. Pedro, en cambio, ha diseñado sus horarios pensando fundamentalmente en los peregrinos, que madrugan para comenzar la siguiente etapa. “Yo cierro cocina a las nueve”, explica.
El restaurante funciona con comidas entre las doce y las cuatro y cenas entre las siete y las diez, con la cocina cerrando a las nueve.
Un horario perfectamente adaptado al Camino, pero algo menos cómodo para quien llega desde fuera buscando una cena tardía. Ya sabemos cómo es el famoso camino.
Ahora bien, también ocurre lo contrario, cuando los grupos españoles que llegan a comer a las dos y media o tres de la tarde pueden alargar la sobremesa hasta las cinco o seis.
Ahora bien, reconoce que “yo no puedo decir que vayan ellos antes. Yo cierro a las cuatro. Pero es que está la mitad de comida. Yo no puedo echar ellos”.
Pedro asegura que cada vez hay más albergues, bares y negocios. El Camino lleva visitantes al pueblo y esos visitantes necesitan comer, dormir y descansar. “Cada vez más viene gente”, explica.
Otro de los problemas que ha encontrado en esta aventura rural, es tener que ir a Burgos capital para encontrar todo el material para sus platos, pero lo hace con gusto.
A Pedro todavía le queda cuerpo para tener proyectos en la cabeza. Alguno, dice, es “muy, muy grande”. Pero por ahora prefiere guardar silencio. “Tengo proyectos, papel en mi cabeza”, bromea. No quiere hablar de ellos hasta que empiecen a hacerse realidad. Seguiremos informado porque este coreano merece la pena.