El monumento a Emilio Mola en el municipio burgalés de Alcocero de Mola. ICAL
El pueblo de Burgos que heredó su apellido del franquismo tiene los días contados: en Castilla y León quedan otros dos
Alcocero de Mola inicia el proceso para recuperar su nombre histórico y dejar atrás un topónimo que le viene de la Guerra Civil.
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El pequeño municipio burgalés de Alcocero de Mola ha iniciado el proceso para abandonar oficialmente el apellido que durante décadas ha vinculado su nombre a uno de los principales dirigentes del golpe de Estado de 1936.
El pleno del Ayuntamiento aprobó el pasado 17 de febrero de 2026 la modificación de la denominación del municipio para que pase a llamarse simplemente Alcocero, recuperando así el nombre que tenía antes de la Guerra Civil.
La decisión se produce tras la aprobación por parte del Gobierno de España de un nuevo decreto que permitirá elaborar un catálogo estatal de vestigios franquistas, cuyo objetivo es identificar símbolos, monumentos y elementos que ensalcen la dictadura para proceder a su retirada o resignificación.
Este nuevo marco ha vuelto a poner el foco en tres municipios de Castilla y León cuyos nombres continúan vinculados a figuras clave de la sublevación militar del 18 de julio de 1936: Quintanilla de Onésimo, San Leonardo de Yagüe y el propio Alcocero de Mola. De momento ya solo quedarán dos.
El acuerdo municipal se encuentra actualmente en fase de exposición pública. De acuerdo con la normativa autonómica, el expediente permanecerá abierto durante 30 días tras su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia de Burgos del pasado martes.
Durante ese plazo, cualquier particular o entidad que se considere afectada podrá examinar la documentación en las dependencias municipales y presentar alegaciones.
Si el proceso continúa sin obstáculos, el municipio recuperará oficialmente su denominación histórica: Alcocero.
Un nombre marcado por la Guerra Civil
El actual nombre del municipio está directamente vinculado a la figura de Emilio Mola, uno de los principales organizadores del golpe militar que desencadenó la Guerra Civil española.
Antes de 1937, el pueblo se llamaba simplemente Alcocero. Ese año, tras la muerte del general en un accidente aéreo ocurrido en las inmediaciones del municipio, el régimen franquista decidió rebautizar la localidad como Alcocero de Mola en su honor.
Mola había nacido en 1887 en Placetas (Cuba), entonces territorio español, en el seno de una familia vinculada a la Guardia Civil. Tras ingresar en 1904 en la Academia de Infantería de Toledo, desarrolló buena parte de su carrera militar en Marruecos, participando en campañas como la de Melilla de 1909 y el Desembarco de Alhucemas de 1925, donde resultó herido en varias ocasiones.
Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera fue nombrado director general de Seguridad, cargo desde el que reorganizó la policía y ejerció una política represiva contra movimientos republicanos y estudiantiles.
Tras la proclamación de la Segunda República Española, fue destinado a Pamplona y acabó implicado en la fallida sublevación encabezada por José Sanjurjo en 1932.
Considerado uno de los militares conspiradores más influyentes de su tiempo, Mola fue conocido como “El Director”, el estratega que diseñó el golpe militar de julio de 1936 contra la República. Durante la Guerra Civil asumió el mando del Ejército del Norte y dirigió operaciones decisivas en la conquista de Guipúzcoa y Vizcaya.
Su carrera, sin embargo, terminó abruptamente el 3 de junio de 1937, cuando el avión en el que viajaba se estrelló en el cerro cercano al municipio burgalés.
El accidente nunca llegó a esclarecerse del todo (se apuntó a la niebla como causa probable, aunque también circularon teorías de sabotaje) y provocó la muerte del general y de los otros cuatro ocupantes de la aeronave.
Un monumento franquista aún en pie
Dos años después del final de la guerra, en 1939, el dictador Francisco Franco inauguró en el lugar del accidente el Monumento al General Mola, un complejo monumental de gran tamaño construido en apenas dos meses.
La estructura, de unos veinte metros de altura, incluye arcos dedicados a las víctimas, una torre-mirador, graderío y un altar. Su construcción se realizó mediante el trabajo de presos republicanos y vecinos de la zona obligados a participar en las obras.
Con el paso de las décadas, el monumento se ha convertido en uno de los vestigios franquistas más visibles que aún permanecen en pie en España.
Aunque desde 2016 se han sucedido demandas para su retirada o demolición, la estructura continúa en el lugar, hoy abandonada y deteriorada.
Para muchos vecinos del municipio, el monumento forma parte del paisaje cotidiano desde hace generaciones. Otros, en cambio, lo consideran un símbolo evidente de exaltación de la dictadura que debería desaparecer del espacio público o ser reinterpretado.
La posible inclusión del recinto en el nuevo catálogo estatal de vestigios franquistas podría reactivar definitivamente el debate sobre su futuro.
Si el proceso iniciado por el Ayuntamiento culmina con éxito, Alcocero de Mola dejará de figurar entre los municipios españoles con referencias directas al franquismo en su denominación.
No obstante, Castilla y León seguiría contando todavía con dos localidades con topónimos vinculados a figuras del régimen.
Se trata de Quintanilla de Onésimo, en la provincia de Valladolid —que homenajea al fundador de Falange Onésimo Redondo—, y San Leonardo de Yagüe, en Soria, cuyo nombre recuerda al general Juan Yagüe, uno de los mandos militares más controvertidos del bando sublevado.