Carlos Pollán y Alfonso Fernández Mañueco en el primer debate de este jueves.
Pactar es ceder
Las derechas españolas transitan desencontradas. Los modos de gobierno de la Transición son un difunto, el consenso es ropa vieja de armario con tufo de naftalina.
Reflexionar sobre las conclusiones de las encuestas, antes de conocer el resultado real de las elecciones autonómicas que Castilla y León celebrará este próximo domingo es hacer funambulismo en el alambre. Así se mueve la política de estos tiempos, entre la acrobacia y la cuerda floja. Es pértiga, balancín y barra de equilibrio. En la puerta de los parlamentos los ujieres saludan: “Pasen y vean”.
Según la práctica totalidad de los estudios demoscópicos que se han dado a conocer, el Partido Popular resultará ser la formación política vencedora en los comicios del 15-M. Pero, no obstante, sin embargo … el PP no podrá formar gobierno sin el concurso de Vox. El triunfo vestirá de nuevo de alivio, la gloria es solo de hiel y la coronación amarga.
El laurel no tendría la cinta de honor de la conquista incontestable. Solo son ecos lejanos las mayorías contundentes, abrumadoras, rotundas de Juan José Lucas o Juan Vicente Herrera. Mañueco puede quedarse entre el sol y la sombra, el sol y la luna, el día y la noche, el ser y no ser. Castilla y León es un camino pedregoso, rosa con espinas. O el PP logra cerrar acuerdos con Vox, o la ingobernabilidad llama a la puerta del Palacio de la Asunción. Para muestra ya están los descosidos botones de Extremadura y Aragón.
Las derechas españolas transitan desencontradas. Los modos de gobierno de la Transición son un difunto, el consenso es ropa vieja de armario con tufo de naftalina. Para desgracia de España nuestra sociedad es presentista, no vuelve la vista al pasado. Si se quiere construir el futuro a veces hay que mirar hacia atrás. No siempre se cumple la maldición de la esposa de Lot.
Álvaro de Figueroa, el cacique de Guadalajara, el conde de Romanones que lo fue casi todo en la monarquía de Alfonso XIII - salvo rey de España - acuñó una frase que debería bordarse a punto de cruz en tela panamá y enmarcarse para cabecera de mesa de noche de los políticos de la actualidad: “Pactar es ceder”.
Romanones conservó una y otra vez el poder en aquel “turno pacífico” de partidos que sostuvo a la Corona tras la temprana muerte de Alfonso XII. Para Figueroa -y así debieran entenderlo PP y Vox en Castilla y León - la negociación es una herramienta de inteligencia política y no de rendición. Durante la monarquía de Alfonso XIII no fueron pocas las ocasiones en las que la fragmentación de las mayorías en el Congreso y el Senado forzaban a la negociación para sostener gobiernos. El conde de Romanones que presidió ambas cámaras parlamentarias siempre defendió el “pactismo” como un triunfo político, no como una debilidad ni una claudicación.
Ese es el pensamiento que debería instalarse en el PP y en Vox. Las cesiones no son derrotas. La política no es una batalla de principios inamovibles. Si el pragmatismo inspirase las decisiones de PP y Vox con más fuerza que la pelea entre ambas formaciones, llegarían a la conclusión de que ceder es avanzar.
La política de la etapa de la “Restauración”- en la que fue pieza clave Romanones - puso en valor la absoluta necesidad del consenso. Como después fue un gran sostén de la Transición política que se inició tras la desaparición de Franco.
Antes de decidir programas de gobierno, PP y Vox deben asumir que el pacto implica cesiones mutuas y renunciar a parte de sus programas o aspiraciones. A priori, da la impresión de un difícil acuerdo que haga posible la gobernabilidad de Castilla y León. No vivimos tiempos de abdicación para buscar el punto de encuentro. PP mira al Poniente y Vox al Levante. No hay Romanones que valga, la historia es una ñoñería. El pacto es un romanticismo, un camino hacia la nada. Lo mejor es la fonética española, la que no pronuncian los franchutes: PP y Vox erre que erre.