La presidenta de la Comunidad de Madrid y del PP madrileño, Isabel Díaz Ayuso, participa en un acto en Valladolid

La presidenta de la Comunidad de Madrid y del PP madrileño, Isabel Díaz Ayuso, participa en un acto en Valladolid Leticia Pérez / ICAL

Opinión Puntadas con hilo

Ni Ayuso movilizó al PP en Valladolid

El “plato fuerte” de Ayuso se quedó en un aperitivo de patatas fritas y verdejo de Rueda. La mayor parte de los asistentes al acto se quedaron al tres menos cuarto y sin ver en su salsa la expresión corporal de la presidenta

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No hace falta ser don Gregorio Marañón para percibir que el PP de Castilla y León está escasamente movilizado ante la próxima contienda electoral autonómica. Si tiene los motores en plena marcha, al menos no lo aparenta.

Comienzan ya a publicarse encuestas y vaticinios sobre los resultados que pueden arrojar las urnas el próximo 15-M. Esta casa El Español de Castilla y León informaba ayer que el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, refuerza su liderazgo y consolida crecimiento en votos.

La sociométrica no es una ciencia exacta – las encuestas en alguna de las últimas citas electorales han marrado más que una escopeta de barraca de feria- y las percepciones tampoco forman parte de los aciertos fetén. En la sensación – y solo por pura aprehensión- el Partido Popular no palpita ilusión ante los próximos comicios.

Si para muestra vale un botón, analizaremos el acto público que el pasado domingo organizó el PP de Valladolid, con la asistencia de uno de los grandes “mirlos blancos” de los populares, la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso. Domingo uno de marzo, doce del mediodía, en pleno centro de la ciudad, plaza de Portugalete y junto a la Seo vallisoletana.

Cierto es que la hora de convocatoria del mitin no es precisamente cañón, cierto es que en domingo los ciudadanos no madrugan, cierto es que los actos públicos de los partidos han perdido el fuelle que tenían en los inicios del actual periodo democrático español.

Cierto es que la ciudadanía expresa su manifiesta desafección por la política partidaria, cierto es que la sociedad está extremadamente polarizada y cada cual o cada quien ya tiene decidido su voto y los mítines importan un comino. Estas sí que son certezas, amén de las que proclama el PP en su eslogan electoral.

En la vallisoletana plaza de Portugalete, junto a alcalde de Valladolid, el presidente del PP provincial y de la Diputación y la candidata que encabeza la lista electoral de los populares por la provincia, allí estaba Isabel Díaz Ayuso, gran “baronesa” y plato fuerte del Partido Popular allá donde comparezca.

En una estimación generosa, el número de asistentes no superaba las cuatrocientas personas – muchas de ellas cargos públicos de toda la panoplia de instituciones- , lo cual produce la apreciación – solo la impresión, huyamos de la aseveración categórica- de que los votantes del PP de Castilla y León no están demasiado motivados ante los comicios marceños. Tirar de Ayuso para reunir a solo cuatro centenares de asistentes es como quemar pólvora en salvas.

Quedan lejanos aquellos tiempos de la vieja Alianza Popular cuando Manuel Fraga, también en Valladolid, llenaba a reventar el Polideportivo Huerta del Rey. O cuando ya con el PP, José María Aznar cuajaba los tendidos de la plaza de toros de Paseo de Zorrilla. Cierto es, aquí certezas, que la asistencia a los mítines es fuego fatuo. Fraga perdía elecciones y Aznar las ganaba.

Puesto que al PP le ha dado por imitar a Abascal y organizar actos a pie de calle, la comparecencia de Valladolid fue manifiestamente mejorable. Ni siquiera Ayuso encandiló a los espectadores. En la lejanía del escenario – pobremente instalado- solo se escuchaba malamente la voz de los intervinientes. Desde que el mundo es mundo, es ya empírico e investigado que la comunicación no verbal es un apoyo enorme para la palabra.

Usemos la archiconocida regla 55-38-7. El psicólogo Albert Mehrabian, prestigioso experto en técnicas comunicativas, afirma que la comunicación no verbal representa el 93% del impacto total, el 55% lo aporta el lenguaje corporal y el 38% el tono de voz.

Las ‘palabras habladas’ tan solo pesan un 7%. Los equipos del “aparato” popular que organizan los actos públicos solo utilizan escofinas y no lija fina. La mayoría de asistentes al mitin hubo de conformarse con ese 7%, el bla, bla, bla.

El “plato fuerte” de Ayuso se quedó en un aperitivo de patatas fritas y verdejo de Rueda. La mayor parte de los asistentes al acto se quedaron al tres menos cuarto y sin ver en su salsa la expresión corporal de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Cierto es, aquí certezas, que no anduvo muy fina. Nada que ver con Ayuso en el parlamento regional de Madrid. Se limitó a contar cuatro obviedades, con un guiño demasiado ficticio e impostado a los agricultores de Castilla y León – enfadados contra el mundo- y terminó con la bromita cargante, viejuna y gastada de que a ella “le gusta la fruta”. Vano traslado de Ayuso a Valladolid. Para ese viaje no hacen falta alforjas.