Imagen del agricultor y ganadero salmantino José Antonio Sánchez.

Imagen del agricultor y ganadero salmantino José Antonio Sánchez. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El campo

José Antonio (43), ganadero y agricultor en un pueblo: “Estimo unas pérdidas de entre 300 y 500 € por hectárea de cereal”

El salmantino cuenta con una explotación en La Mata de Ledesma.

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“El deseo que persigo pasa por contar con una mayor estabilidad en mi negocio. En el campo no puedes estar con sobresaltos cada poco tiempo. Todo necesita su ciclo y que nos dejen vivir de él. También desearía más respeto y sentido común a todos los que vivimos por y para el campo”, asegura José Antonio Sánchez Sánchez, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Él es un agricultor y ganadero salmantino, de 43 años, que cuenta con una explotación en la localidad de La Mata de Ledesma. Un hombre que defiende el campo español como el que más pero que advierte de la “difícil situación por la que atraviesa”.

“Es un desastre. Estimo unas pérdidas de entre 300 y 500 euros por hectárea de cereal este año”, asegura nuestro entrevistado con el que repasamos su vida, el incremento de costes en las explotaciones y muchos aspectos más relacionados con el campo.

Su vida

“Soy un agricultor y ganadero que me defino como una persona sencilla pero inquieta por mejorar e innovar mi explotación en la medida de las posibilidades que nos permite cada situación o cada año”, asegura José Antonio Sánchez Sánchez en declaraciones a este periódico.

Nuestro entrevistado tiene 43 años. Nació en Salamanca, aunque ha pasado gran parte de su vida en La Mata de Ledesma, el pueblo natal de su padre. Estudió Ingeniería Técnica Agrícola y afirma que “desde que tiene uso de razón, ayudaba a sus padres y tíos con la explotación. Él cogió las riendas hace 17 años.

Es un amante de disfrutar con su familia, sobre todo con su mujer y con sus hijos, del tiempo libre. También con sus amigos y busca inculcar a sus pequeños el arraigo al pueblo “en la medida de lo posible”.

“Siempre viví en La Mata de Ledesma hasta que nacieron mis hijos. Ahí me trasladé a Salamanca. Fue una decisión muy estudiada y dura de tomar. Cuando en los pueblos tan pequeños te quedas sin servicios debido a la despoblación, hay que hacer las maletas”, señala con tristeza el profesional del campo.

Siempre quiso dedicarse al sector. Conducir sus propios tractores y demás. Todo, con su padre al lado.

“Fue una infancia feliz en un pueblo pequeño. Una infancia libre diría yo. Sin horario, salvo el del colegio, y sin limitaciones. Siempre fui un apasionado de la maquinaria y los animales. Estudié Ingeniería Técnica Agrícola en la Universidad de Salamanca”, añade.

Otra imagen de José Antonio trabajando.

Otra imagen de José Antonio trabajando. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El campo

Como nuestro entrevistado no duda en indicarnos, desde que nació lleva el campo en la sangre. “Desde que me pude mover recuerdo que mi padre me llevaba en el tractor”, añade José Antonio.

“Tengo mi propia explotación, aunque comparto con mi hermano ayuda y esfuerzo debido a que él también tiene la suya. La mía nace en 2009 debido a la jubilación de dos tíos míos de los que recibo sus tierras. Está ubicada en La Mata de Ledesma, aunque tengo parcelas arrendadas en pueblos de alrededor”, explica nuestro protagonista.

Desde 2009 al frente de una explotación en la que cuenta con 100 hectáreas dedicadas a la agricultura en las que labra y siembra y otras 250 de pastos permanentes con una dehesa para vacas en extensivo.

“Centrándonos en la parte de la agricultura, planto cereal, forraje y alguna proteaginosa. Va a ser un año nefasto en lo que al cereal se refiere porque no se van a cubrir los costes de producción. Los rendimientos son muy bajos y los precios, los mismos que cuando era pequeño. Es un desastre. Estimo unas pérdidas de entre 300 y 500 euros por hectárea de cereal este año”, apunta nuestro protagonista.

José Antonio no duda en asegurar que, a día de hoy, la actividad centrada en la agricultura “no es rentable”. Intentan “reducir gastos sin tocar la producción” pero señala que “es una pena que ni una cosa ni la otra dependa de nosotros y nos estén hundiendo”.

En la parte ganadera, cuenta con un total de 200 vacas. Intenta ofrecerles sus propios alimentos, a través de sus cultivos con el fin de “reducir un poco la cadena de gastos”.

Los gastos y el encarecimiento de los precios

Los gastos, cada mes, son muy diferentes. No hay una estimación fija. Hay meses que afrontas muchos debido a las campañas de siembra o por la alimentación del ganado y otros que tienes menos. Hay algunos que son fijos como los que tienen que ver con la Seguridad Social o los impuestos, pero el resto fluctúan”, indica.

Apunta que los “mayores problemas” con los que tiene que lidiar en el día a día son “las tomas de decisiones para que la explotación funcione correctamente” y “no caer en ningún error”.

“Con el tema de las enfermedades del ganado no hay solución. La única pasa porque el ganadero revise, cuide y trate a sus animales como si fueran sus hijos. Todo bajo un soporte veterinario y la propia experiencia y conocimiento. En mi caso, también cuento con un programa sanitario privado además del que nos imponen por la tuberculosis o las enfermedades emergentes como la EHE y la dermatosis”, indica.

Tras conversar con el profesional del campo sobre las enfermedades, toca hablar del encarecimiento de los precios.

Están desorbitados. Los insumos, debido a las decisiones geopolíticas y de las grandes multinacionales, están acabando con el sector porque son abusivos y desproporcionados. Si nuestros precios subieran en la misma proporción para poder mantenernos y ganar lo mismo que ellos, el precio de los alimentos sería prohibitivo e inalcanzable para buena parte de la sociedad”, apunta.

Vivir del negocio y el futuro

El profesional del campo añade que “hasta ahora ha podido vivir de su negocio con dificultad y esfuerzo” pero añade que “si la situación se mantiene llegaría a plantearse muchas cosas”.

“A corto plazo no tengo riesgo de cierre, pero, debido a que nuestra rentabilidad no solo depende de nuestro trabajo, dedicación y horas no lo descarto. No cuento con ningún trabajador más”, apunta.

Nuestro entrevistado ve “el futuro muy negro” y piensa que “se debería fomentar más nuestro producto nacional y valorar lo que tenemos y la calidad que en España se produce frente a otros países”.

“Si no es así, es necesario que todos los productos que entran en España cumplan con los estándares de calidad y producción que nos exigen a nosotros. En estos momentos se podría decir que el campo está en la ruina, pero el mayor problema no es este sino la pérdida de la soberanía alimentaria del país, bajo mi punto de vista”, indica nuestro entrevistado.

El objetivo que se marca José Antonio es “simple” como él mismo indica y pasa por “seguir manteniendo a la familia de lo que siempre ha sido su vocación, que es la agricultura y la ganadería”.

“Una vez conseguido eso, como todo el mundo desea para su empresa, intentamos crecer y que nos dejen disfrutar de esos resultados”, finaliza.