Alfonso Fernández Mañueco, investido presidente de la Junta de Castilla y León el 11 de abril de 2022

Alfonso Fernández Mañueco, investido presidente de la Junta de Castilla y León el 11 de abril de 2022 Leticia Pérez ICAL

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Mañueco será nominado candidato esta semana, pero su investidura queda atrapada entre Vox y Andalucía

El presidente de las Cortes debe proponer aspirante a la Presidencia de la Junta antes del 7 de mayo, pero el pleno queda pendiente del pacto con Vox y del impacto que la ‘prioridad nacional’ pueda tener en la campaña andaluza del 17-M.

Más información: Mañueco aplaza su pacto con Vox en Castilla y León para sacar la "prioridad nacional" de la campaña andaluza

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Alfonso Fernández Mañueco tiene despejado el primer paso, pero no el calendario completo. Esta semana será propuesto, previsiblemente, como candidato a la Presidencia de la Junta de Castilla y León.

Será el inicio formal del camino hacia su tercer mandato. Pero no será todavía el movimiento definitivo.

La investidura sigue sin fecha porque el acuerdo entre PP y Vox aún no está cerrado. Y porque, esta vez, el reloj de Castilla y León también marca las horas desde Andalucía.

Mañueco será nominado porque el PP ganó las elecciones y porque no hay otro candidato con opciones reales de reunir los apoyos necesarios.

Pero el cuándo dependerá de la negociación con Vox y de un concepto delicado para los populares: la llamada ‘prioridad nacional’, exigida por Vox en otros pactos autonómicos y convertida ya en munición política para el PSOE.

De hecho, Pedro Sánchez está haciendo de su contraposición bandera en la campaña andaluza.

El presidente de las Cortes, Francisco Vázquez, tiene hasta este jueves, 7 de mayo, para cumplir con la ronda de consultas y proponer candidato.

Deberá reunirse con Por Ávila, Soria ¡YA! y UPL, integrados en el Grupo Mixto, además de Vox, PSOE y PP.

Lo previsible es que el nombre sea el de Mañueco. Lo relevante es que esa propuesta puede llegar sin fecha cerrada para el pleno.

El Reglamento obliga a proponer candidato, pero no impone un plazo concreto para celebrar la investidura.

Ese margen permite al PP cumplir con los plazos de las Cortes sin cerrar todavía el pacto que de verdad desbloqueará la Presidencia.

Una investidura en dos tiempos

Castilla y León entra así en una investidura en dos tiempos. Primero, la formalidad parlamentaria. Después, el acuerdo político.

Mañueco quedará previsible y oficialmente señalado como candidato esta misma semana, pero su debate de investidura no se convocará hasta que PP y Vox firmen el pacto que debe sostener su gobierno.

Esta vez, además, el retraso no responde solo a una cuestión de técnica parlamentaria. También hay cálculo nacional.

El PP quiere evitar que la firma del acuerdo en Castilla y León coloque de nuevo la ‘prioridad nacional’ en el centro de la campaña andaluza, donde Juanma Moreno se juega el 17 de mayo revalidar su mayoría absoluta frente a la socialista María Jesús Montero.

Si Mañueco cierra antes de esa fecha un pacto con Vox que incluya esa fórmula, el PSOE tendrá un ejemplo reciente y perfectamente utilizable en campaña.

Cuanto más tarde llegue la firma en Castilla y León, menos margen tendrá Montero para presentar a Moreno como parte de un bloque condicionado por Vox.

La palabra que incomoda al PP

Vox reivindica la ‘prioridad nacional’ como garantía de que los españoles estarán por delante en el acceso a ayudas, vivienda o determinados recursos públicos.

El PP, en cambio, intenta llevar el debate al terreno del arraigo, el empadronamiento, la residencia, la cotización y los vínculos reales con la Comunidad.

Para los populares, la medida debe formularse siempre dentro de la legalidad vigente y sin distinguir por nacionalidad cuando la norma no lo permite.

Por eso Mañueco ha intentado rebajar públicamente el concepto a una “medida puntual” y ha insistido en que en Castilla y León nadie se quedará sin ayudas.

Vox marca el paso

El retraso tiene otra consecuencia: Vox gana peso antes de la votación. Aunque Mañueco será el candidato, la formación de Carlos Pollán dispone ahora de una posición decisiva. Sin sus votos, el PP no puede cerrar la legislatura desde el primer día.

Vox sabe que el momento previo a la investidura es el de mayor fuerza. Después, una vez elegido el presidente, la sensación de presión cambia. Antes de la votación, cada día sin fecha recuerda quién tiene la llave.

Mientras, el PP trata de proyectar normalidad institucional. La ronda de consultas permite iniciar el procedimiento y dar apariencia de avance.

Pero la realidad política es que Mañueco depende de reeditar un acuerdo que aún no puede materializar y presentar en sociedad.

El reloj de Vázquez, el de Génova y el de Andalucía

La forma de manejar los tiempos no sería nueva. En 2022, tras el pacto entre PP y Vox, Carlos Pollán propuso a Mañueco como candidato sin fijar inicialmente la fecha de investidura.

También ocurrió algo parecido en 2019, cuando PP y Ciudadanos cerraron su acuerdo antes de la investidura.

La historia reciente recuerda que en Castilla y León, cuando no hay mayoría absoluta, la investidura no la marca solo el Reglamento sino el acuerdo político.

Y ahora, además, la condiciona una campaña electoral fuera de la Comunidad, que podría convertirse en la cuarta victoria para Alberto Núñez Feijoó antes de la gran cita de las Generales.

Para el PSOE, en cambio, el margen parlamentario es limitado, pero podrá convertir el retraso en argumento contra Mañueco e insistir en la idea de un PP subordinado a Vox. Eso sí, sin capacidad real para alterar el desenlace si PP y Vox sellan su acuerdo.

Francisco Vázquez tiene un reloj reglamentario. Vence el 7 de mayo. Génova tiene otro político. Y Andalucía, otro electoral. Esa triple velocidad explica el momento actual.