Sánchez, Iglesias, Rivera y Sáenz de Santamaría en 'El debate decisivo' (Atresmedia)

Sánchez, Iglesias, Rivera y Sáenz de Santamaría en 'El debate decisivo' (Atresmedia)

Televisión

7D, el debate decisivo: carnicería encorsetada

8 diciembre, 2015 12:58

Todo empezó como una final de Gran Hermano. No se sabe si desde Guadalix de la Sierra o desde Parla, pero los líderes políticos fueron llegando uno a uno al plató de Atresmedia. ¿Dónde están los números de teléfono? ¿Aquí no se vota? ¿No hay nominados? Lo parecía. Atresmedia arrancó con un programa con cierto tono irónico sobre la situación del país: el 20D se ha convertido en un show (televisivo) con cuatro titiriteros a los que hay que colocar en La Moncloa. Voten.

Tras el tono irónico de los minutos previos, llegó la seriedad. Atresmedia sabía que se la jugaba con este programa de televisión. Y es que aquí no había trampillas, imitaciones o retos culinarios a los que está más acostumbrada una cadena de televisión. Aquí sólo había historia. Historia de la televisión e Historia de España. Y han cumplido con las expectativas con creces.

Cometieron el error de darle demasiado tiempo a la fase previa al programa. Demasiadas entrevistas a los compañeros de partido que acompañaros a sus representantes en plató. Demasiado making of. Muchas imágenes que quitaron la magia a los primeros segundos del verdadero debate. Vimos los primeros saludos, los primeros posados y las primeras miradas. Unos momentos que deberían haber formado parte del debate para medir cada instante de comunicación no verbal sin interferencias. 

Antena 3 y laSexta abrían con un espectacular plató que daba mucho juego en los planos y mucho valor a los contenidos. Ana Pastor y Vicente Vallés saludaron uno a uno a los líderes representantes de los partidos y no al revés. Estamos acostumbrados a un moderador que recibe a los políticos. Acostumbrados a un primer apretón de manos. La política ha cambiado y la televisión también. 

Atresmedia ha sabido mirar muy bien donde tenía que mirar. El show se ha fijado en debates británicos y americanos donde la política se ha convertido desde hace años en puro espectáculo. En España somos unos novatos y todavía recibimos bolitas de papel en la nuca. Un sistema de preguntas-respuesta que dejó en más de una ocasión a los representantes sin contestar y no permitió el debate que daba título al programa en muchas ocasiones.

El programa fue tomando calorcito según pasaban los minutos. A cada respuesta, los políticos estaban más cómodos bajo la luz de los focos. Al menos tres de ellos: un Albert Rivera inquieto y nervioso que pensó de forma fallida que eso de sacar cartelitos iba a ser bueno para las redes sociales. Un Pablo Iglesias que disfrutaba cual personaje de Juego de tronos con una media sonrisa en la cara. Una Soraya Sáenz de Santamaría que lanzaba flechas con puntería. Un Pedro Sánchez que miraba por encima del hombro sólo preocupado por su discurso y por unas encuestas que le colocan en caída libre.

Mientras, una Pastor con garra y un Vallés más calmado tuvieron que sacar el genio en más de una ocasión para controlar a las fieras y ponerles el bozal. Simples moderadores que no actuaron como algo más. Imprescindible para este formato.

Si bien el plató impresionó al principio, se fue quedando demasiado estático según pasaban los minutos. Un buen travelling hubiese sido efectivo en algunos momentos de encorsetamiento. Un formato que aunque planteaba espectáculo en un principio se fue quedando a medio gas. Sólo la sala del tiempo rompió con la monotonía del programa y se convertía en uno de los grandes aciertos del mismo. En esta sala se iba midiendo el tiempo que había usado cada representante en sus turnos de palabras. No, todavía no habían aparecido los números de teléfono a los que había que llamar cuando ya se esperaban los porcentajes ciegos.

El debate de Atresmedia se ha quitado de encima el polvo acumulado que la Academia de la Televisión venía acumulando con sus anteriores cara a cara. Ha roto con el estrangulismo nada televisivo al que estábamos acostumbrados los espectadores y mal acostumbraron a los políticos. Se han quitado el chaleco anti balas de encima pero les ha quedado un corsé bien atado que no les ha permitido ofrecer un mejor espectáculo político para quedarse en un continuado de propuestas políticas.

Cerrado el chiringuito, ya muchos se estaban preguntando quién había ganado el cheque. ¿Tampoco hay cheque? Al menos hay una casa en Madrid. Quizá debería haber hablado de La casa de tu vida y no de Gran Hermano. Pero lo del ganador ya es cosa de otros. De otros medios. O de Twitter, si acaso. Habrá múltiples opiniones, a cada cual más graciosa. Lo que está claro es que este debate sólo hace ganar a los ciudadanos. O no.