Luis y Marisol gestionan el restaurante 'El Cocinero' de Utebo.

Luis y Marisol gestionan el restaurante 'El Cocinero' de Utebo. E.E

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Luis y Marisol, dueños de este restaurante de Utebo con más de 30 años de historia: "Es comida casera"

El restaurante cuenta con una clientela "muy fiel" que disfruta de la cocina casera de Marisol en un menú del día por 14 euros.

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Encontrar un restaurante con comida casera de toda la vida es cada vez más complicado. Kebabs, tacos franceses y comida asiática se van haciendo poco a poco con la restauración zaragozana.

No obstante, en Utebo aún quedan un par de sitios en los que disfrutar de un buen chuletón o una buena cazuela, y uno de ellos es El Cocinero.

Luis y Marisol llevan detrás de la barra más de 30 años y con su sencillez y esfuerzo han conseguido hacerse un hueco en el corazón de los uteberos.

La historia comenzó cuando se hicieron cargo del local tras un traspaso."Cuando acabe este año, llevaremos 32 años aquí", cuenta Luis con orgullo, recordando una trayectoria que en realidad supera las cuatro décadas en el sector hostelero.

Luis ya conocía bien el oficio antes de llegar a Utebo. Durante años trabajó en el mundo de la noche, en bares y locales de ocio en el Royo.

Restaurante El Cocinero, Utebo.

Restaurante El Cocinero, Utebo. E.E

El cambio al restaurante supuso también cambiar el ritmo de vida. "Pasé de enganchar a las seis de la tarde a enganchar a las seis de la mañana", explica entre risas.

A lo largo de los años, el restaurante ha vivido momentos complicados. La crisis de la construcción, por ejemplo, afectó directamente a su clientela habitual. "Dependemos mucho entre semana de las obras, y cuando llegó la crisis del ladrillo se notó muchísimo la bajada", recuerda Luis.

A ello se sumó la pandemia, que obligó a cerrar durante meses. "Con el COVID estuvimos cinco meses cerrados; también se notó mucho", añade. Aun así, el restaurante ha resistido gracias a una base de clientes fieles que siguen regresando, y hacen que el restaurante "sea como una familia que se apoya siempre".

En el día a día, el negocio funciona como una auténtica empresa familiar. En total son seis personas trabajando, aunque normalmente, por festivos y demás son cuatro los que están al frente del servicio diario.

Marisol domina la cocina, mientras Luis se ocupa de la sala y la gestión. Su hijo David también forma parte del equipo, ayudando tanto en el restaurante como en las tareas más modernas, como las redes o la comunicación.

La clave del éxito, según Marisol, está en la cocina sencilla y auténtica. "Comida de abuela, que digo yo. La comida de la que daban en casa", explica.

El restaurante ofrece un menú del día con varios primeros y segundos a elegir, platos tradicionales como verduras, legumbres, pasta, carne o pescado. "Es comida muy de casa: su verdura, su pasta, su legumbre, horno o plancha… muy variado", detalla.

Además el precio es muy atractivo, entre semana se puede comer por 14 euros, y los fines de semana el menú sube un poco a los 16 euros.

Esa oferta atrae a públicos muy diferentes. Entre semana predominan los trabajadores de obras, viajeros o gente de paso que busca un buen plato caliente.

Los fines de semana, en cambio, el ambiente cambia y llegan familias y grupos que reservan para comer juntos.

Con los años, también han tenido que adaptar horarios y ritmo de trabajo. Hoy abren temprano y cierran pronto, a media tarde. "Hemos acortado horario porque nos vamos haciendo mayores y son muchas horas", reconoce Marisol.

Aun así, el trabajo sigue siendo intenso, especialmente con el auge de la comida para llevar: "Lo del tupper es una pasada; hay días que vamos locas en cocina".

En un momento en el que proliferan las franquicias y los nuevos formatos de restauración, Luis y Marisol defienden el valor de los restaurantes de siempre. "Ya quedamos pocos de los de antes", dice Marisol con cierta nostalgia.

Quizá por eso, cada día, en las mesas de El Cocinero se repite la misma escena: platos sencillos, conversación cercana y clientes que vuelven una y otra vez. Porque, en el fondo, más que un restaurante, es un lugar donde se sigue cocinando una parte de la vida de Utebo.