Mi querido país... España, provinciana y reutilizada

La España de hoy parece ser, para algunos, una mesa de billar partidista. Troceada en grupos autonómicos, yo diría en Gobiernos de taifas medievales; dividida por lenguas y dialectos bien pagados y sobre todo bien cobrados; fiscalizada con cientos de leyes diferenciadas según kilómetro cuadrado de suelo español; educada con criterios políticos subjetivos, además del anacronismo provinciano; politizada con un ratio de enfrentamiento elevado que genera crispación más que convivencia enriquecedora.

La preocupación de los partidos políticos por la recolocación de los suyos y la obsesión de los recolocados por satisfacer a su caudillo político, trae consigo una bajada del listo profesional exigible a cualquier gobernante, ya sea municipal o nacional. Lo decía Don Joaquín Leguina: los partidos políticos se deben, en muchos casos, a los afiliados que han trabajado para el partido desde muy temprana juventud, llevando a cabo las tareas menos rentables.

La moralidad política es, quizás, la virtud más escasa en todo el engranaje social. En política se utiliza la “pértiga" demasiadas veces para ascender económicamente, que no profesionalmente; el sistema “pértiga” siempre es más rápido y más rentable que subir las “escaleras peldaño a peldaño”. Esto asombra a todo ciudadano al ver que para ellos no hay “pértigas” sino sufridoras escaleras, y a veces ni eso.

Hoy, como siempre, observamos que los partidos, llegados al poder, funcionan con criterios personalistas, no respetando los “sentimientos, creencias y costumbres mayoritarias” y, lo que es más grave, por ideologías trasnochadas, queriendo eliminar actividades privadas sin poder ellos, gobernantes, asumirlas con todo los costes de infraestructuras. Todo ello sirve para dividir, más que para aglutinar socialmente. Esa política es la que conocemos como generadora de bloques: los buenos y los malos o los nuestros y los contrarios.

Invertir en España o generar una sociedad que desarrolle el I+D con decisión es el futuro que todos prometen pero que, de momento, no lo facilitan por eso que hemos dicho antes: La España troceada, dividida, fiscalizada, educada y politizada a gusto del consumidor autonómico.

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