Región

Zamora desafía a la lluvia para emocionarse con el Miserere

31 marzo, 2018 01:16

El último de los desfiles de este Jueves Santo es el de Jesús Yacente, que ha partido a las once de la noche de la iglesia de Santa María la Nueva, en la que se considera una de las procesiones de referencia en la Semana Santa zamorana y que ha recorrido el casco antiguo de la ciudad a pesar de la incesante lluvia acaecida durante la noche donde los zamoranos y visitantes han aguardado estoicamente el mágico momento del Miserere.

El desfile ha sufrido cambios de última hora, pues hace unos días se decidió cambiar el recorrido para evitar coincidir con la entrada en el museo de la Vera Cruz, que ha concluido esta tarde con un itinerario más largo debido a la imposibilidad de pasar por la Rúa de los Notarios, con un edificio en estado de riesgo.

Además y, para asegurar aún más la salida de la procesión, la Penitente Hermandad de Jesús Yacente decidió colocar una urna en la imagen del Cristo para que la talla se proteja de la lluvia y pueda recorrer la ciudad a pesar de las inclemencias climatológicas de la noche.

'El Cristo Yacente', obra de mitad del siglo XVII, es alumbrado por los cofrades del mismo nombre y recorre en absoluto silencio, tan sólo roto por las campanillas del viático, las calles del casco histórico de la capital zamorana, hasta llegar a la plaza de Viriato, donde se vive, sin duda, uno de los momentos más impresionantes, sobrecogedores y emocionantes de la Semana Santa de Zamora, el canto del Miserere, que rompe la madrugada.

A oscuras, a la única luz de las teas, avanzan, silenciosos, un millar de hermanos, ataviados con hábito y largo caperuz de estameña blanca, con faja morada y ribetes de cordón de igual color. Un absoluto y estremecedor silencio empapa las calles de la capital.

Zamora se estremece, se sobrecoge con el paso de las tres grandes cruces de madera que arrastran dos mayordomos y un penitente. Tres cruces inmensas como el dolor de Cristo, penitencia y perdón. La imagen del Cristo Yacente se eleva en el aire tan solo sobre unas parihuelas con cuatro hachones y una sábana blanca. Así, inerte, recorre las calles antiguas de la ciudad.

Con medio recorrido a sus espaldas llega el momento mágico, el epicentro de la procesión de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente. Un momento de los más esperados, impresionantes, sobrecogedores y emocionantes de la Semana Santa de Zamora. Los Hermanos del Coro de la Cofradía de Jesús Yacente entonaban el Miserere: ‘Miserere mei Deus, secundum magnam, misericordia tuam…’. De nuevo, silencio y oscuridad.