Personas degustando el queso en Fromago.

Personas degustando el queso en Fromago. JL. Leal. ICAL.

Opinión

Fromago: Zamora huele a queso

Gente, producto y calidad se dan la mano en una feria que ha conseguido transformar las calles de la capital zamorana en un gran escaparate gastronómico.

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Zamora vuelve a oler a queso. No es una metáfora sin más. Desde primera hora, las calles del centro histórico están llenas de visitantes, productores, familias, profesionales y curiosos atraídos por una feria que, en apenas tres ediciones, ha conseguido hacerse un hueco propio en el calendario gastronómico.

Fromago ya no es solamente una feria: durante cuatro días forma parte de la vida de Zamora.

Y, ello, gracias al impulso y colaboración de todas las instituciones implicadas: Diputación, Ayuntamiento y Junta de Castilla y León. Ese, por suerte, es el camino y el ejemplo para otras provincias y otras administraciones.

La tercera edición arrancó este jueves con una ciudad convertida en escaparate de los mejores productos agroalimentarios.

Tres kilómetros de recorrido, más de 40.000 metros cuadrados de superficie, centenares de expositores y una oferta que reúne quesos procedentes de numerosos países dibujan una feria que ha crecido en dimensiones, pero también en ambición.

Y si hay una imagen que resume el comienzo de Fromago es la de la gente. Gente caminando de una plaza a otra, deteniéndose ante los mostradores, preguntando por la procedencia de un queso, probando una variedad desconocida o regresando a aquel producto que ya conocía, como ese especial queso con trufa.

La primera jornada de la feria ya dejó un centro urbano muy concurrido, con el público incorporándose progresivamente al recorrido.

Pero la verdadera fortaleza de Fromago está en lo que se ofrece detrás de cada mostrador. Por suerte, a diferencia de otros eventos agroalimentarios, aquí no todo vale. El queso es el protagonista y la calidad constituye buena parte del argumento.

Pequeñas queserías artesanas conviven con grandes elaboradores, productores españoles comparten espacio con representantes internacionales y las diferentes procedencias permiten descubrir hasta qué punto un mismo producto puede contar historias completamente distintas.

Los datos de la Diputación

El presidente de la Diputación, Javier Faúndez, es un asiduo a lo largo de la jornada en los diferentes eventos, sobre todo los que tienen que ver con los productos de la tierra.

La feria, según manifestaron a este visitante, reúne más de 1.200 variedades de queso y una representación internacional que refuerza su dimensión profesional y gastronómica. A ello se suman las galerías dedicadas a los quesos nacionales, internacionales, europeos con DOP e IGP y los distinguidos con los Premios Cincho.

Es ahí donde Fromago adquiere otra dimensión. No se trata únicamente de vender queso. Se trata de poner en valor el trabajo que existe antes de que una cuña llegue al plato: el ganadero, la leche, la quesería, el tiempo de maduración, el conocimiento heredado y también la capacidad de una industria que busca nuevos mercados.

Una explicación que se puede adquirir en cada stand de los propios productores. Un placer.

La edición de 2026 llega, además, con cifras que explican su crecimiento. La organización había anunciado 309 expositores y 443 stands, aunque las informaciones ofrecidas elevan finalmente la participación hasta 342 expositores procedentes de 23 países, con todos los espacios ocupados.

Y la calle vuelve a ser uno de sus grandes escenarios.

Más de 200 propuestas completan una programación que incorpora catas, degustaciones, talleres, actividades infantiles, concursos, música, espectáculos y encuentros profesionales. Hay espacio para quien llega buscando una experiencia gastronómica y también para quien simplemente quiere pasear, mirar, probar y dejarse llevar por el ambiente.

La gran referencia sigue siendo la edición de 2024. Entonces, Fromago superó los 300.000 visitantes, vendió más de 170.000 kilos de queso y generó un volumen de negocio superior a los 14 millones de euros, además de lograr una ocupación hostelera del cien por cien según datos difundidos por la organización.

Ahora Zamora vuelve a abrir sus puertas con la aspiración de superar aquellas cifras. No es todavía momento de hacer balance definitivo, porque Fromago acaba de comenzar.

Pero sí existen señales suficientes para comprobar que la feria ha alcanzado una madurez que hace unos años parecía difícil de imaginar, como bien pudimos compartir con Javier Faúndez y Víctor López de la Parte.

La calidad del producto, la diversidad de procedencias y la respuesta del público han convertido el centro de Zamora en una especie de gran mercado abierto donde el queso funciona como idioma común. Un idioma que entienden los productores, los compradores, los turistas y los vecinos.

Fromago ha conseguido algo que no resulta sencillo: sacar un producto de los escaparates especializados y llevarlo a la calle, acercándolo a miles de personas sin perder su carácter profesional y gastronómico.

Durante estos días, Zamora no solo vende queso. Vende territorio, tradición, industria, gastronomía y una manera de entender el mundo rural, que es lo esencial en esta tierra casi despoblada: Sayago, Aliste, La Carballeda, Tierra del Pan… territorios ricos en productos agroganaderos, pero con índices preocupantes de despoblación. Una pena.

Y quizá ahí esté una de las claves de su éxito. En una época en la que muchas ferias terminan pareciéndose unas a otras, y he visitado cientos, Fromago ha encontrado su propia personalidad: una ciudad entera alrededor de un producto, miles de personas caminando entre queserías y una calidad que empieza mucho antes de llegar al mostrador.

Zamora tiene cuatro días para demostrarlo. El queso ya está servido. Ahora habla la calle, ¡ay!