Opinión

Las S.S. o socialistas salidos

15 agosto, 2021 14:59
Hasta ahora yo pensaba que las relaciones sexuales formaban parte de la intimidad de las personas, que tiene su desarrollo en la esfera de lo personalísimo y que había de ser efectuada en la discreción, que no era preciso hacer pública. No hace tanto eran cuestiones consideradas de la vida íntima resultando una falta de caballerosidad el alardeo o la publicidad de esa relación.

De hecho, por más que calor haga, cubrimos nuestros cuerpos y tapamos nuestros sexos para relacionarnos con el resto de personas que nos rodean y mantenemos actitudes pudorosas que presuponen la intimidad de nuestro sexo y, más aún, de su práctica.

No se trata de hacer del sexo un tabú o un tema oculto o sinuoso, sino de tratar el sexo dentro de la normalidad, de forma que, igual que deponemos en la intimidad y lo consideramos un acto privado, que no se oculta, no es un tema prohibido, pero sí algo discreto y propio, que se estudia en el aparato digestivo y excretor, no es un aspecto de alarde o difusión pública.

De este modo, el sexo será estudiado en las aulas, se tratará con normalidad, se conocerá de forma pacífica y no deberá de suponer jactancia o ventoseo alguno.

Claro que todos practicamos sexo, nos complace el sexo, disfrutamos de ello y gustamos del mismo; pero, la normalidad supondrá que ello quede en la intimidad, sin que al resto de ciudadanos nos deba de importar o debamos de tener conocimiento de si tu vecino lo hace con su esposa o esposo, con otra persona de su mismo sexo o si lo hace en soledad o tiene cualquier otra práctica sexual que deberá de quedar en su esfera de confianza.

Nuestros hijos, deben de recibir educación sexual en el centro educativo, debe de ser un tema tratado en la familia con normalidad y debe de cursar dentro del más absoluto respeto y naturalidad, de forma que, cuando un modelo educativo imprime al sexo una anormal o excesiva prevalencia, lo hace aparecer como un problema, un aspecto diferente al resto y le otorga una importancia de la que carece, perjudicando el normal desarrollo sexual de los menores; de igual forma que, cuando la sexualidad se oculta, se convierte en un tabú o se reduce su importancia, se daña ese normal desarrollo integral de la persona.

Cuando alguien pretende exacerbar o despreciar un aspecto de la vida del ser humano, cual es el sexual, lo que hace es limitar el desarrollo de la persona y de su personalidad, de manera que si dicha actuación se realiza consciente y deliberadamente, lo que se busca es conformar perfiles humanos dañados en ese aspecto íntimo que conforma la personalidad del individuo.

En otros momentos de la historia se eliminó el sexo de la educación y el acercamiento al mismo era oscuro y malicioso, capando el desarrollo normal de la personalidad, permitiendo un tipo de individuo manipulable y dañado.

Hoy, estos socialistas, o están más salidos que el fusil de un vietnamita, por una defectuosa educación sexual, o lo que realmente buscan es generar un tipo de individuo con perfiles dañados que les permitan su manipulación y dirigismo, en un actuar tan ladino y malicioso como en otras épocas, y por el otro lado se aplicaron a diferentes generaciones que sufrieron esa ablación de su sexualidad.

La obsesión de la izquierda por la promiscuidad sexual, por la publicidad de las relaciones íntimas, por la promoción pública de unas u otras relaciones sexuales, la hipervaloración del sexo y del sexo entre personas de igual sexo, no se podría entender sin esa faceta educativa que pretende la gestación de generaciones dirigidas sexualmente y con la provocación de la guerra de sexos sustitutiva de la caduca y periclitada guerra de clases que ha mostrado su fracaso social, que se pretende reeditar con el fracaso sexual de millones de personas teledirigidas mediante una educación sexual manipulada.

Que la izquierda asienta sus axiomas como indiscutibles es algo habitual, de forma que no se pueden discutir aquellos planteamientos teledirigidos por ellos. El problema es que la derecha cobarde y acomplejada acepta los mismos como principios naturales no modificables, solidificando los mismos en un daño de futuro irreparable.

Ya está bien, dejad la educación sexual de los niños en paz, ocuparos de la educación, de la formación, del desarrollo intelectual de los individuos que conformarán nuestro futuro y procurad una ley educativa con el máximo consenso político posible, la máxima durabilidad y carente de intentos manipulativos o dirigistas, para propugnar la máxima culturización posible de un pueblo que con esa cultura pueda ser crítico y evaluativo en libertad. Quizás eso es lo que no le interesa a una izquierda corrupta, maliciosa, antidemocrática y claramente liberticida.

La cultura, la formación intelectual, es libertad; la manipulación y la docta castración, generan momos sometidos.