De izquierda a derecha: Alfonso Criado Catalina y Julio César Criado Catalina, fundadores de Crica, junto a Marina y Virginia, trabajadoras.

De izquierda a derecha: Alfonso Criado Catalina y Julio César Criado Catalina, fundadores de Crica, junto a Marina y Virginia, trabajadoras. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El campo

Una empresa familiar ganadera en un pueblo de Valladolid: “Vivimos de 20 vacas y 80 hectáreas de terreno cultivado”

Los hermanos Criado se esfuerzan, cada día, por sacar la explotación adelante y continuar con el negocio que se ubica en la provincia vallisoletana.

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Los hermanos Criado llevan la producción lechera en la sangre. Fue allá por 1966 cuando sus padres, Águeda y Alfonso, compraron una vaca cada uno a sus padres y consiguieron desarrollar su ganado, construir un establo para hacerle hueco, y enseñar a sus hijos el oficio.

En 1996, coincidiendo con que Alfonso, el pequeño de los dos hermanos, acababa sus estudios de capacitación agraria, y que a su padre le operaron de la espalda tomaron las riendas de la granja para acabar fundando, en el año 2003, la Sociedad Cooperativa Crica. La ganadería se encuentra en la provincia de Valladolid. Concretamente en Megeces.

Contamos con unas 20 vacas y producimos en ecológico. Gracias a una ayuda de industrias agrarias, en el año 2008, construimos nuestra pequeña quesería donde, poco a poco, hemos logrado tener un catálogo de productos frescos hechos por nosotros de forma totalmente artesana”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Alfonso Criado Catalina.

Con el fundador, junto a su hermano Julio César, de Crica, charlamos para conocer una historia que está marcada por el amor a la ganadería.

Los comienzos

Mis padres Alfonso y Águeda comenzaron con unas pocas vacas cuando tenían pocos años. Son de Megeces, se casaron y ahí empezó todo. La explotación ganadera siempre ha estado en el mismo sitio”, nos explica el ganadero, de 49 años y uno de los socios de la ganadería familiar.

Nada más terminar la Formación Profesional, a los 19 años, se dio de alta en el régimen especial agrario para echar una mano a sus padres, junto a su hermano Julio César. Alfonso es un enamorado del mundo ganadero.

“Por suerte o por desgracia mi entretenimiento es el trabajo. Son muchas horas de esfuerzo, cada día. Soy ganadero al cien por cien. Los fundadores de Crica, allá por el año 2003, somos mi hermano y yo. Después de que se jubilaran cogimos nosotros las riendas”, señala.

Desde el 2003 hasta el 2026, muchas cosas han cambiado, para bien, en el lugar.

La historia de la ganadería familiar

“Mirando al pasado, recuerdo que pasamos una temporada de mucho trabajo y poco beneficio, intentando crecer a través de un plan de regadío con patatas, zanahorias y ajos. Nos alejábamos de lo que queríamos así que paramos a pensar e hicimos caso a lo que nos dijo nuestro padre el día que finalmente nos dejó la granja: las tierras alimentan el ganado”, señala nuestro protagonista.

Después de algunos tropiezos y aprendizajes, consiguieron el equilibrio entre el ganado y la tierra que lo iba a alimentar. Cambiaron a una raza de vacas que se adaptaba mejor al entorno, redujeron el número de cabezas y comenzaron la reconversión hacia la agroecología.

“Nuestra explotación ganadera se ubica en Megeces, en el Paraje La Patilla. Contamos con un total de 50 animales. Tenemos 20 vacas de ordeño, también novillas de recría y terneros para engorde y venta de carne”, explica nuestro entrevistado.

Imagen de las vacas de la Sociedad Cooperativa Crica.

Imagen de las vacas de la Sociedad Cooperativa Crica. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Todo en una granja que cuenta con un total de cinco naves y de 2.000 metros cuadrados.

Agroecología y productos

Nosotros apostamos por la agroecología. Consiste en producir alimentos que no contienen sustancias químicas que resultan perjudiciales para nuestra salud y para el medio ambiente”, apunta el ganadero.

Alfonso afirma que ellos “transforman la leche en yogur o en queso” y que “también se encargan de embotellarla”. Todo el proceso se lleva a cabo en Crica.

“Gracias a una ayuda de industrias agrarias, en el año 2008, construimos nuestra pequeña quesería donde, poco a poco, hemos conseguido tener un catálogo de productos frescos y hechos por nosotros de forma totalmente artesana. Vendemos desde leche a yogures, queso y carne de vaca”, nos explica.

Añade que se encargan de “gestionar su distribución directa al cliente final en Madrid y Valladolid” y que, además, “sus elaboraciones se pueden encontrar en algunas tiendas”. Sus productos se dirigen a consumidores finales.

Productos, los que venden, que apuestan por la calidad.

Vocación y la quesería

“Mi hermano, Julio César, y yo creamos Crica. Él, hace diez años, decidió tomar otro camino. Con la entrada en funcionamiento de la quesería, Raquel, mi hermana, comenzó como trabajadora hasta que el año pasado se integró como socia. Por lo tanto, en la actualidad, Raquel y yo somos socios y mi hermano, Julio César, también, pero no como trabajador”, explica Alfonso Criado Catalina.

Además de la familia, en el lugar trabajan otras tres mujeres en la fábrica. Llevan a cabo trabajos de elaboración y otras tareas en la granja. Además de la gestión y contabilidad, tareas “muy importantes para garantizar que tras el duro trabajo se consiga el beneficio económico”.

Para Alfonso, la ganadería familiar es “su vida”. Su labor es “vocacional” y está “contento y feliz”.

Raquel Criado Catalina, hermana y socia trabajadora de Crica, de frente, junto a María Jesús, una trabajadora, de lado.

Raquel Criado Catalina, hermana y socia trabajadora de Crica, de frente, junto a María Jesús, una trabajadora, de lado. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

“Hablando de los gastos, intentamos que sean los menos posibles. Depende del año y de la climatología. Nosotros producimos alimentos para el ganado y, con ello, leche y otros productos”, explica.

La joya de la corona del negocio es la quesería. Funciona “bien” desde el principio. Se produce la leche, se transforma, y se vende a los clientes que disfrutan de un producto que es cien por cien artesanal y “libre de sustancias químicas y dañinas para nuestro organismo”.

20 vacas y 80 hectáreas

Vivimos de 20 vacas y 80 hectáreas de terreno cultivado. Estoy muy contento de cómo funcionamos. Confiamos en autoabastecernos, pero si no nos deja la meteorología, lo compramos”, añade el ganadero.

Alfonso ve el futuro de forma optimista en los años que le quedan por trabajar, tanto a él como a sus hermanos, aunque señala que “después el negocio posiblemente podría cerrar”. Para pensar en eso queda mucho aún.

Cuentan con proyectos en mente que buscan que las personas que no conocen la granja ni sus productos lo puedan hacer con diferentes visitas guiadas.

“Por un lado, el deseo que me gustaría que se cumpliera, mirando al futuro, pasaría por conseguir que haya más gente con ganas de apostar por la producción del campo en la ganadería”, explica el ganadero.

También, finaliza, que “se valore la producción respetuosa con el medio ambiente y que las personas que nos dedicamos a esto seamos capaces de sentirnos dignos por el trabajo desempeñado”.