Montaje cámara hiperespectral en Nivel TD3 y TD4 en el Yacimiento de Gran Dolina.

Montaje cámara hiperespectral en Nivel TD3 y TD4 en el Yacimiento de Gran Dolina. Alfonso Benito. CENIEH.

Burgos

Atapuerca bajo el radar infrarrojo: sensores invisibles para descifrar el millón de años de Gran Dolina

El CENIEH y el ITCL aplican por primera vez análisis hiperespectrales en los niveles más profundos del yacimiento burgalés para estudiar su formación mediante técnicas no destructivas.

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Atapuerca siempre tiene una historia nueva que contarnos, incluso cuando se trata de sus rincones más profundos y oscuros. Esta vez, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y el Instituto Tecnológico de Castilla y León (ITCL) se han unido en la apuesta del análisis hiperespectral para ver lo que el ojo humano a simple vista no puede alcanzar.

Han bajado a las capas más antiguas de Gran Dolina armados con sensores infrarrojos, buscando detalles que han permanecido ocultos en la sombra durante siglos.

Es como si le estuvieran pidiendo a la propia cueva que revele sus secretos mejor guardados.

El reto está en los niveles conocidos como TD3 y TD4, unas zonas que empezaron a cobrar vida hace un millón de años.

Fue entonces cuando el agua dejó de inundar la cueva para dejar paso a la tierra que caía de las laderas, arrastrando con ella los primeros fósiles y aquellas herramientas de piedra que usaban nuestros antepasados más lejanos.

Gracias a unas cámaras especiales, los investigadores pueden ahora rastrear de qué está hecho cada fragmento sin tener que tocarlo, asegurándose de que el yacimiento se mantenga intacto mientras desvelan su pasado.

Para que no se les escape ni un solo detalle, los científicos han pasado horas trabajando allí abajo, tanto a plena luz del día como en el silencio de la noche.

Han utilizado luces artificiales para ver cómo reaccionan la tierra y los huesos bajo distintas condiciones, tratando de capturar esa información invisible que nos ayudará a entender, por fin, cómo se formó este lugar tan mágico y fundamental para nuestra historia.

Como explica Alfonso Benito Calvo, geólogo del CENIEH, estas cámaras trabajan en un rango que va mucho más allá de lo que nosotros podemos percibir, permitiendo identificar diferencias en los materiales que, a simple vista, parecen idénticos.

Esta tecnología funciona como un escáner ultrapreciso que genera mapas de composición automáticos. Es decir, permite diferenciar un trozo de hueso de una piedra o de un tipo concreto de tierra basándose en su firma de luz infrarroja.

Se trata de una herramienta inédita que busca documentar las primeras fases de Atapuerca con una precisión técnica propia de la industria más avanzada, demostrando que para entender nuestro pasado más lejano, necesitamos la tecnología más futurista.