El entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, junto a su predecesor, Juan José Lucas, y su futuro sucesor, Alfonso Fernández Mañueco, en un acto de las elecciones generales de marzo de 2004, en Burgos

El entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, junto a su predecesor, Juan José Lucas, y su futuro sucesor, Alfonso Fernández Mañueco, en un acto de las elecciones generales de marzo de 2004, en Burgos Ricardo García ICAL

Región

Castilla y León, casi 40 años como el gran bastión del PP con un breve espejismo socialista: así se ha votado desde 1983

La Comunidad, gobernada por los populares desde 1987, afronta las elecciones de este 15 de marzo con la expectativa de revalidar la tendencia, aunque sin las mayorías absolutas de décadas pasadas.

Más información: La red de seguridad de Mañueco: 566 pueblos de menos de 1.000 habitantes en los que siempre gana el PP

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Cuando los colegios electorales cierren este domingo, Castilla y León escribirá, previsiblemente, un nuevo capítulo en una de las historias de mayor continuidad política de España.

Desde 1987, hace ahora 39 años, el Partido Popular ha gobernado la Junta de forma ininterrumpida, convirtiendo la Comunidad en uno de los territorios con mayor estabilidad institucional del país.

Esta hegemonía no es solo estadística: ha resistido crisis económicas graves como la de 2008, escándalos nacionales, cambios generacionales y la irrupción de nuevas fuerzas como Podemos, Ciudadanos o Vox.

Incluso cuando el PSOE ha sido la fuerza más votada, como en 2019, no ha logrado desplazar al PP del poder gracias a su capacidad para articular mayorías de derechas.

La continuidad refleja una estructura orgánica cohesionada en el PP de Castilla y León, un voto rural casi inexpugnable y una oposición fragmentada e incapaz de traducir sus resultados en gobiernos alternativos.

El breve inicio socialista

Las primeras elecciones autonómicas, celebradas el 8 de mayo de 1983, en pleno auge del felipismo tras la aplastante victoria socialista en las generales de octubre de 1982, reflejaron fielmente el clima nacional de consolidación del Estado de las autonomías.

El PSOE se impuso con claridad como fuerza más votada, alcanzando el 44,8% de los sufragios y 42 procuradores sobre un total de 84 escaños, apenas tres más que los 39 obtenidos por la coalición Alianza Popular-PDP-PL con el 39,5%.

Otros partidos con representación fueron el Centro Democrático y Social (CDS) con 2 procuradores y el Partido Liberal con 1.

Ese resultado permitió al socialista zamorano Demetrio Madrid convertirse en el primer presidente de la Junta. Su mandato, sin embargo, resultó efímero: en 1986 dimitió tras ser procesado en un caso de prevaricación urbanística del que posteriormente sería absuelto.

Evolución de los resultados electorales en las elecciones autonómicas de Castilla y León entre 1983 y 2022

Evolución de los resultados electorales en las elecciones autonómicas de Castilla y León entre 1983 y 2022

Le sucedió brevemente José Constantino Nalda, pero la inestabilidad interna del PSOE regional y el desgaste del Gobierno central abrieron la puerta a un cambio de ciclo que llegaría apenas un año después, marcando el inicio de una era conservadora que se prolongaría durante casi cuatro décadas.

Nace la hegemonía popular

Las elecciones del 10 de junio de 1987 marcaron el punto de inflexión definitivo en un contexto de transición hacia el dominio del centroderecha a nivel nacional.

AP y el PSOE empataron en escaños con 32 cada uno, pero los conservadores obtuvieron una ligera ventaja en votos: 34,4% frente al 34,0% socialista.

El factor decisivo fue el Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez, que irrumpió con fuerza en la región con el 19,4% y 18 procuradores.

Gracias a un pacto de investidura con el CDS, un entonces joven José María Aznar fue investido presidente el 27 de julio de 1987, inaugurando una etapa de control popular que se prolongaría durante 39 años.

Aznar dejó la Presidencia de la Junta en septiembre de 1989 para asumir el liderazgo nacional de Alianza Popular, que se transformaría poco después en Partido Popular, un paso que lo llevaría a la presidencia del Gobierno en 1996 tras 14 años de gobiernos socialistas.

Juan Vicente Herrera, tras ser elegido presidente del PP de Castilla y León, en octubre de 2002

Juan Vicente Herrera, tras ser elegido presidente del PP de Castilla y León, en octubre de 2002 Rubén Cacho ICAL

Su breve pero intenso mandato en Castilla y León consolidó una estructura territorial excepcionalmente sólida, con una red de alcaldías y diputaciones dominadas por el centroderecha, y una base electoral rural muy arraigada que sus sucesores heredarían y fortalecerían.

La consolidación: Juan José Lucas

Durante la primera mitad de los 90, en un contexto marcado por el desgaste del PSOE en el Gobierno y el ascenso del PP bajo el liderazgo renovado de Aznar, el soriano Juan José Lucas desempeñó un papel clave en la consolidación de la hegemonía popular en Castilla y León.

Lucas, con una larga trayectoria en el partido, gobernó desde 1991 hasta 2001 con un estilo pragmático y dialogante que le permitió fortalecer la estructura orgánica del PP regional y afianzar el voto rural.

En las elecciones de 1991, tras dos años con Jesús Posada como presidente interino, el PP logró la primera de una larga serie de mayorías absolutas tras obtener el 43,5% de los votos y 43 procuradores, superando con holgura al PSOE, que logró 37,1% y 35 escaños.

El CDS obtuvo cinco procuradores e Izquierda Unida irrumpió por primera vez en las Cortes autonómicas con uno.

En las siguientes elecciones autonómicas de 1995 el triunfo del PP fue aplastante con un 52,3% de los votos y 50 procuradores frente a 27 representantes del PSOE, cinco de IU y los primeros dos de la Unión del Pueblo Leonés (UPL).

El entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, el vicepresidente, Tomás Villanueva y el consejero de Presidencia, Alfonso Fernández Mañueco, momentos antes de comenzar el debate de investidura del presidente de la Junta de Castilla y León, en julio de 2003

El entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, el vicepresidente, Tomás Villanueva y el consejero de Presidencia, Alfonso Fernández Mañueco, momentos antes de comenzar el debate de investidura del presidente de la Junta de Castilla y León, en julio de 2003 Rubén Cacho ICAL

En los comicios de 1999, aunque los populares vivieron un ligero retroceso, mantuvieron una sólida mayoría absoluta con casi el 52% y 48 procuradores y con el PSOE en 30.

La UPL logró tres representantes, IU bajó a uno e irrumpió el partido castellanista Tierra Comunera con un procurador por Burgos.

Lucas dejó el cargo en marzo de 2001 para incorporarse al Gobierno de Aznar como ministro de la Presidencia, en un relevo orquestado desde Madrid, y dejó un partido cohesionado y una base electoral inexpugnable que marcaría el rumbo durante lustros.

El largo mandato de Herrera

El relevo de Lucas lo tomó el burgalés Juan Vicente Herrera que entre el 19 de marzo de 2001 y el 12 de julio de 2019 se convirtió en el presidente autonómico más longevo de la democracia española con más de 18 años al frente de la Junta.

En un periodo de bonanza económica previa a la crisis de 2008 y de fuerte anclaje en el voto del interior, el PP revalidó mayorías absolutas consecutivas de gran contundencia.

En las elecciones autonómicas 2003 mantuvo 48 escaños y logró el 48,5% de los apoyos frente a 32 representantes del PSOE y dos de UPL y en 2007 repitió 48 procuradores con el 49,2% frente a 29 del PSOE, uno de IU y uno de UPL.

El entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, acompañado por Juan Vicente Herrera, Juan José Lucas, Fernández Santiago, León de la Riva e Isaías García Monje, en la II Sesión Plenaria de las Cámaras de Comercio e Industria de Castilla y León celebrado en Valladolid, en febrero de 2004

El entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, acompañado por Juan Vicente Herrera, Juan José Lucas, Fernández Santiago, León de la Riva e Isaías García Monje, en la II Sesión Plenaria de las Cámaras de Comercio e Industria de Castilla y León celebrado en Valladolid, en febrero de 2004 Leticia Pérez ICAL

En 2011 alcanzó su pico histórico con 53 escaños y el 51,42% de los apoyos, la mayoría absoluta más amplia jamás lograda en la autonomía, con el PSOE en 29, un procurador de IU y uno de UPL.

Herrera gestionó la crisis económica con contención del gasto pero sin recortes drásticos en sanidad y educación, impulsó infraestructuras, planes contra la despoblación, la Renta Garantizada de Ciudadanía y mejoras educativas que colocaron a la región en posiciones destacadas.

Su longevidad radicaba en la estabilidad interna del partido, el diálogo con sindicatos y patronal, y su conexión con el electorado rural que lo veía como un gestor fiable y alejado del ruido político nacional.

Fin de la mayoría y coaliciones

En 2015, en plena resaca de la crisis y el auge post-15M, el PP perdió la mayoría absoluta por primera vez desde 1991 y obtuvo 42 procuradores y el 38,68% de los apoyos frente a 25 del PSOE, 10 de Podemos, cinco de Ciudadanos, uno de IU y uno de UPL.

Herrera se mantuvo en el poder gracias a la abstención de Ciudadanos.

En 2017 cedió la presidencia del PP regional al salmantino Alfonso Fernández Mañueco y en 2019 no repitió como candidato.

En el estreno de Mañueco como candidato, en mayo de 2019, en pleno auge del PSOE tras la moción de censura a Rajoy, los socialistas, encabezados por Luis Tudanca, fueron la fuerza más votada por primera vez en casi cuatro décadas.

Lograron el 34,84% de los votos y 35 procuradores superando al PP, con el 31,5% y 29 escaños.

Juan Vicente Herrera, Alfonso Fernández Mañueco, Tomás Villanueva y José Manuel Fernández Santiago atraviesan, a cinco minutos para el cierre de los colegios, el set de prensa instalado en la Consejería de Presidencia, en las elecciones autonómicas de mayo de 2003

Juan Vicente Herrera, Alfonso Fernández Mañueco, Tomás Villanueva y José Manuel Fernández Santiago atraviesan, a cinco minutos para el cierre de los colegios, el set de prensa instalado en la Consejería de Presidencia, en las elecciones autonómicas de mayo de 2003 Eduardo Margareto ICAL

Ciudadanos obtuvo 12 representantes, Podemos-Equo bajó a dos procuradores, Vox irrumpió con uno, UPL obtuvo uno e irrumpió el nuevo partido Por Ávila también con uno.

Mañueco logró la presidencia mediante el primer gobierno de coalición en la historia autonómica tras un pacto con Ciudadanos, liderado por Francisco Igea, firmado el 21 de junio de 2019.

El Ejecutivo gestionó la pandemia con relativa estabilidad, pero las tensiones internas crecieron.

El 20 de diciembre de 2021 Mañueco destituyó a los consejeros de Ciudadanos con la excusa de que estaban planeando una moción de censura, disolvió las Cortes y convocó elecciones anticipadas para el 13 de febrero de 2022.

La entrada de Vox

En los comicios de 2022 el PP ganó con 31,4% y 31 procuradores sobre 81; el PSOE quedó muy cerca, con un 30% y 28 representantes, Vox creció hasta el 17,6% y 13 procuradores, UPL logró tres procuradores, Soria ¡Ya! irrumpió con tres, Unidas Podemos mantuvo uno y Ciudadanos uno.

El resultado llevó al primer gobierno de coalición entre PP y Vox en España, que fue anunciado el mismo día de constitución de las Cortes autonómicas, el 10 de marzo de 2022.

Mañueco, Aznar, Herrera y Lucas, durante un mitin de las elecciones autonómicas de mayo de 2003, en Burgos

Mañueco, Aznar, Herrera y Lucas, durante un mitin de las elecciones autonómicas de mayo de 2003, en Burgos Eduardo Margareto ICAL

La coalición duró hasta julio de 2024, cuando Vox abandonó el Ejecutivo siguiendo la orden nacional tras desacuerdos por la acogida de menores inmigrantes no acompañados, dejando al PP en minoría.

Desde entonces y hasta la convocatoria electoral de las elecciones del próximo 15 de marzo, Mañueco ha gobernado en solitario con apoyos puntuales y con dificultades a la hora de sacar adelante leyes y proyectos de presupuestos.

Un feudo inexpugnable

La longevidad del PP en Castilla y León radica en factores estructurales como la dispersión poblacional que favorece el voto rural conservador; las provincias interiores como ancla electoral y capitales algo más permeables al PSOE, pero nunca suficientes para alterar el equilibrio.

La continuidad de liderazgos ha evitado crisis internas graves, mientras el PSOE se ha convertido en una oposición crónica pese a victorias puntuales.

Ciudadanos brilló brevemente y colapsó y Vox, por ahora, ha capitalizado el descontento rural y conservador, consolidándose como tercera fuerza decisiva y llave de Gobierno, algo que se prevé que se repita tras los comicios de este domingo.

Un nuevo examen electoral

Este 15 de marzo, Castilla y León acude a las urnas en un contexto de multipartidismo consolidado. Las encuestas sitúan al PP de Mañueco como primera fuerza pero sin mayoría absoluta y la Comunidad parece abocada a repetir la situación de Extremadura o Aragón.

Mañueco aspira a gobernar en solitario, pero la mayoría de sondeos pronostican que necesitará de nuevo el apoyo de Vox para una mayoría absoluta y las negociaciones se anticipan duras y complejas ante las tensiones cada vez más crecientes entre el PP y los de Santiago Abascal.

Después de casi de cuatro décadas, Castilla y León parece dispuesta a revalidar una tendencia que ha definido su identidad política contemporánea y consagrarse como el territorio donde el conservadurismo ha encontrado su expresión más duradera y resistente.

Las urnas confirmarán si esa hegemonía, lejos de debilitarse, sigue demostrando su extraordinaria capacidad de adaptación y supervivencia en un escenario nacional cada vez más fragmentado.