Opinión

Vuela alto amigo ElXiko

1 diciembre, 2020 18:13

Que se marche de una vez este 2020. Año capicúa maldito. Hemos merendado con la triste noticia del fallecimiento de Francisco Pinhel, al que los amigos -se cuentan por miles- conocíamos como ElXiko, que ha emprendido el vuelo alto, de no volver ni mirar atrás. Su alma bondadosa ya surca el camino de la eternidad.

Con el alma rota por la muerte de un amigo, queda en el recuerdo -que durará lo que duremos los demás- la bondad, la amistad, el trabajo, la responsabilidad, la acogida... la alegría que insuflaba siempre a todo su equipo de la Câmara Municipal de Pinhel -donde era querido y respetado-. Pero también a quienes hacíamos presencia en ese entrañable municipio en los múltiples eventos que se celebran -y todos con la seña de identidad de Francisco-.

Ahora, cuando regresemos a Pinhel no tendremos con quién compartir ese vino blanco Siria fresquito. Ni tampoco reirnos por messenger de Facebook en la distancia, ni hablar de toros, tus queridas 'touradas', ni tampoco de rumbitas, ni flamenco al son de la guitarra y las palmas con ese gintonic fresco en las noches calurosas de Pinhel, en la Feria de Salamanca o en Valladolid. 

En el recuerdo, porque ElXiko ya es recuerdo entre los recuerdos, un día como hoy, a las puertas de un puente en Castilla y León y Salamanca y España -que tanto admirabas- me hubiera gustado, amigo Francisco, glosar una elegía a ese amigo que se fue, el rayo del sol hacia la tarde. Decían los antiguos que por qué preocuparnos por la muerte, si cuando ella es, nosotros no somos y cuando nosotros somos, ella no es. Quienes hemos sufrido la pérdida de algún ser querido, en mayor o menor intensidad hemos sido conscientes de que algo se va para siempre, pero también de que algo queda entre nosotros. Aunque solo sea el recuerdo de un pequeño instante, de un ínfimo momento irrepetible que, por serlo, se hace más vital en las minúsculas existencias. Decía que quienes hemos vivido esa angustia de la muerte cercana, nos hemos tenido que armar de valor para seguir adelante, para saborear la importancia de la vida, para, en fin, mirar de frente circunstancias adversas y volverlas del revés.

La marcha definitiva de un ser querido no debe servir más que para reafirmarnos como personas -como a ti, amigo Francisco, te hubiera gustado- para dar mayor consistencia a los pequeños momentos que son, en definitiva, los que empujan hacia adelante y nos hacer ver con ojos distintos esos instantes irrepetibles que, como piezas de un desencajado puzzle, forman la vereda por la que transcurre toda nuestra existencia. Por eso, amigo, que tu muerte se convierta en un canto a la vida. Porque tu eras música y vida. Descansa en paz, amigo Francisco.