Pegada de carteles de la Unión del Pueblo Leonés (UPL) en la medianoche de este jueves, al inicio de la campaña de las elecciones autonómicas del próximo 15 de marzo

Pegada de carteles de la Unión del Pueblo Leonés (UPL) en la medianoche de este jueves, al inicio de la campaña de las elecciones autonómicas del próximo 15 de marzo

Opinión Puntadas con hilo

El llanto del leonesismo

"El lloriqueo y la quejumbre es una estrategia de perdedores. Los buenos entrenadores solo inculcan a su banquillo una fe ciega en la victoria".

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Perdonen el uso de la primera persona al escribir, no suelo hacerlo. Soy consciente que analizar la política de León en general y el leonesismo en particular es meterse en una ciénaga. Como decía la canción ‘La mala reputación’ que versionó Paco Ibañez ‘Haga lo que haga es igual, todo lo consideran mal’ . Siempre que se bucea en el ‘asunto leones’, los partidarios de ese regionalismo piensan que quien osa hacerlo se dedica a pisar callos. No me atrae nada ir por la vida pegando patadas en la espinilla.

Soy de Valladolid, nacido y criado en plena Tierra de Campos –comarca natural compartida entre las provincias de León, Palencia, Valladolid y Zamora– y no creo que haya que pedir indulgente perdón porque un vallisoletano venga a opinar sobre el fenómeno del leonesismo político.

Por si acaso, declaro solemnemente que lejos de sentir animadversión alguna por León y sus gentes, tengo un aprecio sincero por los paisanos del viejo Reino hispánico. Los leonesistas ven demasiados fantasmas y con yerro creen que los castellanos miran a las gentes de León solamente para hechizar con mal de ojo.

En la convocatoria electoral del 15-M entra en liza la Unión del Pueblo Leonés, un partido con larga trayectoria de presencia en las Cortes de Castilla y León. Como su ámbito representativo se ha visto reducido únicamente a la provincia leonesa, el papel que ha jugado en el parlamento regional se ha centrado preferentemente en la defensa de lo que la UPL califica de ‘región leonesa’, desde una postura que no puede superar la condición de ‘partido bisagra’. El bisagrismo en los parlamentos de las democracias liberales europeas es muy común. A veces cooperan para formar gobiernos y actúan como tales bisagras , pero en otras ocasiones los desbaratan al ser cerrojos.

El relato sustentado por la Unión del Pueblo Leonés tiene mucho de llanto, de ‘llorar y llorar’ que con voz empastada cantaba María Dolores Pradera. El leonesismo tiene en lo más profundo de su ‘storytelling’, de su razón de ser, una historia de desamor como muchas de las rancheras de la América hispana.

El gobierno de Castilla y León, sea cual sea su filiación política, debe atender con esmero la sensibilidad de esa parte no desdeñable de la población de León que se siente malquerida por las instituciones autonómicas. Los más exagerados están en una posición similar al catalanismo y ese ‘Espanya ens roba’ lema central del independentismo -en especial de sectores de Esquerra Republicana de Cataluña - es traspuesto a ‘Valladolid nos roba’ por los más ultramontanos de la Unión del Pueblo Leonés.

Para el Partido Popular el ‘asunto leonés’ es como picadura de avispa. Su éxito o fracaso electoral en la provincia de León vendrá marcado por la mayor fuerza del PSOE en esa provincia - con tradición de un significativo peso de voto socialista - y de otra parte por el buen granero de papeletas que en las urnas atesora la UPL.

Fernández Mañueco ha situado como cabeza de la candidatura popular a María José Álvarez, seguramente una figura de paz en el PP leonés, eternamente dividido entre Capetos y Plantagenet. Suárez-Quiñones ha sido ofrecido en el altar sacrificial a los damnificados por los incendios forestales del pasado verano. No hace falta ser muy sagaz para deducir que el consejero de Fomento es una rémora –con razón o sin ella, el pueblo ha cargado en sus espaldas el mochuelo de su responsabilidad por omisión en las fogatas– y en la provincia de León, Suárez-Quiñones es más ‘fumata nera’ que ‘fumata bianca’. Por tanto, no debe ser el sumo pontífice del PP leonés.

La Unión del Pueblo Leonés nunca llevará al viejo Reino a las mieles del éxito. El lloriqueo y la quejumbre es una estrategia de perdedores. Los buenos entrenadores solo inculcan a su banquillo una fe ciega en la victoria. La UPL no es una opción de gobierno en Castilla y León, sino un partido eternamente bisagra. Deberían leer la máxima de Ortega y Gasset: ‘El esfuerzo inútil conduce a la melancolía’. O sea, a lagrimear eternamente.