Gema Tomás.

Gema Tomás.

Opinión

Dinero público para la educación pública

Gema Tomás, presidenta de CSIF Educación Aragón
Zaragoza
Publicada
Actualizada

Mientras el Gobierno de Aragón anuncia a bombo y platillo el concierto del Bachillerato y de la etapa de 0 a 3 años, con un coste de más de 20 millones de euros solo el próximo año, el deterioro de la red pública aumenta cada día.

Asistimos perplejos y muy enfadados a la intención del Gobierno autonómico de favorecer la privatización de la educación. Mientras, nuestros centros públicos acumulan una lista interminable de carencias y tareas pendientes.

Una muestra: infraestructuras deficientes, con edificios antiguos, sin climatización adecuada, aulas en las que se pasa mucho frío y mucho calor, según la época del año, conexiones a internet deficientes, patios sin sombras, centros masificados, otros pendientes de construcción, falta de personal docente y no docente, falta de profesores, falta de de auxiliares y de administrativos, recursos escasos para atender la diversidad, bancos de libros con dotación insuficiente…

La educación pública, la de todos, la que garantiza la igualdad de oportunidades, una sociedad más justa e inclusiva, se está deteriorando a marchas forzadas. La eterna respuesta de la Administración es: "no hay dinero". Ahora nos encontramos con la realidad: sí hay dinero, pero es para ampliar los conciertos con la escuela privada y para subvencionar las escuelas infantiles privadas.

Frente a esta realidad tan preocupante, salimos a la calle y gritamos bien fuerte: "¡Dinero público para la educación pública!". Llevamos varios miércoles concentrándonos a las puertas de colegios e institutos. Y ayer por la tarde nos manifestamos en Zaragoza de la mano de otras entidades y familias defensoras de la escuela pública. No nos quedaremos aquí, continuaremos con más movilizaciones.

Nos estamos jugando el futuro de la educación pública en Aragón.

Desde CSIF llevamos mucho tiempo denunciando las carencias de la enseñanza pública y reclamando más medios para mejorar la calidad de la educación pública. En los últimos meses, estamos asistiendo a una escalada de declaraciones y gestos por parte del Gobierno de Aragón en apoyo a la escuela concertada.

Ya lo avisaron en su programa electoral y quieren cumplir su palabra. Para llevar a cabo estas medidas, nos dicen, es necesario que Aragón cuente con nuevos presupuestos para 2026. Mientras los partidos políticos negocian, esperamos que nos escuchen. Nosotros queremos que haya presupuestos, pero para invertir en las mejoras pendientes de la escuela pública.

Recordamos que en Aragón hay más de 2.000 plazas de Bachillerato sin ocupar en los centros públicos. La concertación del Bachillerato es totalmente innecesaria y un malgasto del dinero público. Favorecer la red concertada privada frente a la escuela pública es perpetuar y aumentar las desigualdades sociales.

Esta política repercutirá en un trasvase de alumnado hacia centros privados, reduciendo el número de alumnado en centros públicos y provocando pérdida de plazas de profesorado. Ganarán unos pocos y perderemos la mayoría.

Nosotros queremos que se priorice la inversión en la escuela pública, atendiendo a sus necesidades reales y mejorando la calidad educativa. ¿Qué se puede hacer con 20 millones de euros en un año? Muchas cosas.

Hay que cubrir de manera urgente todas las carencias de personal docente y no docente. Hay que mejorar y ampliar el Plan de Infraestructuras de centros educativos. Para atender a los más pequeños y favorecer la conciliación, proponemos aumentar las aulas de 2 años en centros públicos y crear nuevas escuelas infantiles de 0 a 3 años en el medio urbano y rural. Hay que apostar por la gratuidad para esta etapa no obligatoria de Infantil.

También proponemos medidas para mejorar la calidad educativa, como el descenso de ratios y el aumento de profesorado de apoyo. Aragón pierde unos 900 alumnos de Infantil y Primaria cada curso desde hace una década. Y el descenso demográfico también se empieza a notar ya en la etapa de Secundaria. Esta realidad es una oportunidad para reducir las ratios (el número de niños por aula) y poder ofrecer así una educación más personalizada.