Pablo Fernández y Miguel Ángel Llamas por Podemos-Alianza Verde.
Sopa de letras en la ultraizquierda
"En las próximas elecciones autonómicas de Castilla y León compiten varios partidos de la ultraizquierda política", explica José Antonio Lobato.
En las primeras elecciones democráticas que España celebraba en 1977, la prensa acuñó el juego de palabras “sopa de letras” para referirse a la ingente cantidad de formaciones políticas que concurrieron en aquellos comicios constituyentes.
El pueblo español estaba desacostumbrado a votar, poco más que en cuatro referendos de tufo plebiscitario convocados por Franco con clara intención de legitimar su dictadura. También se organizaban procesos electorales en el “sindicato vertical”. A partir de los años 60, para la provisión de determinados cargos se inventó el “tercio familiar”. Ese amaño de democracia permitía que los “cabezas de familia” y las mujeres casadas eligieran a un tercio de los concejales municipales y de los procuradores en Cortes. Para las solteras, el franquismo recomendaba que siguieran rezando a San Antonio.
Cuando Adolfo Suárez convocó el primer proceso electoral de la Transición entraron en liza decenas de partidos y casi seiscientas candidaturas diferentes. Muchas de las formaciones tenían siglas tan complejas, incluso estrambóticas, que causaron duda a los españoles a la hora de depositar su voto en las urnas y no sabían si los candidatos a elegir eran galgos o podencos.
Nació así la literaria denominación “sopa de letras”. Aquel merecumbé de tantos partidos en un solo puchero -era más recomendable tomar fideos en la madrileña “Taberna de la Bola”- era indigerible y en las elecciones de 1979 a muchos ocurrió como en el título de una película … “Lo que el tiempo se llevó”.
En las próximas elecciones autonómicas de Castilla y León compiten varios partidos de la ultraizquierda política. En España, las formaciones de este espectro ideológico llevan erre que erre sin mover ficha desde la Transición. Es decir, nadando entre la “sopa de letras”. No hay manera de que la pasta sea de estrellitas, por eso no acaban de subir a los cielos del éxito electoral. Se quedan en poco más que mosaicos, a ras de suelo.
En las últimas legislaturas, en las Cortes de Castilla y León a Podemos ocurrió como a Pablo Iglesias, que por el “salón de pasos perdidos” del palacio de la Carrera de San Jerónimo trataba de centellear como la Estrella Polar y yerro a yerro fue apagando su luz. Hasta que redujo el “brilli-brilli” de su partido a luna de cuarto menguante. Podemos también ha ido mermando su representación en nuestro parlamento autonómico. En 2015 obtuvo diez procuradores, pero en comicios sucesivos cambió su nominación. Entró ya en trabalenguas y “sopa de letras” – mal endémico de la ultraizquierda española- y con “Unidas Podemos” donde matrimoniaron Podemos e Izquierda Unida, solo el procurador Pablo Fernández alcanzó la playa. El resto de candidatos desaparecieron en el naufragio.
En los comicios autonómicos del 15-M, Podemos converge en unión con Alianza Verde, encabezados por Miguel Ángel Llamas. Como la ultraizquierda española no cesa de blandir la quijada en su eterna lucha cainita, en Castilla y León Podemos-AV se presentan separados de la coalición Izquierda Unida, Movimiento Sumar y Verdes-Equo. La marca elegida por estos coaligados es la de “En Común”, con Juan Gascón como candidato a presidir la Junta de la comunidad. Regresa el amasijo de siglas, el “totum revolutum.
Alianza Verde, pareja de Podemos para las elecciones del 15-M se autodefine como ecologista y ecosocialista. Verdes-Equo, socios de Izquierda Unida forma parte del Partido Verde Europeo. Verdes, ecologistas y europeos, pero curiosamente siempre emparejados con la extrema izquierda.
Es llamativo que la ultraizquierda europea huya del término comunismo como de la bicha. Hace décadas que sufre un problema identitario. El italiano Enrico Berlinguer creó el movimiento “eurocomunismo”, que aceptó las reglas del juego de las democracias liberales para diferenciarse del modelo soviético. Su idea contó con la adhesión de Santiago Carrillo, líder del PCE español y del francés George Marchais. Ninguno adjuró de su ideario comunista.
La izquierda de la izquierda española se hizo transformista y evita alusión al comunismo. Prefiere los juegos florales y la “sopa de letras”. A ver si los ciudadanos Castilla y León pueden aclararse. Con tanto abecedario, será un logro decidir si votarán a la a o a la zeta.